Capítulo 5: El casting, parte 2.

1733 Words
Narra Sophia Salgo de la agencia feliz, me sentía tan contenta porque no creía que pudiera pasar, de seiscientas mujeres solo sesenta pasamos. La chica rusa insultaba a su mánager ya hasta sometió a la encargada pidiendo justificación del por qué no la seleccionaron, pasé por su lado sintiéndome la reina del universo. —Hasta pronto —digo levantando mi mano—. Mañana nos vemos. La rusa me repara impactada y choca sus pies en el piso. Con mis bolsos en mis hombros y el corazón lleno de felicidad, mira hacia el exterior y me doy cuenta de que la noche ha llegado. la enorme sonrisa que se había dibujado en mi cara se desaparece. —¿Dónde voy a pasar la noche? Las otras chicas que salen conmigo suben a sus autos o sus taxis y se van, de apoco queda solo el frente de la agencia y no sé a donde debo ir. Miro la hora y son casi las ocho de la noche, ¡carajo! No he llamado a mamá en todo el día. Saco mi móvil y me queda solo un diez por ciento de la carga. Camino algo apurada con mis cosas y sostengo el móvil en mi oreja con el hombro. —¿Hola? —Mi amada Sophi, ¿Cómo estás? —Oh, pensé que llamé al móvil de mamá. —Ella está haciendo del dos, dejó su teléfono aquí. Demora mucho, ya sabes; pero dime, ¿Cómo estás? —Estoy bien, papá. Recién salgo de la agencia. —Debes estar agotada, como nos gustaría visitarte, sabemos que no tienes tiempo de venir. —Claro, una visita me alegraría demasiado, pero ahorita estoy viajando mucho. Cuando me radique preparamos todo para la visita. —Oh, allí viene tu madre. —Mi niña hermosa, ¿Estás bien? —Si mamá, muy bien. Voy saliendo del trabajo, ahora voy a cenar, muero de hambre. —Está bien mi cielo, come mucho y descansa. Termino la llamada y mi estómago ruge como si un león. —Si estómago, no tienes que decirlo, ahorita veo donde compramos algo para engañar el hambre. Sigo caminando y me detengo en una venta de comida callejera, compré un perro caliente con algo de kétchup y con eso debo esperarme hasta el otro día. —Disculpa, ¿ese lugar siempre está habitado? —¿Te refieres al parque? —Si —respondo mirando un parque que está lleno de personas. —Oh, sí. Siempre está muy lleno. Le doy un mordisco a mi cena y camino hasta una banca donde creo que pasaré la noche. Me percato de no estar sola, no quiero pasar algún susto. Termino de comer mi hot dog y sostengo mis cosas. —Hola, ¿Cómo estás? Miro a mi lado y un hombre se sienta en el espacio que queda de la banca. —Hola. —¿Cuánto cobras? —¿Qué? —Sí, ya sabes, ¿cuánto cobras? El hombre sonríe y trata de rodarse hacia mí. —No sé, ¿pregunta por mi trabajo? —Sí. —Oh, bueno eso depende —respondo pensando en que tengo suerte al encontrar trabajo aquí. —¿Qué haces? —cuestiona con una sonrisa. —Pues, depende de la parte de mi que necesite; mis pies, mis manos, mis orejas, mi boca… —¿Orejas? Vaya, eso es interesante. —Tengo algo de mi trabajo, ¿Quiere que le muestre? El hombre asiente y busco en mi móvil alguna de las fotos que tengo. —¿Eso que es? —Mi trabajo. —Oh, te referías a… ¿eres modelo? —Sí, acaso usted que imaginó. La cara del sujeto se sonroja, se pone de pie y parece que no comprendí a lo que se refería. —Espere, no entiendo, usted que… Me detengo un segundo y creo que ya sé. —No, yo no hago ese tipo de trabajo. El hombre se va y creo que estoy en el lugar equivocado. Camino hasta las afueras de la agencia, hay una persona vigilando por lo que creo que podemos hacernos compañía. En la mañana, cuando abren sus puertas, voy al baño y lavo mis dientes, me cambio de ropa y solo lavo mi cara; estaremos al natural, mostraremos nuestra linda piel porque no hay maquillaje. Se supone que a las ocho de la mañana debemos estar todas en el salón, como yo nunca me fui, entro a las siete a esperar que las demás vengan. Cierro mis ojos sintiendo que mis parpados pesan, de apoco los cierro y me quedo dormida. —Oye, chica. —Shu, trato de dormir —respondo entredormida. —¿Puedo sentarme en ese lugar? —Trato de dor… Abro mis ojos y veo a una chica parada frente a mí. —Es que tus cosas están sobre la ultima silla libre y quería saber si puedo sentarme allí. Miro la silla con mis bolsos y los bajo al piso. —Claro, disculpa, me quedé dormida. —Lo notamos —responde sentándose a mi lado. Las demás chicas me miran extrañadas, limpio mi boca y mis lagañas. Me siento como si nadie me viera. —Una vez más, bienvenidas —la encargada aparece con su traje elegante—. Hoy continuamos con nuestra elección. Para hoy nos haremos en grupos de veinte chicas, al final solo tres pasarán. Armamos los grupos y esperamos como el día anterior, mientras nos dan merienda; frutas y agua. Tenemos una mesa con algunas galletitas dietéticas y yogurt natural, cada que puedo voy y agarro lo que puedo para guardarlo en mi bolso. Más tarde no sé que voy a comer. El salón en el que esperamos mantiene una tensión, las chicas se miran mal y con mucha rivalidad. —Sophia, ven, ya nos llaman. Aprieto mi trasero porque de repente me duele el estómago, estoy nerviosa que creo que debo cag***. —Vamos, date prisa. Dejo mis cosas y acomodo mi cabello, trajo de quitar algunas arruguitas de mi vestido con el calor de mis manos. —Bienvenidas, una vez más nos place tenerlas aquí. Bien, para entrar en materia, saben que la chica que sea la imagen de nuestra línea de maquillaje será una embajadora que llevará el nombre de nuestros productos a otros niveles. Que debe tener una forma de usar, explicar y de vender a través de su imagen nuestra marca. El hombre nos muestra una mascara de pestañas, un polvo compacto y un labial de la marca DONOVAN. —Cada una de ustedes, deberá presentarnos y vendernos su producto. En la mesa que está a su lado tienen unos folletos con las características del producto, tienen dos minutos para leerla y cinco para preparar una corta presentación para nosotros. Cada uno escoge un folleto y me tocó la mascara de pestañas, leo algunas de las características mientras las demás se arreglan el cabello, se retocan el maquillaje y practican su discurso. —Listo, vamos a dar inicio, tienen treinta segundos. Fuimos pasando una por una, algunas parecen nerviosas y otras algo exageradas. Tengo el número doce en el turno, quiero parecer tranquila y natural, por eso me paso paños húmedos antes de pasar. —Número doce. Camino hasta el punto blanco y espero que el hombre que nos escucha me dé la señal. —¿Amas tener un aspecto natural y saludable? —cuestiono con una sonrisa mirándolo a los ojos—. Este es el producto que necesitas, la nueva máscara de pestañas DONOVAN, con sus ingredientes a base de Aloe Vera te aportaran nutrición al tiempo que fortalecen tus pestañas, y, sobre todo, una mirada profundamente natural. Muestro el rímel y lo destapo, me aplico un poco y rezo para no mancharme como panda. —Gracias Sophia —responde el hombre. Esta vez dijo mi nombre. Como el día anterior, esperamos en el salón, se supone que solo tres de las sesenta que estamos aquí comiéndonos las uñas, pasaremos a la siguiente ronda. Veo a algunas que creo que pueden pasar, son lindas y siempre que las escucho hablar, parecen tener experiencia. —Chicas, mis queridas chicas. Estamos agradecidos con ustedes, por su tiempo y disposición. Antes queremos darles un obsequio, una línea exclusiva de nuestros maquillajes como una forma de demostrar nuestra gratitud. Cada una recibe una caja llena de muchos productos, productos que había perdido. —Ahora, las chicas que continúan con nosotros hasta la fase final son: Irin Ponce —dice mirando a la parisina que también tenia en mi top de las favoritas—. Martina Phillip— otra de las más lindas—. Y Sophia Tremblay. —¡Yes! Levanto mis manos y doy saltitos cortos, no estaba en mi propio top tres, pero fui seleccionada. Las chicas que estaban en el salón se van dejando solo a tres que clasificamos. —Felicidades chicas, llegar a este punto luego de una selección tan minuciosa, ya es una ganancia; deben estar muy orgullosas de lo que han hecho. Bien, como saben, solo una de ustedes puede ser la imagen de nuestra marca; para eso, mañana las estaremos preparando, pues el CEO de la compañía es quien tendrá la ultima palabras. Nosotros nos encargamos de escoger a las tres mejores bajo los criterios que la marca estipula, pero la chica que será nuestra cara en esta línea de maquillajes será seleccionada por el creador de los productos DONOVAN. Las chicas nos miramos y nos da algo de temor, eso es mayor exigencia para nosotros. —El día de mañana nos vemos aquí, muy temprano, para que conozcan más a fondo. La mujer se despide y las que quedamos nos emocionamos, es increíble. —De seiscientas mujeres, solo quedamos las tres, ¿lo pueden creer? —digo impactada, lo que para ellas no parece sorprendente. —Mañana nos vemos —responde la parisina al ver que su chofer llegó por ella. —¿A dónde vas? Tengo mi auto afuera, puedo darte un aventón —menciona la otra chica, Martina. —Me quedaré aquí. —¿Dónde? Dices aquí en la agencia. —No, en el frente. La mujer mira mis cosas y luego mira mi rostro. —Si no tienes donde quedarte, puedes ir conmigo. Me quedo en un hotel a quince minutos, tengo mucho espacio para mí, me vendrá bien algo de compañía. —¡Claro! Eso me encantaría.
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