Me lleva a mi casa y se queda un rato conmigo, pido una pizza para cenar mientras lo veo sentado sin decir nada en lo absoluto, me siento a su lado.
Esperamos en un silencio incomodo a que la pizza llegué, pongo una película y él solo observa con detalle a que la ponga.
—¡Y prendió!—celebró.
Me siento de nuevo a su lado, mientras acomodo todo.
La pizza llega y no dudó en levantarme levantarme y pagarla.
—Gracias Tobías—le digo a mi repartidor estrella.
—De nada Sara... Tal vez a la otra me quedé a comerla contigo—me guiña un ojo y se retira.
Cierro la puerta y la mirada del señor del mal me perfora en muchos aspectos.
Dejo la pizza en el mueble más cercano para inmediatamente como me jalan al sillón. Sentándome en sus piernas.
—Jason...—sus labios caen en los míos.
No dando un beso tierno sino todo lo contrario, uno de pasión y necesidad que gustosa lo sigo.
Nuestros labios siguen ese ritmo sus manos se deslizan por mi espalda para después bajar el cierre de mi vestido.
Lo baja y no puedo creer que lo esté dejando hacerlo.
Quito su saco entre besos, pero después todo cambia al detenerse y captar lo que estamos a punto de realizar.
—Perdón. Me deje llevar—dice recuperando la conciencia—. No me acostaría contigo.
Me levanto de sus piernas y trato de no romperme en ese momento.
—Sara...
—Vete—mi voz suena como estoy.
—Sara... No me refiero a...
—Vete.
—Sara...
—¡Qué te vayas Jason!—mi voz sonó rota.
Se levanta y se va.
Me quedo sola con un dolor horrible en el pecho.
(-)
Una semana ha pasado desde que pasó el incidente con Jason. El trabajo en la cafetería aumento por la sala de música que abrieron dos cuadras antes de llegar a mi cafetería.
He escuchado la bella música que sale de ahí y me gusta pasar aunque no lo necesite.
Noa a venido un par de veces, al parecer se metió a clases de fútbol y le gusta mucho el deporte y ese es el que más le gusta.
Tengo el vestido de novia que la madre de Jason me regaló. Bueno, que me compro hace una semana, el padre Jason cree que amo a su hijo al igual que su madre, aunque yo no lo crea.
Su hermana me ha estado ayudando en el café, por increíble que me parezca.
El día de hoy Paulina está sentada en la cafetería mientras hace su tarea de la escuela, si tiene quince años y está en la secundaria.
Me siento junto a ella cuando un alegre Noa entra por la puerta con una enorme sonrisa y baila de alegría.
—Adivina quien sacó diez en historia y geografía—me presume mostrándome sus notas de la escuela.
Toma la lista de notas y veo que tiene un ocho en matemáticas y un seis en química.
—¿Y estas dos?—le muestro la calificación y baja la cabeza.
—No le entiendo a la química—se sienta junto a mí—. Y las matemáticas son una abominación.
Paulina levanta la vista y parpadea muchas veces al ver a Noa.
—Noa, ¿Puedes traerme una tarta de chocolate?—asiente levantándose.
—¿Puedo tomar un capuchino?
—Sírvete.
Giro veo a Paulina que no deja de ver a Noa mientras sonríe.
—Oye ya deja de verlo así—curioseo un poco—. Patri...
—¿Tiene novia?—su pregunta me saca una sonrisa.
—No que yo sepa—me río y se sonroja.
—No le digas...
—¿Decirle que te gusta?—asiente sonrojada—. No le diré pero si quieres conquistar a mi muchacho y que no te deje de seguir ayúdalo con química, sé que eres buena en ello.
Le guiño un ojo cunado mi niño se sienta de nuevo en mi lado.
—Tarta para ti—me da la tarta de chocolate—. No supe que traerte así que te traje una rebanada de pastel de vainilla-se lo pone en la mesa—. Y para mí un rico Capuchino.
—Noa, te presento a Pau—mueve la mano saludándola—. Pau te presento a Noa.
—¿De dónde conoces a mi mamá?—le pregunta y los ojos de Paulina se abren al oír como me llamo Noa.
—¿Jason sabe que es tu hijo?—mi muchacho se ríe.
—No soy su hijo de sangre—se ríe y Paulina se sonroja—. Ojalá lo fuera. Además Jason ya me conoce y sabe que no le dejaré de decir mamá a Sara.
Ruedo los ojos al oír sus palabras que ya conozco de memoria.
Hablamos por un rato entre los tres, consigo que Noa acepte como tutora de química a Paulina y que ella lo acepte como tutor de geografía.
Me llevo a los dos muchachos a comer hamburguesas después de cerrar. Los dos van atrás ya que no quisieron separarse.
Sonrió cuando veo que Pau le da su número telefónico pero que mi muchacho no tiene más que el del orfanato. Cambio de idea y manejo al centro comercial.
Estacionó, bajamos y los llevo a comprarle un celular a Noa.
Cuando por fin lo tiene en las manos, Paulina es el primer contacto que se guarda en el celular. Caminamos después de cenar a la camioneta cuando un par de chicas detienen a Noa.
—Hola Noa—lo saluda una castaña de ojos verdes.
—Hola Jane—le da un beso en la mejilla.
—¿Quiénes son las chicas?—la morena nos ve a mí y a Paulina.
—Mi mamá y Paulina, la hermana de mi futuro padrastro. En pocas palabras mi tía.
—Se ve muy joven para ser tu mamá—le dice la morena.
Se encoje de hombros.
—¿Ya tienes pareja para el baile?—a veces olvidó que Noa se cambió de escuela por problemas educativos.
—Nop.
—Cariño, a mí no me has dicho quienes son estas bellas señoritas.
—Ups...—Paulina toma mi mano—. Mamá, ellas son Jane y Keyla, dos de mis compañeras.
—Un enorme placer conocerlas.
El teléfono de Paulina suena y no duda en contestar.
Mientras esperamos a que Noa se desocupe mientras habla con las señoritas que no dejan de pasar sus manos por los hombros de Noa.
—Nunca le voy a gustar—dice de la nada.
—Pau, tienes una bella personalidad—niega.
—Para los chicos no es importante—se queja—. Tetas y nalgas es lo que les llama la atención hoy en día.
Me río y niego.
—Noa no es de esos—miro a mi muchacho que retira de manera amable las manos de Jane—. Sé que es muy testarudo pero créeme no les hará caso.
—No parece.
Un claxon se escucha en el estacionamiento y al girar la cabeza vemos a Jason saliendo de su vehículo.
—Ya llegó el gruñón—me río por sus ocurrencias.
Se acerca y nos levantamos sin dudarlo, cuando me tiene cerca me besa en los labios descalcondome por completo.
—Buenas noches, Sara—me saluda después de besarme.
—Buenas noches, Jason.
Paulina baja la cabeza cuando ve algo que yo no, sigo la dirección en la que veíamos y Noa está recibiendo un beso de Keyla.
—¿Puedes llamarle a Noa?—le pregunto a Jason.
—¿Por?—sus ojos viajan a Noa y luego regresan a mí, pero con los míos señaló a su hermana—¡Noa!—se separa de la chica y le dice algo para que luego llegue a nosotros.
—Hora de irnos—digo en tono bajo.
Noa va callado pero con una sonrisa algo notoria, va a mi lado mientras manejo de regreso al orfanato.
Paulina se puso muy triste al ver como Noa recibía un beso de otra chica.
Estacionó frente al orfanato y la cara de Noa es triste.
Suspira y se baja del auto sin decirme adiós o algo parecido.
No lo podré adoptar nunca.