¿Quién es el novio de Azul?

1087 Words
AZUL —¿Sabes que estás insoportable hoy, verdad? —le dije mientras me quitaba las gafas de lectura y lo fulminaba con la mirada. Patrick Harrison, mejor conocido como Pato, sonrió desde la otra punta de la mesa de juntas, con ese aire de suficiencia que lo hacía parecer un crío disfrazado de ejecutivo. —Y eso que hoy no tomé café. Imagina si estuviera con doble espresso —replicó, con su sonrisa ladeada y esa mirada traviesa que siempre me daba ganas de tirarle algo. —Deja de hacer bromas. Tenemos que preparar la presentación de los inversores europeos. —Tú y tus malditos cuadros de Excel —dijo alzando los brazos como si hablara de una secta. Rodé los ojos. Así era Pato. Divertido, sarcástico, brillante y completamente insoportable cuando quería. Pero era mi mejor amigo. Y lo había sido desde que lo conocí en la universidad. La verdad es que antes de mí, Pato era un desastre. Lindo, sí. Inteligente, también. Pero no sabía canalizar nada de eso. Lo conocí en una clase de contabilidad y no sabía ni abrir el Excel. Ahora, míralo. CEO de una de las empresas tecnológicas más prometedoras de Europa. —Si yo soy la reina del Excel, tú eres el rey del PowerPoint vacío —le solté, cruzándome de brazos. Él fingió ofensa. —¡Mis diapositivas inspiran! —Tus diapositivas aburren. Y eso que tienen más efectos que una peli de Marvel. Pato soltó una carcajada que resonó por la sala. Me miró con cariño por unos segundos, como solo él sabía hacerlo. —¿Te he dicho que sin ti yo seguiría viviendo en la casa de mi madre, comiendo cereal del año 2002? —Sí, muchas veces. Y no lo digas tanto que se te va a notar lo dependiente. —Tú fuiste la que me enfocó, Azul. Me empujaste a hacer algo serio con mi vida. Tú me diste las herramientas. —Y tú me diste una oportunidad cuando más lo necesitaba —respondí con voz más baja, recordando ese primer año en Londres. Pato fue quien me ayudó a entrar en la empresa de su padre. Empecé como pasante, trabajando horas infinitas, con un bebé creciendo dentro de mí, escondido como un secreto. Hoy, tengo un pequeño porcentaje de la empresa, un 15%, y ocupo un puesto clave, pero sin cargar con el peso del título de CEO. Eso le pertenece a él, y lo hace bien. Soy directora de estrategia financiera, y me encargo de analizar inversiones, rendimientos y escenarios. Me encanta. Es mi mundo. Lejos del caos emocional, lejos del pasado. —¿Y hoy vas a ver a tu novio? —preguntó Pato con su típico tono burlón mientras se servía un café en mi oficina como si fuera la suya. Le lancé una mirada por encima de los documentos. —No. Está de viaje esta semana —respondí con naturalidad, sin darle más importancia. Entonces él soltó una carcajada estruendosa que hizo eco por todo el despacho. —¡Azul, por favor! ¿Cómo es que sigues con ese tipo? Podrías tener algo mucho mejor. Como yo, por ejemplo. —Por favor... —bufé, sin poder evitar reírme—. Tú eres el tío Pato. Mateo te adora. Pero no te confiaría ni mis plantas. —¿Eh? ¡Tus plantas están muertas! Eso es injusto. Además, Mateo me adora porque soy genial con los niños. —Eres bueno con él, no lo niego. Aunque a veces eres un completo patán —dije mientras me levantaba para servir agua. Pato me seguía con la mirada, divertido, como siempre. Patrick es... una mezcla explosiva. Guapo, con ese cabello oscuro que siempre lleva algo despeinado y esos ojos grises que parecen verlo todo. Y sí, es encantador, divertido, pero también un desastre emocional. Le gustan demasiado las mujeres, su padre es un hombre demasiado conservador para entender algo que no encaje en su visión anticuada del mundo. —Sabes que podrías hacerle un favor al mundo y dejar ese tipo y quedarte conmigo —insistió, ahora sentado en el sillón de cuero frente a mi escritorio, estirando las piernas como si no tuviera ni una reunión más en el día. —Deja de decir tonterías —le respondí sin perder la sonrisa. Coquetear conmigo es parte de sus bromas matutinas. La verdad es que llevo un año de relación con alguien. Y no ha sido fácil. Pato lo sabe, por supuesto, pero no puede evitar picarme cada tanto. Lo hemos llevado con calma. Paso a paso. Somos amigos desde hace muchísimo tiempo antes de formalizar. Fuimos lentamente. Sobre todo por Mateo. Desde el principio dejé las reglas claras: nada de besos frente a mi hijo, nada de dormir en casa, mi prioridad es Mateo. Mi hijo al principio se enojo, pero creo que lo ha estado aceptando. Y él... las aceptó todas. Aunque le costó. Le costó muchísimo que yo aceptara ser su novia. Pero no era una decisión ligera para mí. No cualquier hombre iba a entrar en nuestra vida, en la mía y en la de mi hijo. Y eso él lo entendió. Sin embargo, yo fui hija prácticamente de una madre soltera y aunque se puede yo crecí con un vacío y no quiero un vacío en la vida de mi hijo y soy consciente de que un niño necesita una figura paterna. Obviamente no cualquiera puede serlo y jamás arriesgaría a Mateo. Pato me miró con esa mezcla de cariño y burla que siempre lleva en los ojos. —Tú no lo sabes, Azul, pero un día voy a encontrar a alguien que me soporte... y entonces vas a darte cuenta de lo que perdiste. —El día que tú sientes cabeza, el mundo dejará de girar —dije riendo. —Oye, eso fue cruel. —Realista. Volvió a reír, y luego se puso serio por unos segundos. —De verdad me alegra verte así, Azul. Feliz. No como hace años... cuando llegaste a Londres y parecía que cargabas el peso del mundo en los hombros. —Todavía cargo muchas cosas, Pato. Pero ahora tengo a Mateo. Y tengo esta vida... que construí con mis propias manos. Paso a paso. Sin deberle nada a nadie. Él asintió, serio por fin. Luego levantó su taza como brindando. —Entonces brindemos por eso. Por tu fortaleza. Y por ese pobre tipo que aún no sabe que tú eres el verdadero huracán de esta historia. Le sonreí. Y brindamos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD