Por favor hoy no

1737 Words
Aquella mujer se miraba verde de la rabia, no me gustaba utilizar el dinero para minimizar a las personas, pero en este caso sí lo ameritaba, puesto que tenía justo en mis narices una niña mimada. “¿En serio tienes el valor de hablarme así? ¿Acaso tienes idea de con quién estás tratando?” “Justo porque no te conozco, sé bien que te encuentras fuera de mi círculo social. Si tan solo hubieras sido amable con el personal, con gusto hubiese cedido el pabellón Calia e incluso condonado tu deuda, pero dado que fuiste tan prepotente, es que me estoy negando a hacer eso.” “¿Condonado mi deuda? ¿Y quién te has creído?” “Soy la dueña.” Dicho esto, me fui dándole la espalda, pude escuchar que Valeria le lanzó un gesto de suficiencia y caminó con total orgullo a mi lado. “Has arrasado, primita.” Ella me dio un pequeño empujón con el codo. “Te felicito.” “Detesto las tipas prepotentes como ella, lo peor es que con mi otro trabajo tengo que lidiar en algunas ocasiones con ese tipo de clientes.” “¿Y en serio piensas seguir trabajando en esa tienda? No entiendo cuál es tu obstinación con regresar allá si aquí tienes la vida resuelta.” “Quiero regresar porque me gusta ser independiente, pensé que tú me ibas a comprender dado que has levantado tu propio negocio sin ningún tipo de ayuda por parte de la abuela.” “¡Exacto! En mi propio negocio, no le trabajo a nadie más que a mí. Te entendería si fuera que quieres seguir mis pasos, pero no es el caso; tú le trabajas a otra persona.” “¿Te puedes imaginar qué sería de nosotros si todos tuvieran ese pensamiento que tú tienes? Ningún empleado estaría trabajando en los negocios familiares y tendríamos serios problemas, así que te digo, no pienso renunciar porque la abuela me ha dejado la fortuna familiar y pienso continuar trabajando en la tienda que me abrió las puertas años atrás.” “Ni quien te haga cambiar de parecer, en fin, no voy a ahondar en ese asunto.” Valeria le dio vuelta a sus ojos y bebió de un solo trago el champán que nos habían servido. “Ahora quiero que me digas lo que necesitas saber.” “Quiero que me hables de mi hermana. Me molesta venir a darme cuenta de este tipo de cosas en este momento, estuviste en comunicación conmigo y, aunque no fue tan seguida, pues hablábamos de vez en cuando.” “A ver, comencemos con lo último. Si no te dije de la existencia de tu hermana, fue porque el celular no era la manera de darte semejante noticia. Pensé en citarte y decirlo, pero tu madre se opuso a que fueras consciente de esto y no pudimos hacer nada.” “¿Ni siquiera la abuela pudo hacer algo?” “Ella engañó a la abuela, le dijo que ya te había dicho e incluso compró unas cosas que, según las habías mandado, para tu hermanita. Pensé por un momento que era verdad; no obstante, cuando miré tu reacción fue que me di cuenta de que esa mujer mintió de la manera más descarada posible. Me dio rabia y ten por seguro que le voy a reclamar esto.” “¿Y cómo es ella? Necesito saber su personalidad.” “Ella es un tanto retraída, en algunas ocasiones tiene comportamientos extremos de los que van del enojo a la tristeza. Es reservada totalmente con los demás e incluso en cierto punto puede ser agresiva.” “¿Siempre fue así o cambió con el tiempo?” “De hecho cambió con el tiempo, antes solía ser una niña dulce y muy cariñosa. En especial con la abuela, que la miraba como una nieta más a pesar de que no es una Carrigan.” “¿Y eso cuándo fue que cambió?” “Pero mujer, qué tantas preguntas. En vez de sentirme en un restaurante, me siento en una sala de interrogatorios; solo te han faltado mis manos esposadas a la mesa.” “Valeria, es importante que me digas estas cosas acerca de Erin. Sabes bien que me lo debes, ahora contesta lo que te he preguntado.” “Mira, ella nació al poco tiempo que tú te fuiste, ese nuevo comportamiento fue hace aproximadamente dos años.” “Maldición.” Me levanté lanzando la silla y arrojando la servilleta a la mesa. “Tengo que irme del hotel inmediatamente, vamos a casa.” Salimos del hotel de la abuela y fuimos directamente a la casa; Valeria no dejaba de preguntar en el camino, pero yo no le respondía nada porque mi cerebro había bloqueado cualquier cosa que ella pudiera decirme. “Pero Alana, responde las preguntas que te estoy haciendo. No entiendo cuál es tu urgencia de venir a la mansión cuando dejaste en claro que no querías estar aquí.” “Las cosas pueden cambiar, Valeria. Nada se encuentra escrito en piedra y menos cuando se trata de que yo regrese a la propiedad que la abuela me ha dejado. Creo que estoy en mi derecho de trasladarme cuando desee, ¿O no?” “Bueno, claro que tienes el derecho de hacerlo. Pero lo que no entiendo es tu actitud, de la nada te entró la urgencia de venir a la mansión.” “Eso es todo lo que te puedo decir, ahora, si quieres, puedes irte donde mi tío.” Ni siquiera esperé que el carro se detuviera, simplemente abrí la puerta y me lancé. Uno de mis tacones se había quebrado; sin embargo, eso no me importaba. “Resiste, Erin. Tu hermana se encuentra aquí para salvarte de ese demonio que dice ser tu padre.” Entré a la casa, había tinieblas, pero lo positivo de que la abuela había mantenido el mismo orden, era que podía caminar a ciegas en esta propiedad. “¿En dónde está el cuarto de Erin?” No había dicho esto cuando miré una silueta que venía saliendo a escondidas de un cuarto. Esto me trajo amargos recuerdos, pero al mismo tiempo me dio un coraje que antes no tenía. “Eres una porquería.” Puse mi brazo en el cuello de aquel hombre. “Es tu propia hija, maldito cerdo.” “¿Qué estás haciendo aquí, Alanita?” Él preguntó con dificultad mientras luchaba por respirar. “Suéltame que no me llega el aire.” “He venido a darte una lección, no vas a hacer con Erin lo mismo que hiciste conmigo. Si es necesario, te voy a castrar con mis propias manos.” Fue en ese momento en que las luces se encendieron, miré a mi mamá justo abrir la puerta del cuarto del que salió aquel hombre. “¡¿Qué estás haciendo, Alana?! Suelta a Stan, lo vas a matar.” Ella me empujó y me dio un golpe con la pared debido al empujón. “¿Estás bien, cariño?” “Sí, por suerte has salido.” Stan comenzó a toser mientras se masajeaba el cuello. “No sé qué fue lo que pasó, de repente sentí un brazo atrapar mi cuello y después de eso escuché la voz de Alanita.” “¡QUE NO ME DIGAS, ALANITA!” Espeté furiosa. “No te quieras hacer el santo conmigo porque sé bien cuáles eran tus intenciones, ahora dime por qué están saliendo de esta recámara cuando antes no era la suya sino la de mi padre.” “Nos hemos cambiado recientemente, además no grites.” Mi mamá habló y se puso delante de Stan. “¿Qué es lo que tú haces aquí? Pensé que te ibas a quedar en un hotel.” “Se van a salir de inmediato de este cuarto porque no pienso permitir que manchen la memoria de mi padre haciendo a saber cuántas porquerías. Y respecto a lo que hago aquí, supongo que no tengo que avisar cuando voy a venir a mi propiedad. Necesito que me digas en dónde se encuentra la habitación de Erin.” “Erin, duerme en la misma habitación en que dormías tú. Espero que no vengas a ocasionar problemas porque no me pienso quedar de brazos cruzados. Ahora quiero decirte que el cuarto en el que estamos, no nos vamos a cambiar.” “No era una petición, sino una orden. Así que, por favor, salgan de esa habitación en este momento y ocupen la que se encuentra al final del pasillo, porque no los quiero cerca de Erin, o de mí.” “¡NO!” Mi mamá gritó. “Ya has hecho suficiente con ahorcar a Stan, toma la habitación como una compensación a que casi lo matas.” “Entonces, en este momento toman sus cosas y se van, no me interesa lo que suceda con ustedes, pero mi hermana se queda bajo mi custodia. Espero que seas lo suficientemente inteligente para irte y no decir nada, porque en una batalla legal eres consciente de que llevas las de perder.” “No, no puedes hacer esto. ¿En serio tienes el corazón de correrme solo porque estoy ocupando una habitación a la cual tengo todo el derecho de ocupar?” “Claro que puedo hacerlo y claro que tengo el corazón para correrte de la mansión. Tú no tienes derecho a ocupar esta habitación que años atrás fue la misma pieza que compartiste con mi padre, un hombre de veras y no lo que tienes al lado. Te aprovechaste de la muerte de la abuela y te viniste de inmediato antes de que alguien te pudiera decir algo, pero no esperabas que yo fuera la heredera universal de todo esto.” “Maldita seas, Alana. No puedo creer que seas así con tu propia madre, yo te di la vida.” “No me salgas con esas cursilerías porque de nada te va a servir. Ahora, si me disculpan, tengo que ir a ver a Erin.” Fui a la que había sido mi habitación por muchos años. Cuando abrí la puerta y me senté en la cama, pude sentir el temblor de Erin. “Papá, por favor, hoy no… me siento triste por la muerte de la abuela…”
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD