Salí de casa temprano para una sesión de tutoría con Anna. Estaba contenta de tener esta reunión, de que al menos algo en mi vida fuera normal. Tras estacionar en mi lugar habitual en la escuela, caminé por la acera hacia el edificio de primaria al lado. Justo cuando llegué a la fila de entrega, la mamá de Anna estacionó una camioneta plateada. La puerta trasera se abrió y Anna salió del vehículo, corriendo hacia mí, con su mochila rebotando en su espalda. Me arrodillé a su altura para darle un abrazo. —Anna, ¿cómo estás?... —Bien —dijo, girándose para despedirse de su mamá con la mano. Volvió a mirarme, sonriendo ampliamente, mostrando un hueco donde antes estaba uno de sus dos dientes frontales—. ¿Notas algo diferente en mí? —Claro que sí —respondí—. Te cortaste el pelo. —¡No! —grit

