Mi primer amor

1354 Words
BELLA POV Cuando salí de la habitación, Caleb empezó a tomarse las pastillas; había bajado por más sopa y ahora se la estaba tomando. —Supe que tus cosas no están acá —me dice antes de que saliera—. Ya he mandado por ellas, tu lugar es aquí conmigo. Mientras yo no lo decida, tú no te puedes ir. —No puedes retenerme contra mi voluntad —le digo. —Sí puedo. Soy tu esposo. —Para mí no eres nada —respondo seca. Caleb me mira y yo le sostengo la mirada. —Eres mi esposa, tu deber es estar aquí —dejó el plato en la mesa y se volvió a acostar, poniéndose de nuevo la cobija. No me gustaba verlo así, tan vulnerable. Aunque incluso así se portaba horrible conmigo. Sin embargo, no soy una mala persona como él. Acepté de nuevo estar acá por un tiempo nada más. Me fui a mi habitación, pero no podía dormir. Era medianoche y me dirigí al cuarto de Caleb. Volví a mojar el trapo y empecé a pasarlo por su frente y cuello para que le siguiera bajando la fiebre. Seguramente se enfermó por estar con mujeres y en fiestas estos últimos días. Sabía que Caleb sentía mi presencia, así que agradecí que no me haya dicho nada. Casi no dormí esa noche por estar pendiente de él. En el fondo, me preguntaba por qué me preocupaba por un hombre que no me apreciaba. Verlo así dormido pude observar mejor sus facciones: su cabello n***o, su nariz, su boca… especialmente su boca. Caleb es un hombre que volvería loca a cualquier mujer. Sabía que mi hermana era afortunada cuando me presentó a Caleb. Ella lo dañó, estaba muy enamorado de ella y lo abandonó. Entiendo el enojo de Caleb, pero no entiendo que se desquite conmigo. Por la mañana desperté un poco tarde por haberme desvelado. Llegaría por la tarde al negocio. —¿Te sientes mejor? —inquiero. Me había quedado en su habitación, era extraño que no me hubiera sacado a patadas. Caleb salía del baño, solo llevaba su toalla puesta en la cintura. —Un poco. Hoy tengo una reunión de negocios y, como mi esposa, tienes que ir. Por favor, compra algún vestido decente y pasaré por ti a las siete. —C-claro. Salí de su habitación y entré a la mía. Empezaba a sentir cosas por Caleb que no podía explicar. • A las siete estaba lista esperando por él. Me había comprado un vestido n***o que se adhería bien al cuerpo. Mi cabello iba suelto. Casi no uso maquillaje, así que no llevaba tanto. Caleb pasó por mí y me llevó hacia el restaurante. No me miró en todo el trayecto. —Haz de cuenta que eres la mujer más enamorada del mundo —me dice por fin, viéndome. Se había quedado mudo unos segundos, pero después carraspeó—. Vamos, te presento. Caleb me presentó a varios de sus amigos empresarios. Tuve que sonreír y aparentar estar enamorada de él. —¿Bella? —escuché la voz de un hombre. Di la vuelta y me quedé sorprendida ante lo que estaba viendo. Es Augusto. No puede ser. —¿Augusto? Qué sorpresa, ha pasado tanto tiempo. —Sí, más de cinco años —él viene y me abraza. Su abrazo se siente lleno de cariño y nostalgia. Augusto fue mi novio hace años y terminamos porque él se iba del país. Es increíble que haya vuelto. Pensé que no volvería a saber nada de él. Augusto fue mi primer amor, nos queríamos mucho—. Estás hermosa, Bella. —Se separa de mí—. No puedo creer que por ti no pasen los años. —Gus, me da gusto volver a verte. Estás más guapo que nunca —mi emoción era evidente—. ¿Cómo es que estás aquí? —He vuelto al país y ahora estoy tratando unos negocios. Me da gusto haberte encontrado. Pensaba buscarte estos días. —A mí también me da gusto. Te eché mucho de menos. —Y yo a ti, Bell. Yo nunca te he olvidado —me dice y yo miro a Caleb a lo lejos platicando con sus amigos. —Yo tampoco, ¿cómo podría olvidarme de ti? —¿Qué has hecho? ¿Tienes novio ahora? —No, no tengo. —Eso me gusta, al menos sé que podríamos volver a salir. Como antes. —Bell, es hora de irnos... —Caleb se acerca, mira a Augusto con enojo y me toma de la mano—. Vámonos a casa —dice y me lleva con él. —Hablaremos después, Gus —le dije antes de salir por la puerta. Caleb me llevó a jalones hacia el carro, estando dentro me puse el cinturón. Pensé que me preguntaría quién era el chico con el que hablaba tan animadamente, pero no preguntó nada—. Pregunta lo que sea, anda. —No tengo nada que preguntar, lo que hagas o dejes de hacer con tu vida me da igual. Suspiré frustrada. Caleb jamás sería un tipo ideal para mí. • Al día siguiente era domingo, no tenía que ir a trabajar y, por desgracia, Caleb tampoco. Tendría que verlo todo el día. Al menos su enfermedad estaba curándose. Ni siquiera un "gracias" recibí de su parte. Por la mañana anduve por el jardín, tomando aire y sol. Caleb estuvo nadando en la piscina. Es increíble lo que puedes llegar a acostumbrarte a una persona. Tenía hambre y supuse que Caleb también. Me fui a la cocina y empecé a preparar algo. —Bella, tienes visita —la voz de Caleb me hizo girar a él. —¡Bella! —mi tía Loren apareció por la puerta y me vino a abrazar—. ¡Tenía muchas ganas de verte! —Tía, ¿qué estás haciendo aquí? —Solo quería visitar a mi sobrina favorita ahora que supe que está casada. —Yo también te eché de menos. ¿Has venido con mis primos? —Claro que sí. James y Jason también quieren verte —respondió sonriente—. Me da gusto que estés rehaciendo tu vida. La última vez que vine eras novia de Gus, ¿qué pasó con él? —Se fue de viaje y terminamos. Pude notar cómo Caleb se ponía rígido. —Te quiero invitar al hotel donde me estoy hospedando, tiene un resort hermoso. Quiero ponerme al día contigo y platicar mucho más a gusto. —Claro. Iré. Ella me dio la dirección en un papel. —Por favor, Caleb, haz feliz a mi sobrina. Bella se merece toda la felicidad del mundo. —Claro que sí —Caleb viene y me abraza por la cintura. Sentí algo extraño cuando sentí su toque, mis piernas temblaron y mi cuerpo se puso débil. Fue una sensación nueva. —Así me gusta verlos, enamorados. Sonreí fingido. —Y, Caleb, por favor ponle una cocina a mi sobrina, ella no puede estar haciendo ese trabajo siempre. —No es necesario, tía... —Eso haré. La estuve buscando estos días, por cierto. No puedo dejar que mi esposa lleve toda la carga de nuestro hogar —interviene Caleb. —Nos vemos, cariño. No faltes. Me despedí de ella y pude respirar tranquila cuando se fue y cuando Caleb me soltó. Mordí mi labio inferior porque me había afectado mucho más de lo que yo pensaba todo esto. Caleb abrazándome, sentir su toque en mi cuerpo fue... bonito. ¿Me gustó? Claro que no puede ser, él es un hombre malo conmigo y solo finge. Seguí haciendo la comida mientras Caleb estaba sentado en la mesa con su celular, pero sentía su mirada en mí. Eso me ponía nerviosa y me hacía sentir torpe. —¿Quieres comer? —¿Está envenenada? —me pregunta, haciéndose el gracioso. —Sí, lo está. —Sonreí. —Entonces sí quiero. —Ponte cómodo, esposo —dije con sarcasmo. Tomé unos platos y empecé a servirle. Caleb había bajado un poco la guardia conmigo y eso me gustaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD