La terrible criatura caminó dentro de la casa, escudriñando cada rincón y refunfuñando sordamente.
Estaba irritado por este cuerpo podrido, que se movía con dificultad, aunque gracias a él poseía una fuerza extraordinaria.
El hedor a humedad y la descomposición prolongada lo volvieron loco.
Encontrar otro cuerpo no era difícil, pero cuando Ana lo ató a su cuerpo, utilizó un hechizo especial que solo ella conocía, fuerte y poderoso e incluso estando dentro del cráneo de la dueña y autora del conjuro, pudo encontrarlo.
Las brujas oscuras, después de lograr que un demonio se les metiera adentro, realizaban un rito de borrado de la memoria para que los espíritus malignos no pudieran sacar este hechizo de sus cerebros y dejar el cuerpo cuando se les antojara, estando atados así de por vida.
Muchos de los brujos negros utilizaban la ayuda de estos seres malignos los cuales se convertían en sus colaboradores y consejeros, pero Ana fue muy lejos, más lejos que cualquiera y lo que se instaló en ella, gradualmente la capturó por completo.
La criatura enseñó los dientes, recordando a Ana:
- Idiota ... estúpida tonta ...
Necesitaba un libro que todas las brujas tenían en su mayoría, definitivamente debería tener este hechizo escrito allí.
De repente, el ser esquelético se congeló, sintiendo la presencia de alguna criatura y se acercó a la ventana.
Un enorme búho se sentó en la cornisa y lo miró directamente con grandes ojos extraños llenos de sabiduría ancestral, pero sin vida.
- Vaya… - el demonio, inclinando la cabeza, miró al pájaro.
- Estás muerto, amigo mío ...
El búho no le quitó los ojos de encima y también inclinó la cabeza hacia un lado.
Se miraron el uno al otro por un minuto, y luego el búho batió sus alas y desapareció en la noche.
∗ ∗ ∗
- Dime - la abuela se sentó frente a Nikolás y lo miró con tristeza.
- Cuéntame toda la verdad.
- Siempre he tenido el poder ... Me lo pasaron mis padres.
Lo escondían de las personas y me advirtieron que no confiara mucho en la gente, - Nikolás se calmó un poco, pero su mirada no se elevó más arriba de sus grandes manos cruzadas sobre la mesa.
- Cuando me enamoré de Ana, decidí decírselo, y después de escucharme, me pidió que le enseñara brujería.
Le mostré el lugar donde iba a hablar con la naturaleza y le expliqué que una bruja entrenada nunca será más fuerte que una tribal.
- ¿Entonces la convertiste en un demonio y le enseñaste la maldad? - preguntó la abuela con hostilidad y Nikolas negó con la cabeza:
- ¡No! ¡Irina, no, no fui yo! Le mostré las fuerzas de la naturaleza, ¡nada más!
Pero esto no le parecía suficiente ... Una vez le conté cómo los hechiceros se ponían espíritus malignos dentro de sus cuerpos para obtener su ayuda y ella se interesó mucho en esto.
Ni siquiera podía pensar que se tomaría este asunto tan en serio ... Cuando su esposo, Sergio, murió, ni siquiera se me ocurrió que Ana estuviera involucrada en esto.
Sabes que se sospechaba que yo lo había asesinado ...
- ¿Y qué, es cierto que Ana estuvo involucrada en el asesinato de su esposo? - la abuela miraba atenta a Nikolás.
- Cierto, - respondió el hombre.
- Cuando la policía me sacó de la casa, susurró sólo con los labios: "Pronto estarás en casa".
Al principio no le presté atención, pero cuando un trabajador del establo, un buen hombre sordomudo, vino a la policía y se entregó siendo inocente, comencé a sospechar algo, pero la alegría de la libertad y la ausencia de obstáculos entre mí y Ana, hizo que perdí la cabeza.
La muerte de tus padres, no la percibí como algo extraño para nada, ya mucha gente murió a causa de la gripe ... Nos llevábamos bien con Ana y todo parecía ir de lo mejor, éramos felices, pero comencé a notar que ella estaba cambiando.
Se volvió grosera, siempre enojada y agresiva ... Y de una mujer bonita, se convirtió en una mujer de una belleza sin igual, pero era una belleza que daba pavor sólo de mirarla, no era de este mundo...
Y luego me confesó que ella misma apuñaló a su marido con una horca y dejó que sordo Danilo cargara con la culpa, por medio de un conjuro.
Me sentí mal ... Pero ella no se calmó.
Me dijo que había matado a sus padres por el resentimiento que le impedía vivir, y con ellos a algunos de los lugareños.
Ella habló también de tu esposo, Irina, que lo llevó al río y le hizo ver no un remolino hirviente, sino un lago en el bosque, con aguas transparentes, al que el hombre se subió para nadar.
Lo peor es que ella se reía al mismo tiempo y el placer salpicaba sus ojos.
Fue entonces que me di cuenta que en ella vive un demonio, un ser maligno que casi le había devorado el alma ... No demostré que tenía miedo, la miré a los ojos y dije que lo que pasó, pasó y lo principal es que estamos juntos.
Estaba especialmente preocupado por Nina, su hija, a quien Ana dejó de prestar atención, y a cada rato le gritaba y maldecía a la niña.
Al día siguiente, dije que iba a ir de compras a la ciudad, pero realmente fui a ver a un hechicero fuerte que era mi pariente.
Después de escucharme, dijo que nada podía evitarse.
Si el huésped que estaba dentro de ella empezó a matar, no se detendrá y además es imposible expulsarlo, solo la misma bruja puede encontrar su propio hechizo y deshacerse de este parásito.
Entonces comprendí que el espíritu maligno ya poseía a Ana totalmente devorando su alma y que era poco probable que quisiera dejar su cuerpo.
De repente, recordé sus palabras, dichas en el bosque, cuando estábamos acostados en la hierba:
- Si me pasa algo, no me dejes.
Me tienes que traer de vuelta, incluso de entre los muertos, pero no te vayas, no me dejes ...
El hechicero me ofreció una cosa que parecía una pequeña perla y me dijo que la pusiera en el bolsillo de Ana y que nunca volviera a verlo ... así lo hice.
Pero antes de eso me enteré de que había matado a su sobrino, tu hijo, un bebé inocente ... No podía aceptar esto.
Creé este monstruo y tenía que destruirlo.
Ana murió de una insuficiencia cardíaca, ni siquiera duró dos horas después de que puse la "perla" en el bolsillo de su abrigo.
- ¡La hubieras dejado en su ataúd!
- le ladró la abuela.
- ¿Por qué tuviste que sacarla?
¿¿¿Por qué???
- Porque mis cartas advirtieron que el mal había llegado al pueblo de nuevo, - respondió Nikolás.
- Y recordando que siempre tuve consejos y ayuda de mi asistente y amada, decidí resucitar a Ana ...
- ¡Así que un demonio vivía en ella! Y a pesar de ello, aún a sabiendas, ¡la buscaste de nuevo! - exclamó la abuela.
- ¡Ha hecho tantas abominaciones!
¡¿Estás loco?!
- Ni siquiera podía pensar que el demonio todavía está con ella ... Pensaba que la había abandono ya...
- ¿Y cómo se la mostrarías a la gente?
- la abuela estaba enojada y la entendía perfectamente.
No solo todo parecía un cuento salido de un hospital psiquiátrico, sino que tampoco vi ninguna lógica en las acciones de Nikolás.
- ¡¿Entiendes lo que has hecho?!
¡Encontraste una razón para devolver a Ana, y no precisamente porque necesitabas de su ayuda, la necesitabas a ella!
¿Qué espíritus malignos hay en la aldea?
Excepto por el terrible monstruo que resucitaste, ¡no hay nada aquí!
- Sí ... sí ... soy culpable ... ¡soy culpable! - gritó Nikolás tapándose el rostro con las manos.
- ¡Pero ahora el demonio quiere salir y encontrar un cuerpo más fresco!
- ¡Ay Dios mío! - de repente la abuela se balanceó y le dio una palmada en la cabeza.
- ¡Bastardo!
¡Hechicero inútil, sinvergüenza!
¡Si fuera mi voluntad, yo misma te mataría! ...
Los miré con la boca abierta y me sorprendió la resistencia de mi abuela.
¡Esta sí que es una mujer!
Nikolás no se resistió, solo le besaba las manos como un cachorro, murmurando sobre el perdón.
- ¡Me matará si no llevo el libro de Ana! Irina, te lo ruego, ¿puedes encontrarlo?
Le iba a contar sobre mi hallazgo, pero tropecé con la mirada de mi abuela y no dije nada.
- No, no puedo, no sé dónde está, - espetó la abuela.
- Está bien, averigüémoslo.
Acuéstate en el dormitorio de mi nieta, cálmate.
La mañana es más sabia que la tarde.
Suspirando profundamente, Nikolas entró tambaleándose en la habitación, acompañado de mi abuela, y yo preparé un té de menta para calmarnos, reflexionando sobre lo que escuché.
- ¿Por qué no le hablaste del libro?
Le pregunté a mi abuela tan pronto como regresó a la cocina.
- ¿Estás loca? - Ella me miró con severidad.
- ¿Quieres que esta basura vuelva a entrar en la gente?
- ¿Y si lo mata por no encontrar el libro?
- No sabemos si el demonio podrá salir de la casa, - mi abuela me sorprendió con sus lógicas reflexiones.
- Iré a la iglesia mañana, tendré una conversación con el sacerdote. Que me aconseje qué hacer.
- ¿Dónde escondiste el libro?
- No es asunto tuyo, - espetó. - Cuanto menos sepas, mejor duermes.
La conversación terminó y nos fuimos a la cama, abrumadas por el cansancio.
∗ ∗ ∗
El demonio rugía dentro de las frías paredes de la casa, odiando al mundo entero, que estaba tan lejos de él. No podía salir del frío esqueleto que lo aprisionaba sin tener el conjuro.
Sabía que Nikolás no le llevaría el libro, se escondería como un perro, temiendo por su vida.
- Te mataré muy cruelmente, viejo ... - siseó el monstruo, arrojando muebles viejos contra las paredes.
- ¡Llorarás de dolor, pidiendo piedad!
¡Te arrojaré a las llamas de la hoguera, para que el fuego devore tu cuerpo hasta que quede un montón de cenizas!
El monstruo de repente se congeló y sus ojos se iluminaron con una siniestra llama amarilla.
¡Fuego! ¡¿Cómo no lo había pensado antes?!
¡Esta podría ser la salida!
Salió arrastrándose de la casa y caminó lentamente por la carretera, deteniéndose y olfateando periódicamente.
Pronto, percibió a lo lejos el edificio del granero, salió de la oscuridad y se dirigió al garaje.
Habiendo roto la cerradura, el demonio entró y a los cinco minutos todo se encendió con una llama naranja brillante, y ni la lluvia pudo apagarla, cuyas gotas silbaron sobre los trozos del techo de fibrocemento al rojo vivo, que volaban en todas direcciones.
Cerca, en el armario del vigilante, dormían dos hombres, uno de los cuales era anciano y el otro, un joven de treinta o treinta y cinco años, alto y fornido, con poderosos músculos que no podía esconder ni siquiera un grueso suéter n***o que llevaba puesto.
Un fragmento del techo entró silbando por la ventana y cayó sobre la mesa, cuya superficie comenzó a derretirse, emitiendo un olor acre.
- ¡Fuego! - gritó joven, saltando del sofá y poniéndose las botas.
- ¡Diablos!
¡¡¡Maldita sea!!!
El anciano vigilante volvió la cabeza asustado, tratando de entender lo que estaba pasando, y también gritó, al fin, al ver los reflejos de un enorme incendio devorando edificio tras edificio.
El joven guardia saltó a la calle y corrió al garaje, donde los tractores y otros equipos estaban en llamas.
Se detuvo frente a las puertas abiertas y vio con horror cómo las vigas se agrietaban y caían; ya era imposible detener la catástrofe ... En ese momento sintió que había alguien detrás de él ... Dándose la vuelta bruscamente, esperando ver su compañero, el joven hombre se quedó paralizado, viendo como un coágulo oscuro, parecido a una serpiente, se extendía como un tubo que se balanceaba frente a él.
- ¡¡¡A-ah-ah!!!
gritó, extendiendo las manos y tratando de alejarse de él.
- ¡¡¡Fuera!!! ¡¡¡Lejos, no me toques!!!
Pero la sustancia oscura se abalanzó sobre el hombre, empujándose hacia el interior del cuerpo tembloroso a través de la nariz, la boca y las orejas, hasta que desapareció por completo con un siseo silencioso ...