Narra Sophia
Subir al avión con el dinero del casero, fue difícil, nunca me atrasé con los pagos y esta vez salí escondida para no pagarle, pero no le voy a quedar mal —claro si consigo el empleo.
Durante las seis horas de vuelo, estuve mirando las revistas que estaban en los mostradores, quería copiar algunas poses, no he hecho un casting. Solo me llaman y me dicen que parte de mi necesitan.
—Creo que no hice bien, debí pensarlo mejor ¿verdad?
Le pregunto al señor que va a mi lado.
—¿Qué? ¿me habla a mí?
—No, estaba hablando conmigo.
El hombre me mira con rareza y se hace más a la ventana para alejarse de mí.
Llevo dos horas de vuelo, es imposible que el avión haga reversa, ya no hay retorno. Pero ¿Dónde me voy a quedar? ¡carajo! Debí pensarlo antes.
—Creo que debió pensarlo mejor, lo digo por la cara que tiene.
El señor me da unos golpecitos en el hombro y trata de consolarme, estoy a punto de llorar.
—Gracias —le digo por compadecerme.
En el resto del viaje, el señor Francisco me escuchó, le dije sobre mi vida y le conté sobre lo que me había pasado. Me dio ánimos para seguir el viaje y prepararme para lo que me espera, me dijo que disfrutara el proceso, que la experiencia es la que cuenta.
A eso de las tres de la tarde el avión aterriza, me despido de mi nuevo amigo y salgo positiva con mis cosas; ¡yo puedo! Miro cuanto dinero tengo en el bolsillo y trata de que me alcance para pagar el taxi.
Levanto mi pierna para que el auto se detenga porque llevo muchas cosas en las manos.
—¿A dónde va?
—Voy para… —olvido el nombre del lugar—. Espere, déjeme ver la dirección.
Bajo las cosas para desocupar mis manos y busco el papel en el bolsillo de mi pantalón. El señor del taxi hace una mala cara y se va.
—¡Señor, espere! Ya sé a dónde voy.
Otra chica sube al auto y me resigno, regreso por mis cosas y las vuelvo a cargar, pero esta vez una de mis manos queda desocupada.
—Oh, ¿y mi maletín de maquillaje?
Miro a todos lados y no encuentro mi maletín, todas las personas caminan de un lado a otro haciendo que sea más difícil de hallar.
—¡Oiga! Señora, ¡eso es mío! —le grito a la señora que camina a paso rápido.
Quise alcanzarla, pero un grupo enorme de turistas se cruza y la pierdo de vista.
Parece que tendré que solucionar el maquillaje por mi cuenta.
Detengo otro taxi y esta vez no suelto mis cosas, le entrego al conductor el papel con la dirección y este se pone sus lentes para leerlo, me mira por el retrovisor y luego el papel.
—¿Irá al casting? —pregunta con una sonrisa medio burlesca.
—Si, voy al casting, ¿Cómo sabe?
—He llevado a muchas chicas, recién dejé en la agencia a unas chicas rusas.
Abro mis ojos y me intimido un poco.
—¿De… de Rusia dice?
—Sí, también unas parisinas que iban a esa agencia por el casting, una de las mujeres que llevé me pareció verla en el comercial de un labial de una marca costosa, déjeme recuerdo el nombre —dice el hombre pensando dudoso.
—No me diga, no me diga.
¿me alcanzará el dinero para volver a casa? Le doy un vistazo a mi bolsillo y no, no me alcanza.
—Lléveme a ese lugar, por favor.
El hombre conduce hasta el lugar y me pregunto sobre cómo se pueden ver las otras mujeres, pero ¿Qué pueden tener ellas que yo no? Quizás mi belleza sea lo que ellos buscan, no me voy a deprimir, no me voy a desanimar; estoy segura, debo estar segura.
—Es aquí.
El señor se detiene y hay un montón de mujeres bajándose de taxis y de autos lujosos, miro al conductor y el asiente como diciendo “se lo dije”
Me bajo del auto con mis cosas y camino mirando a las chicas que llevan hasta personas que parecen ser sus estilistas.
—Las chicas que van llegando, ingresen al salón principal. Sigan derecho hasta el fondo, está otra persona recibiéndolas —dice una mujer muy elegante.
Sigo a las demás mujeres hasta el salón, allá otra chica aun más estilizada que la anterior, nos recibe con una sonrisa.
—Bienvenidas a la compañía DONOVAN, es un gusto ver el interés de tantas mujeres que han respondido a nuestra solicitud, más de seiscientas mujeres se han postulado.
Abro mis ojos y le doy un vistazo al panorama, sí, son muchas. ¡Ay, Dios!
—Vamos a dividirlas en grupos, cada una tendrá la oportunidad de ingresar con nuestro personal para la prueba de conocimientos.
Esperen, conocimientos de qué, miro que esté en el lugar correcto.
—Disculpa —le digo a la mujer de al lado—. ¿A que se refiere con la prueba de conocimiento?
—Conocimientos de los productos.
—Oh, claro ¡de los productos!
Sé que solo son maquillajes, ¿Qué puede haber de diferente?
Los organizadores nos hacen en grupos de diez, seremos las quintas en pasar hasta el otro salón donde están otras personas.
—¿De donde vienes? —pregunta una chica morena a la mujer que está a mi lado.
—Vengo de Rusia, me llamo Natascha Ivanov.
—Oh, creo que te he visto en un par de revistas.
—Sí, he trabajado para varias agencias.
—¿Por qué estás aquí? —cuestiona otra mirándola de pies a cabeza.
—Porque es una excelente plataforma para mí, bueno, es lo que dice mi mánager. DONOVAN es un campo muy amplio, así que la chica que quede con el lugar tendrá ciertas ventajas.
—¿Y tú? —me dicen a mí.
—Yo… yo soy de Canadá, me llamo Sophia Tremblay, también he trabajado en varias agencias; digamos que con conceptos diferentes. Mi mánager me trajo aquí porque dice que la experiencia es lo que importa, sabes, lo importante es el proceso. No estoy aquí por el puesto, quiero disfrutar el proceso, aun no sé que tiene planeado Francisco para mí, mi mánager.
Mantengo una sonrisa fingida, sé que no es bueno decir mentiras, pero debo creerme mi posición, soy una modelo.
—Chicas, es el turno de ustedes.
Todas sonríen emocionadas y yo hago lo mismo, aunque me esté muriendo de miedo.
Ingresamos al aula y nos sentamos una al lado de la otra, miran nuestros perfiles y más de uno asiente cuando ven las carpetas de algunas chicas; espero que no mencionen mis pequeñas agencias porque no quiero quedar como mentirosa.
—Bien, como saben nuestra agencia es especialista en crear productos que siempre son amigables con la piel, nos destacamos en el mercado por ser los mejores. En esta ocasión hemos apostado en la creación de una formula que permita la realización de maquillajes con esta misma base de los cuidados de piel. La mujer que ocupe el cargo de imagen de nuestros maquillajes debe conocer sobre cuidados, por lo menos cuidados básicos. Llamaremos a cada una de las chicas hasta este punto y le realizaremos un par de preguntas.
El hombre llamado Luciano, se encarga de llamar a las chicas y de hablar con ellas, no comprendo que dice porque desde el punto donde están es algo alejado.
—Sophia Tremblay.
Levanto mi cabeza y el hombre me enfoca, camino hasta él y me ubico en el punto blanco que está justo en frente de la mesa.
—Sophia, podrías decirnos una rutina de cuidado de piel fácil.
—Si, bueno.
Pienso un poco, sé cuales son los pasos, lo he investigado mucho porque cuido mucho mi piel.
—El paso inicial es la limpieza, se desmaquilla la piel con toallas especiales, bálsamos o agua micelar, luego se debe retirar dependiendo el tipo de producto que se haya usado para así pasar a una limpieza más profunda con algún tipo de gel o aceite limpiador. Seguimos con la exfoliación, es un proceso que no hace diario, pero que es esencial. Lo siguiente, es cerrar los poros y poder equilibrar el PH; después se hace uso de sérum, para que penetren la piel con facilidad, luego…
—Dejemos hasta allí. Ya puedes salir.
—¿Es todo?
El hombre afirma y sin más salgo del salón con las demás. Algunas se preguntan que es lo que procede, pero no sabemos nada. Hay chicas que demoran más que otras, ¿Por qué?
El salón se sigue llenando, cada una pasa a su entrevista inicial y cuando todas pasamos; dejan en el tablero de información la hoja con las chicas que pasan al siguiente filtro.
—Una chica por grupo continua a la siguiente fase, en orden, pueden pasar y mirar los nombres.
Todas nos paramos al tiempo y corremos al tablero, la encargada se quita para no ser atropellada por la estampida de desesperadas que estamos peleando ese puesto.
Aparto a las mujeres que se hacen delante de mi y con mis brazos abro camino. Una de ellas pega el primer grito de felicidad y otras hacen caras de tristeza.
La chica rusa que está en frente de mi mirando la lista, se queja y sale molesta, parece que no pasó. Dudé en si debía mirar, si esa mujer que es la más top de todas no pasa, que se puede esperar del resto.
Miro la hoja y voy desde el primer lugar, pero no veo mi nombre; hay sesenta mujeres y cuando llego al número cincuenta, siento que es un no rotundo para mí.
—Cincuenta y nueve, Sophia Tremblay —menciono en voz baja y sigo hasta el último—. Esperen— me devuelvo y miro una vez más.
—¡Pasé! —grito y la que está a mi lado tapa sus oídos.