—Puede besar a la novia—dice el sacerdote que nos casó.
Los aplausos se hacen presentes al momento en que nuestros labios se unen, lo hice por mi cafetería y estas son las consecuencias de esa decisión.
Noa, mi hermana, Fernando, la pequeña Frida, y Carlo, además de los amigos de Jason son los que saben porque nos casamos realmente, sus padres creen que de verdad nos amamos.
No estoy orgullosa de esta mentira de otras sí pero de esta no.
Rosa y Antonio me felicitan por haber hecho que su hijo sentará cabeza.
—Mínimo quiero tres nietos—nos dice Rosa y yo me pongo tensa bajo el brazo de Jason.
—Ya veremos mamá—le responde de una manera tan... Natural—. No es decisión del todo mía.
—Tal vez... Dos máximo.
Noa llega y no duda en darme un abrazo que de inmediato le contesto.
—Siempre serás mi mamá—consiguió sacarme esa lágrima que no quería derramar—. No te desharás de mí tan fácil.
Me río pero me aferró a él, yo también lo quiero de esa manera.
En el salón donde se lleva a cabo el evento de celebración, la música suena y la comida es servida en porcelana fina. Nos llaman a la pista a mí y a Jason para el baile principal que tenemos que abrir como marido y mujer, mis nervios son presentes pero cuando las manos de Jason toman mi cintura y sus ojos se encuentran con los míos todo se vuelve nada.
Creo que me enamoré o lo estoy haciendo.
Al terminar de bailar me besa y es lo que necesitaba para que me llevará a las nubes.
Los aplausos se vuelven nada en mis oídos todo se vuelve él solamente.
Todo se va al diablo, por qué me dejó arrastrar por sus labios.
((Jason))
Sus labios son una maldita droga que me arrastra a volverla a consumir.
Tenía mis dudas cuando entré a la iglesia.
¿Vale la pena decirle adiós a mi estilo de vida por una empresa?
Pero al verla entrar con ese vestido de novia y esa sonrisa que no parecía fingida las dudas se fueron, hice bien en escogerla a ella como mi esposa.
Ahora estamos en un salón con personas que realmente creen que nos amamos y queremos... Algunas saben la verdad de este matrimonio arreglado que fue provechoso para ambos.
Creo que me estoy enamorando de ella, pero no quiero hacerlo.
Intentaré no enamorarme de ella, voy a intentar alejarme de ella.
Miró de nuevo el anillo en mi dedo y después a mi esposa que baila con su hermana.
Me sorprende lo rápido que Mariana superó el tema de su violación, bueno, ayude a que el maldito que lo hizo se quedará en prisión por un largo, pero muy largo tiempo. Fue fácil encontrar evidencia de que el idiota robaba a la empresa en la que trabajaba.
Fernando se sienta a mi lado y sin decirme absolutamente nada.
—No la lastimes—me de mis pensamientos—. Sara no necesita que la lastimen más de lo que ya lo hicieron.
—¿Ya han lastimado a Sara?—asiente.
—Al menos tú si te presentaste a la iglesia.
Miró de nuevo a Sara que está vez baila con Noa. Ese chico que se ha ganado mi cariño, ya vi porque Sara lo quiso adoptar, el chico es muy listo, brillante, un orgullo para cualquier padre.
Veré si puedo conseguirle una familia aunque sé que no dejará de ver a Sara, porque ella es como la madre que Noa no tuvo en años y que la encontró en Sara.
Después de medianoche Sara y yo nos vamos a casa, nuestra casa.
Me acerco a ella para ayudarla con vestido, pero me aparta.
—No.
—Déjame ayudarte con el vestido—niega con la cabeza.
—Lo siento... Pero no te acostarías conmigo—me regresa mis palabras—. Así estoy bien, gracias.
Me voy a la cama y la observó desde ahí, se quita el vestido que de inmediato cae al suelo.
La piel de su espalda queda al descubierto para mí. Hago lo que puedo por contenerme de no ir y traerla a la cama para que vea de qué soy capaz de hacer con su cuerpo y que lo va a disfrutar tanto como yo.
Mis ojos disfrutan la vista de sus piernas al descubierto, de sus glúteos que me llaman de una manera impresionante.
Un gruñido sale de mis labios provocando que ella volteé a verme y una sonrisa se forme en sus labios.
—¿Qué tienes?—la mato.
—Nada... ¿Puedes cambiarte en el baño?—consigo un tono frío y vacío.
Su sonrisa desaparece y es remplazada con una mueca de dolor.
—Sí... Mmm... Nada.
Toma sus cosas y se mete al baño.
El agua se escucha caer y uno que otro moqueo desde adentro.
Tomo mi celular y le mando mensaje a Amanda para que me mande los reportes del mes.
Quiero distraerme con algo que no sea mi celular.
Sale del baño ya cambiada con un pijama de seda roja.
—Te vas a cambiar de habitación—digo mirando mi teléfono—. Es la que está a un lado de la mía.
—¿Tan mal estoy que no me quieres en tu cama?—su voz se escucho rota.
—No es...
—Está bien... Buenas noches.
Toma el vestido y sale de mi recámara cerrando la puerta al salir para escuchar como azota la otra momentos después.
Me levanto para ir a verla pero al intentar abrir la perilla me doy cuenta que está con seguro, le tocó pero no me abre la puerta.
—Vete Jason—su voz... No me gusta el tono de su voz.
—Sara déjame entrar.
—¿Para qué?—escucho sus pasos hasta llegar a la puerta—. Tú tienes tu habitación y yo la mía no hay más discusión.
—Sara...
—¡Vete Jason!—suspiro y me retiro de la puerta.
Me acuesto de nuevo en mi cama y después de un rato consigo quedarme dormido.
En la mañana que me despierto veo que la puerta de la recámara de Sara está abierta y no dudó en ver por qué.
No hay nadie en ella, bajo las escaleras para ver a Thalía limpiando como todas las mañanas.
—¿Dónde está Sara?—da un brinco al escuchar mi voz.
—Condenado muchacho—dice y yo ruedo los ojos—. Se fue a trabajar en la mañana.
Miró la hora en mi celular y ya son las dos de la tarde.
Me voy a trabajar y me quedo ahí hasta tarde, no quiero ver a Sara por el momento.