La lluvia golpeaba con más fuerza la cornisa y de repente sentí frío, como si hubiera llegado una tarde de invierno.
- Y yo, una vieja tonta, esperaba que la casa cobraría vida otra vez, que la felicidad podría espantar la desgracia, que volvería estar llena de luz ... Pero ahora entiendo que allí no puede haber vida. Esta no es una casa, sino una tumba.
- ¿Y Nikolas nunca se comunicó con mamá? - Pregunté, recordando que mi abuela había mencionado rumores de que él era el padre de mi madre y por lo tanto, mi abuelo.
- No... Inmediatamente se fue a vivir cerca del cementerio, comenzó a trabajar allí como guardián y rara vez se le veía en el pueblo, - la abuela negó con la cabeza.
- Y ahora tengo curiosidad por saber ... ¿Qué está haciendo?
¿Será posible que escondió el cadáver de Ana debajo del umbral de la casa? ...
- ¿¿¿Crees que lo que hay debajo del umbral es mi abuela???
- Sí. Estoy segura. Cuando se desprendió el tablero, esperaba que no vieras este horror ... Pero los ojos que miraban desde debajo del piso eran exactamente como los de Ana ... ¿Te imaginas lo que vendrá si las fuerzas malignas comenzarán a resucitar a los muertos?
- No puedo creer que esto esté sucediendo realmente, - susurré, sintiendo que se me erizaba la piel.
- ¿Y que podrá suceder?
-Nada bueno, te lo aseguro, - sonrió la abuela con tristeza.
- En el pueblo sólo viven unas pocas familias de gente joven y los otros, son en su mayoría ancianos, y también estás tú, una hermosa jovencita ... Tienes que irte de aquí.
- ¿Vas hablarme sobre que me tengo que ir de nuevo? - yo estaba indignada.
- Me iré sólo si vienes conmigo.
- ¿A dónde voy? Esta es mi casa ... Mi dolor no se ha ido, sigue presente y además, debo detener a mi hermana, o lo que queda de ella. Y vengar la muerte de mi hijo.
Me di cuenta de que no podía persuadir a mi abuela de irse conmigo. La maraña de maldad encontró su camino incluso a través de la muerte y apareció en este mundo con algún terrible propósito, preparado para personas desprevenidas ...
∗ ∗ ∗
Ya estaba completamente oscuro cuando Nikolas entró en la casa de Ana y, al ver el umbral completamente roto, se quedó paralizado por un minuto.
Miró la puerta abierta, reuniendo coraje y tratando de alejar el miedo de sí mismo.
- ¿Qué haces parado ahí como un poste? Entra en la casa, - escuchó de repente una voz y se cubrió de sudor pegajoso.
Con una punzada en su corazón, entró y lentamente arrastró los pies por el pasillo, sintiendo la energía oscura y maligna de un bulto de maldad, odio y destrucción concentrados en la habitación.
Un ser oscuro estaba sentado en una cama de hierro, encorvado y vestido de n***o.
- ¿Ana? - susurró Nikolas, pisando el suelo. - ¿Eres tú?
- Tu amada Ana está en el Infierno, - dijo la criatura con voz ronca y se volvió hacia el anciano. - La mataste tú mismo, ¿recuerdas?
- Pero esperaba resucitarla... Hace mucho tiempo que buscaba la manera... Pensé que podía devolverla y arreglar todo lo que había hecho ... - susurró Nikolas, visiblemente asustado.
- Después de todo, yo no quería nada de esto en absoluto cuando la inicié en lo que yo mismo conocía y practicaba.
- Oooh, cállate ya, te lo ruego… - la criatura soltó un sonido parecido a la risa.
- No sigas hablando sandeces... Ella hizo todo bien, no como tú ... Siempre con miedo de cruzar la línea.
¡¿También me dirás que no sabías que ella me dejó entrar en su cuerpo?!
- Lo sabía, - dijo Nikolas con tristeza. - Por eso la maté, esperando que tú la dejaras.
¡Pasaron exactamente cincuenta años, su cuerpo se pudrió y pensé que tú ya te habías ido y ella estaría libre! ¡Se transformó por tu culpa! ¡Comenzó a matar gente! No tuvo piedad ni siquiera del hijo de su hermana ...
- No, ella no lo mató, ni a ese niño ni a nadie... Porque fui yo ... - le afirmó la criatura. - Y no pudo quejarse de mi mientras vivía. Le di belleza sin igual, le entregué también un enorme poder... Por supuesto, dejé su cuerpo después de la muerte, ¡no podría vivir en un cadáver! Pero tú, estúpido, decidiste devolverle la vida a la muerta, lo cual es im-po-si-ble, ¡pero lo hiciste, hombre tonto! ¡No eres un nigromante, idiota! Y yo decidí volver aquí tan pronto como sentí que alguien estaba removiendo los huesos, a los que una vez estuve tan tiernamente unido.
Una risa desagradable hizo que Nikolas se encogiera de terror y sollozara.
- ¡Deja de llorar, debilucho! - el cadavérico ser gruñó y sus ojos brillaron en la oscuridad.
- ¡Dame el libro de brujería de Ana y tal vez te mantenga con vida!
- Es que no está por ningún lado.
Lo he buscado en todos los lugares posibles, - sollozó el anciano. - Te digo la verdad.
- Sí, es cierto ... No estás mintiendo, lo puedo sentir ... - gruñó la criatura. - Te doy tres días. Antes de la luna llena tienes que encontrar el libro, de lo contrario ... convertiré tu vida en un infierno, recuerda esto.
¡Sal!
Nikolas se dirigió hacia la salida, con los hombros temblorosos por los sollozos ahogados ...
∗ ∗ ∗
Me acosté en el sofá de la habitación de mi abuela para estar cerca de ella, pero el sueño no llegaba. Después de su historia, todo estaba confuso en mi cabeza: me abrumaron sentimientos de miedo, incredulidad, ganas de estar lo más lejos posible de aquí y olvidar todo esto.
El reloj dio la medianoche y escuché a mi abuela dar vueltas y vueltas en su cama.
- Estás despierta, ¿eh? - le pregunté yo.
- Si, mi nieta, no puedo dormir.
- ¿Y lo que había debajo del umbral no puede venir aquí?
- este pensamiento me vino de repente y me senté en el sofá, asustada, envuelta en una cálida manta.
- No lo sé ... ¿Quién sabrá lo que hará este mal? No sé cómo piensa, adónde la llevan sus pensamientos ... Hay íconos en la casa, tal vez se detenga si decide meter la cabeza aquí.
Las palabras de la abuela no me calmaron en absoluto.
Era incluso peor que pensar en un ataque de unos bandidos ... Y luego, una sombra brilló fuera de la ventana.
- ¡Abuela! - Corrí hacia ella. - ¡Alguien está pasando por debajo de las ventanas!
- Señor, ¿de verdad esta criatura se arrastró hasta aquí?
- Se levantó rápidamente y rebuscó en el cajón de la cómoda, sacando luego una botella, atada con un jirón rojo.
- ¡Agua bendita!
Un golpe ensordecedor en la puerta casi me hizo entrar en pánico.
- ¡¿Quién está ahí?! - gritó la abuela, y le agarré la mano.
- ¡Soy yo, Nikolás! - escuchamos la voz de un hombre a través del ruido de la lluvia.
- ¡Abre, déjame pasar, Irina! Tenemos que conversar ...
Nos miramos la una a la otra, preguntándonos qué necesitaba a estas horas.
- ¿Que necesitas?
- La abuela se acercó a la puerta y la seguí.
- ¿Por qué viniste?
- No tengas miedo, Irina, no vengo con malas intenciones, - la voz del anciano sonaba lastimera.
- Bueno, veremos ... - La abuela hizo clic en el candado.
- Ten mucho cuidado, no me importa que seas un hombre ni que eres más fuerte, si intentas lastimarme, en un momento te golpearé con un atizador.
Yo estaba curiosa y un poco asustada. ¿Qué es lo que quería?
La puerta se abrió y la figura alta de Nicolás entró en la casa, trayendo consigo el olor a lluvia y frescura de la calle.
Se echó hacia atrás la capucha y lo miré con curiosidad: aun siendo anciano, seguía conservando su antigua belleza masculina.
Grandes ojos azules bajo unas cejas castaño oscuro, cabello ondulado y espeso, con plateados hilos de canas, una corta y hermosa barba que enmarcaba pulcramente los altos pómulos y una barbilla obstinada que sobresalía un poco hacia adelante.
Sí, de seguro que su aspecto era para que la abuela perdiera la cabeza ...
- Dime por qué viniste - la abuela lo miró con recelo y aprensión. - No eres un invitado bienvenido en nuestra casa.
- Lo sé. - Bajó la cabeza. - Y yo, Irina, vine pedir perdón y necesito de tu ayuda.
- ¿Ayuda? - la abuela se levantó de un salto. - ¿Y qué ayuda, Nikolás?
¡¿Quizás deberíamos ir a enterrar de nuevo a Ana, a la que sacaste de la tumba?! ¿O tengo que entregarte a su nieta, para que ella, como mi hijo, fuera sacrificada también?
- Bueno, tienes razón, entiendo por qué eres tan cruel... - miró hacia mi abuela, lleno de lágrimas. - ¡Me culpé de esto toda mi vida! ¡Yo tengo la culpa de todo! Y la maté, para que no hiciera más maldad ...
- ¿A quién mataste? - la abuela se quedó helada, mirándolo. - ¡¿A quién mataste, Nikolás?!
- ¡A Ana! - cayó de rodillas y comenzó a llorar. - Después de que sacrificó a tu hijo, la maté de inmediato ... No pude soportarlo más ...
- ¡Vamos, levántate! - la abuela le tiró de la manga.
- ¡Vámonos a la habitación, no sigas limpiando pisos con tus rodillas, no soy Dios!
Los seguí con la mirada, abriendo la boca y recobrando el sentido, cerré la puerta poniendo la cerradura y corrí inmediatamente tras ellos, sin querer perderme una palabra.
∗ ∗ ∗
- Cosas extrañas están sucediendo, padre… - sonrió Zhdan, mirando por la ventana en dirección de la casa que tanto les interesaba.
- Resulta que nuestro cadáver no es una persona muerta en absoluto.
- ¿Sí? ¿Y qué es, entonces?
- El hombre estaba conjurando sobre unos frascos, que estaban colocados en desorden sobre una hermosa mesa antigua, la cual tenía muchas gavetas decoradas con magníficas tallas.
- No lo sé, pero esta es una entidad malvada, una fuerza llena de energía oscura y maligna, de otro mundo, - respondió Zhdan.
- Puedo sentir cómo se mueve fuera de las paredes de la casa.
- Siempre he envidiado tu don de sentir lo que está sucediendo a distancia, - dijo pensativo su padre.
- ¿Y qué crees que necesita esta criatura?
- No lo sé, pero este ser es muy agresivo. Espero que no tengamos que luchar contra él para echarlo de la casa para poder nosotros tomar posesión de la fuente de energía que necesitamos, - Zhdan llamó al búho con el dedo y éste se sentó en el alféizar de la ventana, junto a su dueño.
- ¿Tienes hambre, amigo? Ahora te soltaré.
- Creo que sí, que tendremos que hacerlo. De seguro que habrá que luchar... Tales criaturas no abandonan tan fácil el lugar del poder, también necesitan la energía vital ... - El nigromante arrojó un trozo de carne en el matraz y todo dentro del recipiente siseó, haciendo erupción de espuma roja sobre la mesa.
- ¡Maldita sea! ¡Arruinado de nuevo!
- Padre, ¿debería investigar específicamente qué cosa quiere y que hará este ser?
- Sí, querido. Te lo pido encarecidamente, - el padre levantó la cabeza y miró a su hijo.
- ¿Puedes prescindir de mí?
- Sí, ocúpate de tus propios asuntos - Zhdan abrió la ventana y el búho salió volando a la calle.
- Que mi pájaro también vea quién se instaló en el barrio. Me ayudará en la investigación ...