Capítulo 6: Sin esperanzas.

1347 Words
Narra Sophia Martina ha sido gentil conmigo, me agrada mucho la manera en que me ayuda. —¿De dónde eres Sophia? —Soy de Montreal. —Guao, ya decía que esta bonita chica rubia debía ser de Canadá. ¿estás aquí sola? —Sí, ¿y tú? —Por ahora, mis padres vendrán pronto. Están en un viaje de pareja y me alcanzarán aquí. La mujer se cambia en frente de mí, se quita toda la ropa y se pasea por la habitación desnuda, parece no sentir pena de nada. —¿Quién crees que puede quedarse con el puesto? —pregunta sentándose en su cama. No quiero mirar sus senos o repararla porque me da pena, es extraño. No es que me gusten las chicas, pero es incómodo. —Irín es una chica muy linda, no me sorprende que se quede con el puesto. —Espero que no lo tenga, es una engreída, me cae mal esa pe***. —¿Eso crees? —Claro, no es la primera vez que me la topo en un casting, creo que este es el más largo; pero imagina que debe ser porque valdrá la pena. Esa hija de su madre se quedó con una campaña que era para mí, digamos que tiene muchos contactos, nunca me he podido quedar con un puesto en el que ella también esté compitiendo. —No comprendo para qué buscar contactos si es muy linda y se expresa muy bien. —Es una insegura, por eso mueve a toda su gente. Martina entra al baño y yo aprovecho para acomodar el sillón, esta será mi cama. —¡Sophia! ¡pide algo para comer! —grita ella desde el baño. Miro a todos lados y veo en la mesa de noche el teléfono. Cuando me pongo de pie, camino sin fijarme y me llevo por delante su maleta, esta se abre y caen algunos de sus vestidos al piso. —¡Lo siento! ¡lo siento! Ya recojo tus cosas. Me inclino y levanto varios vestidos, son hermosos. —Dios, esto es precioso —digo para mí en medio de la impresión. Miro la marquilla y el precio es muy alto, el diseñador que lo hizo es muy conocido, con razón el precio. —Es hermoso, ¿verdad? —menciona saliendo del baño. —Sí, es muy lindo. Lo acomodo y lo guardo en su maleta. —Ese vestido me lo regaló mi madre hace unos meses, aun no me lo he puesto, la verdad no es mi estilo. ¿te gusta? —¡Sí! Es precioso. —Si te queda bien, puedes quedártelo. No lo quiero, tampoco creo que lo use. —Pero… tu madre puede molestarse. —No te preocupes, al final nunca me dice nada. Ya estoy rezando para que no pase ese casting, he pensado en lo que les diré cuando me digas que no me dieron el puesto. —¿A que te refieres? —Que no quiero pasar el casting, ya tengo un tour planeado con mi novio y no quiero perdérmelo. —¿Es enserio? Yo no creo poder negarme al trabajo de mi vida por un viaje con mi novio. Pero seguro es una chica que puede conseguir lo que quiere, con ver los regalos de su madre me imagino que son adinerados. —Sí, recién salgo de una campaña muy pesada, quiero descansar. —Entonces ¿Por qué te inscribiste? —Lo hice porque mi madre odia a Irín e insistió en que podía ganarle. Pero no quiero estar aquí, estoy cansada. Comprendo a la chica, ya veo que este mundo es más complejo de lo que imaginaba. Esa noche Martina compró pizza con coca, comimos y hablamos mucho, ella me contaba sobre sus experiencias y lo importante que es tener contactos en este medio, que necesito un mánager alguien que sepa de como funciona el medio y me ayude. La mañana siguiente nos levantamos tempranos para ir a la agencia. —Ya quiero terminar con esto, si pasan unos días, te juro que renuncio. Después de un desayuno ligero nos alistamos para salir, la chica tiene un auto bonito y muy cómodo. —Si quieres puedes quedarte conmigo hasta que todo esto acabe, espero que le quites el lugar a Irín, eso me llenaría de emoción. —Estoy segura de que puedo, si estoy hasta este punto sin tener ayudas, es por algo. ¡Estoy segura de que el puesto es mío! —¡Sí! Esa es la actitud, debes sentirte poderosa, eso hace que las demás se sientan inseguras. Voy guardando en mi memoria todos sus consejos, desde ayer me ha servido la conversación con ella. Al llegar a la agencia nos espera la encargada con la parisina, parece que charlaban muy animadas, parecen amigas de hace tiempo, ya entiendo a lo que se refiere Martina con lo de tener contactos. —Chicas, ya estábamos por empezar el recorrido. La encargada nos lleva al interior y camina dejándonos atrás, la parisina nos mira por encima de su hombro y saluda casi a todos. —Bien, aquí inicia la historia de DONOVAN —dice la encargada señalando la imagen de un anciano—. Él es el creador de la marca, el señor Luca Donovan, quien fundó esta emprensa hace setenta años; siendo un hombre adulto descubrió una formula que logró ser validada como una de las mejores en el cuidado de la piel, luego pasó al señor Marcus Donovan quien renovó esa formula y ha creado muchos productos que se han calificado en el mercado con uno de los mejores. Aún el señor Marcus está con vida, pero por cuestiones personales decidió retirarse hace cinco años y actualmente el CEO de la compañía es su hijo, Alexander Donovan. La mujer sigue caminando y nos muestra una especie de mostrador con muchos anuncios sobre la marca, premios y reconocimientos. —¿El señor Alexander se encuentra en la compañía? —No, está en un viaje, esperemos que regrese mañana. ¡carajo! Parece que también conoce al CEO. Vamos, Sophi, no te pongas nerviosa, ese lugar puede ser tuyo, eran seiscientas chicas. —Bien, por aquí tenemos algunas de las tareas que debería hacer la chica que quede seleccionada. Miro el enorme mural con la trayectoria de la chica, estuvo en diferentes países, estuvo en portadas de revista, en comerciales, en muchos eventos, Dios mío; quiero eso para mí. —Tendré que alejarme de vida social un tiempo si llego a ganar —dice la parisina. Martina y yo la miramos muy rayado, parece que ya sabe que es suyo. —¡Oh! Que sorpresa, no creí verte aquí —menciona un hombre mayor tomando la mano de Irín. Ella sonríe y lucen cercanos. —Chicas, para las que no saben, él es el señor Robert Jackson Peralta, lo verán por aquí muy seguido. El hombre charla con la parisina como si las demás no existiéramos. —¿Es el dueño? —le pregunto a Martina en voz baja. —No, es accionista mayor. El hombre se retira y le deja saludos a la familia de Irín, me da miedo que ese tipo de relaciones evite que el CEO sea objetivo con la decisión. Al final del recorrido, la encargada nos lleva a la cafetería de la empresa, donde nos tienen preparado un rico almuerzo. Estando allí, nos menciona que la empresa lanzará recientemente una línea de cremas anti-edad, por lo que realizarán una fiesta o eso fue lo que entendí. —La fiesta será esta noche, el señor Alexander estará allí. Estas son sus invitaciones, no las olviden. Será un gusto para nosotros compartir más con ustedes antes de seleccionar a la embajadora de la línea de maquillajes. Veo la tarjeta y por como luce de elegante, creo que será algo grande. —Valdrá la pena ir, digo, es que hoy me doy cuenta de que Irín… —No pierdas las esperanzas, así que quita esa cara. Quiero ser positiva, quiero sentirme como entré, pero… ¡Aish! Estoy empezando a perder las esperanzas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD