La noche de la celebración de henna había dejado su rastro en Ayse. Mientras los últimos ecos de las canciones aún resonaban en su mente, decidió salir al jardín a respirar el aire fresco de la mañana. Su rincón favorito, escondido entre los arbustos frondosos y árboles altos, la esperaba con su tranquilidad habitual. Vestía un sencillo vestido blanco, y el libro que llevaba en las manos era su escape temporal, su forma de calmar la mezcla de emociones que seguía sintiendo tras la ceremonia. Mientras se sentaba en el banco de piedra, una ligera brisa acarició su rostro. Cerró los ojos y comenzó a tararear una melodía que su madre le había enseñado, un eco de su niñez que siempre le traía paz. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no notó los pasos firmes que se acercaban, ni la sombr

