Harper apretó la mano de su madre y miró al investigador. —Entonces hagámoslo. Liam no puede seguir pagando por los crímenes de ese hombre. Esa misma noche, en una oficina oscura, Nicholas golpeaba la mesa con un cigarro entre los dedos. Uno de sus hombres le había informado de que el ex contador había hablado. —Así que decidió abrir la boca… —murmuró con una sonrisa venenosa. Minutos después, el testigo estaba frente a él, con la respiración entrecortada. Nicholas se inclinó hacia él, dejando ver el filo helado en su mirada. —Escúchame bien. Si vuelves a pronunciar mi nombre en una corte, no vivirás para ver a tu hijo nacer. El hombre tragó saliva, sudando frío. —Y-yo solo quería hacer lo correcto… —Lo correcto —repitió Nicholas, casi burlándose—. Lo correcto es obedecerme. A la

