Carolle sintió que el aire se cortaba entre ellos. Quería intervenir, pero las palabras se atascaban en su garganta. Mateo desvió la mirada hacia ella por un instante, con una expresión indescifrable, antes de regresar su atención a Hilbraim. —No estaba haciendo nada indebido —dijo Mateo con serenidad—. Sólo le preguntaba qué hacía aquí, nada más. Hilbraim entrecerró los ojos, como si analizara cada palabra en busca de algún doble significado. Finalmente, soltó un suspiro forzado. —Le sugiero que termine su copa y regrese a su lugar, padre Mateo. Carolle y yo tenemos otros asuntos que atender esta noche. Mateo sostuvo su mirada por unos segundos más, pero al final asintió. —Por supuesto, señor Delacroix. Que tengan una buena noche. Se giró para alejarse, justo cuando Laura regresaba

