3. Bajo Peligro.

966 Words
A partir de ese día, Alejandro parecía siempre estar rondando. Cada vez que Zouse y yo coincidíamos en algún lugar, él aparecía a los pocos minutos, y la competencia entre ellos, lejos de calmarse, se volvía cada vez más abierta y desafiante. Por supuesto, no pensaba quedarme de brazos cruzados viendo cómo los egos chocaban por mi mera presencia, así que decidí tomar el control y poner a prueba a ambos. En la próxima reunión, Alejandro y Zouse tuvieron que verse las caras de nuevo. Blanca estaba presente, así que se limitaron a sonrisas educadas, pero había una tensión latente en el aire. Blanca, aparentemente ajena a la guerra que se libraba a su alrededor, comenzó a hablar sobre una nueva estrategia para un proyecto importante, asignando responsabilidades tanto a Alejandro como a Zouse. Y ahí, sin previo aviso, dijo algo que me dejó en estado de shock. —Anny será la encargada de coordinar todo el proyecto. Quiero que ambos trabajen bajo su dirección en esta fase inicial. La sala se llenó de un silencio pesado, y pude sentir las miradas de ambos clavándose en mí. No sabía si Blanca había notado la tensión o si lo había hecho a propósito, pero cualquiera fuera el caso, el reto estaba ahí, y no podía evitar sentirme atrapada en medio de una guerra de titanes. Cuando terminó la reunión, Alejandro se acercó a mí mientras Zouse se marchaba con una sonrisa de satisfacción. Alejandro, sin embargo, no parecía tan contento. —Supongo que no tenías idea de esto —dijo, aunque parecía más una afirmación que una pregunta. —No —respondí, cruzándome de brazos—. Pero estoy dispuesta a hacerlo bien. Se acercó un poco más, y su voz bajó. —Solo no olvides quién es realmente el jefe aquí. No pude evitar sonreír, sintiendo esa chispa de rebeldía que él tanto detestaba pero que parecía atraerlo como un imán. —Pensé que era Blanca. O ¿acaso eres tú? Él se rió, esa risa suave y peligrosa que hacía que la piel se me erizara. —Si quieres saber quién manda, solo quédate cerca y lo descubrirás. Y, con esa amenaza disfrazada de desafío, Alejandro se marchó. Sabía que estaba en medio de un juego de fuego cruzado, y aunque me aterraba, no podía negar que cada segundo con ellos hacía latir mi corazón más rápido, en una montaña rusa que no podía, ni quería, detener. Apenas Alejandro salió de la sala, me quedé un momento en silencio, tratando de procesar lo que acababa de suceder. Blanca me había puesto en el centro de la dinámica más complicada de esta empresa, y aunque su intención seguramente era probarme, parecía no darse cuenta del triángulo explosivo que había creado. Entre Alejandro y Zouse, no sabía cuál de los dos era más manipulador, pero ambos estaban dispuestos a ganar, y yo era su nuevo campo de batalla. La primera reunión oficial del proyecto fue al día siguiente, y cuando llegué a la sala de juntas, me sorprendió encontrar a Alejandro esperándome, sin rastro de su típica sonrisa arrogante. —Llegas temprano —comenté, dejándome caer en una silla frente a él. —Quería aclarar algo contigo antes de que llegue Zouse —dijo, su voz más baja de lo normal. Estaba serio, y esa intensidad, aunque desconcertante, tenía algo que me atrapaba. —¿Y qué es tan importante como para madrugar? —pregunté, intentando sonar casual. Él se inclinó hacia mí, con los codos apoyados en la mesa, y me miró a los ojos. Sus palabras salieron lentas, como si estuviera eligiendo cada una con cuidado. —No confíes en él, Anny. Zouse solo busca sacar ventaja, y va a usar cualquier método para hacerlo. Incluso si eso significa meterte en medio de todo. —¿Y tú no estás haciendo exactamente lo mismo, Alejandro? —repuse, desafiándolo con la mirada. Si él esperaba intimidarme, iba a quedarse con las ganas. Su expresión no cambió, pero sus ojos brillaron con una chispa de interés. Podía ver que le gustaba el reto. —Yo juego limpio, Anny. Pero con Zouse… nada es seguro. Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió y Zouse entró, como si el universo hubiera sincronizado su llegada para hacerme dudar aún más. Llevaba una sonrisa en el rostro, y cuando sus ojos se posaron en nosotros, algo en su expresión me hizo sentir que sabía exactamente qué estaba pasando. —¿Interrumpo algo? —preguntó, tomando asiento al otro lado de la mesa. Alejandro resopló, enderezándose y cerrando el rostro en una expresión de desagrado. La tensión en la sala era evidente, y por un segundo, pensé que uno de los dos iba a estallar. Pero mantuve la compostura y tomé la palabra. —Bien, vamos a empezar. Tenemos un proyecto en marcha y objetivos que cumplir. Y mientras trabajemos juntos, quiero dejar en claro que, para mí, los problemas personales se quedan fuera de esta sala. Ambos se quedaron en silencio, mirándome con expresiones idénticas de sorpresa. Si pensaban que iban a manejarme como una ficha en su juego, iban a darse contra una pared. Zouse fue el primero en reaccionar; su sonrisa volvió, pero esta vez era diferente, como si estuviera considerando una nueva estrategia. —Perfecto. Me gusta ver a una mujer que sabe lo que quiere —dijo, inclinándose hacia adelante—. ¿Qué opinas tú, Alejandro? Alejandro se limitó a mirarlo con una mezcla de desprecio y desafío, y en ese momento me di cuenta de que esta guerra iba a escalar. Me sentía como un árbitro atrapado entre dos fuerzas imparables, y aunque pretendía estar en control, algo en el fondo me advertía que esta situación era como jugar con dinamita.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD