Mi alma gemela
Iris iba subiendo el ascensor de su apartamento, sintiendo un poco de temblor en sus piernas, pues allí la esperaba su esposo y ella no llevaba la noticia que él estaba esperando. Eso la inquietaba bastante, ya que sabía que él era agresivo y odiaba que las cosas no salieran como deseaba cuando las deseaba. Cada vez que se acercaba a la puerta su corazón brincaba y su cuerpo se llenaba de ansiedad, pero lo peor de todo era que culpaba a su hija por lo que sucedía.
—¿Por qué siempre Ashley la pone tan difícil? —se lamentaba molesta.
En ese momento necesitaba un documento importante para entregarlo a su marido, justamente cuando su hija estaba de luna de miel y sabía que era imposible conseguirlo hasta su regreso. Ella entró a su casa y lo encontró en una llamada. Él, con los gestos, le preguntó si lo había llevado con ella, y al responderle que no, rápido sus ojos cambiaron de color, se enrojecieron y la ira se podía ver desde la distancia.
Con sus manos temblorosas y mirada asesina terminó la llamada y lanzó el teléfono rompiéndose contra la pared en mil pedazos. Era el octavo teléfono que había comprado en el año y apenas iniciaba, pues todo terminaban en pedazos y cuando él hacía sus berrinches consentidos ella temblaba ante cada uno de sus episodios violentos.
—¡Maldita sea Iris! ¡Maldita sea!
—Yo… yo.
Él apretó fuerte su puño y la miró fijamente a los ojos, consiguiendo que el miedo la arropara y fuera difícil pronunciar palabra. Ella solo estaba allí de pie, esperando una reacción violenta en cualquier momento.
—¿Cómo puedes llamarte madre? En mi adolescencia, cuando mi madre me daba una orden... Yo temblaba y la cumplía en el momento, o tenía serios problemas ¿Qué clase de madre eres? ¿A dónde está respeto? —le dijo acercándose mientras ella retrocedía lentamente temblando del miedo.
—Como mi hija no está en el país, ya que está de luna de miel, no encontré el título. Es un documento importante, no lo va a dejar a donde puedan tomarlo y mucho menos en la empresa.
—Existen los teléfonos celulares ¿Lo recuerdas? No estamos en la época de los dinosaurios. —La miró con indiferencia —Época en la que naciste. ¿La llamaste y le comunicaste lo que necesitas?
—Fui hasta su oficina, hablé con su amiga y me dijo que todos los documentos importantes los tienen los abogados y Ashley...
—Sí, ¿qué dirás ahora? Que Ashley llevó a los abogados para su luna de miel. Eres una inepta. —Él con su mano la golpeó en el rostro haciendo que cayera al piso y rápido la sangre comenzó a salir de su boca. —Tú no me mereces y estoy pensando en dejarte sola, estoy muy decidido a hacerlo y eres tú quien me ha llevado a este punto. ¿Por qué te gusta verme descontrolado? ¿Por qué?
Él gritaba como loco mientras sostenía su cabeza con sus manos. La miraba y la culpaba de sus desestabilidades emocionales.
—Siempre hago lo que me dices, no es justo que me trate de esta manera. —reclamaba entre lágrimas. —Te dije anteriormente que a mi llegada, le iba a pedir el documento y preferiste esperar hasta la boda.
—¡Maldita desgraciada! ¿Me harás culpable? ¿Dirás que fui yo? ¡Claro! Debes buscar un culpable para ganar como siempre —él la sostuvo por el cabello y la sentó en el sofá. —Tu hija no puede ser la dueña absoluta. Tú también eres dueña y necesitas exigir tu derecho y traer dinero a la casa. Nadie te obliga a poner los ojos en un hombre exclusivo como lo soy yo. Sabes que tengo gastos y debo tener lo que necesito y no puedo esperar que Ashley decida dar limosna. ¡Es para cuando lo necesite y te lo ordene! —gritó con su mirada perdida.
—Cuando ella llegue, voy a hablarle y seguiré exigiendo lo que es mío, pero no me maltrates, por favor, yo te amo.
—¡Tarde! Sabes que no me gusta esperar, así que tengo que sacar mi ira contigo. —él tomó un cinturón y ella en el mueble cubrió su rostro con sus manos para recibir una golpiza de aquel despiadado hombre. Él estaba muy enojado, estaba todo nervioso, pues ese día no había consumido lo que le gustaba y según él lo tranquilizaba.
—Sabes que si no tomo mis pastillas del día me vuelvo agresivo —mirándola llorar, se sentó y acarició su cabello. —No me gusta, no me gusta hacer esto... Eres quien lo provocas, yo estoy tranquilo y solo te pido algo sencillo, pero siempre me llevas a este extremo. ¡Perdón!
—Te dejé el dinero en el comedor, donde siempre lo he dejado.
—Eres tonta, muy tonta. Siempre te digo que debes de comunicarme todo, dejar una notita o un mensaje. Bueno, un mensaje ya no. —él miró en dirección hacia donde estaba roto el teléfono —Ahí está roto, ya no tengo teléfono otra vez.
—Pues te tocará esperar, porque como me dejaste mi rostro no podré salir a la calle.
—No seas tonta, Iris. Si tú no puedes ir, puedo ir yo mismo a comprarme un móvil. Acaba de salir un equipo nuevo, necesito dos, porque le dije a Pedro que le voy a regalar uno. Así que ya sabes, necesito la tarjeta.
Ella le dio la tarjeta y él siguió acariciando su cabello y pidiéndole perdón por lo que acababa de hacer, pero también la hizo culpable como siempre. Cuando él se marchó, ella comenzó a llorar. Al principio él no era agresivo, más había cambiado por completo, se había vuelto muy violento y con mucha frecuencia destruía las cosas e intentaba golpearla. Por eso, más que nunca, se repetía que había sido un error todo el tiempo con él, pero tenía miedo de pedir ayuda y decir lo que estaba sucediendo entre ellos.
De todos, su mayor temor era que él la abandonara, pues se sentía vieja, se sentía fea y sabía que si la abandonaba, ningún hombre nunca posaría su mirada en ella y eso siempre la mantenía sometida y aterrorizada.
«Ring, Ring, Ring»
—¡Hello! ¿Sé habrá acabado el mundo? Acabo de tomar mi celular en las manos y rengo 200 llamadas tuyas pérdida y de mi madre también.
—Espero que mínimo estés cogiéndote bien rico con Steven para durar dos días completos sin tomarme las llamadas ni responder los mensajes. —le reclamó de inmediato.
—¿Qué dices? No sé ni cómo puedes pensar eso. Sabes que este matrimonio es todo una falsa ¿Cómo voy a tener relaciones con él? ¿Estás loca?
—Ashley, suenas hasta irracional. Estás joven, disfruta de la vida y sus placeres... Para ir por ahí a enganchar tu virginidad con cualquier estúpido. Steven, ahora es tu esposo, y me vas a perdonar, pero está hecho un bombón. Cada día está más atractivo.
—Pues no habrá problema con eso, amiga. En cuanto salga el divorcio, te lo puedes quedar para ti solita. Tengo bastantes problemas en mi cabeza y, en cuanto vi todas tus llamadas perdidas, mi corazón dio un salto. ¿Qué sucede?
—Tu madre ya estuvo aquí y ha hecho todo un espectáculo. Limpió el piso conmigo, no saben lo mal que me hizo sentir frente a todo el personal de la empresa.
—Siempre te he dicho que tienes celos de ti, así que no le hagas caso. Solo está buscando excusas estúpidas para culpar a alguien de nuestra lejanía, pero sabe que ella es la única culpable de que haya barreras y fronteras entre nosotras.
—No sé lo que andaba buscando, pero vino decidida entrar a tu oficina. No paraba de repetir que si no buscábamos una llave, ella buscaría un cerrajero y entraría por la fuerza.
—¿Qué le sucede? ¿Acaso está loca? Ahora entiendo el motivo de todas las llamadas que me ha hecho ¿No te dijo que deseaba?
—No, solo me dijo que era tú lamebotas, tu sombra, que no soy nadie, que siempre dañe su relación porque me creía más que su madre, y que ella tenía el mismo derecho que tú en la empresa.
—Tú no eres mi lamebotas. Tú eres mi ángel de la guarda, mi alma gemela y no te amo, yo te adoro. Así que más allá de lo que diga mi madre, ella siempre ha estado ausente y tú estás presente. No le prestes importancia y recuerda que eres yo, cuando no estoy presente, y eso todos lo saben. Nos íbamos a regresar mañana, pero Steven me insistió en hacer un paseo marítimo y lo acepté.
—Eso quiere decir que están haciendo actividades juntos y conociéndose más. Me alegro mucho.
—Por eso no he tenido el teléfono en la mano. Él me dice que necesito salir de mi realidad y crear mi propia burbuja. No te digo que no me desagrade al recordar quién era, pero mala compañía hasta ahora no ha resultado.
—Entrégate a la vida y disfruta. Te espero tranquila y juiciosa, y si tu madre regresa, le diré que te llame o espere a tu regreso. Tú sigue disfrutando y recuerda que tienes un manjar para ti sola, no es más que te sirvas y lo disfrutes.
—¡Luz! Me acordaste de Ana, no seas insoportable, que ella ya tiene ese papel protagónico.
—Hablando de esa señorita. Llamó muy indignada porque no fue invitada a tu boda. Dice que viene a visitarnos por tres días y nosotras le tenemos que contar todos los detalles, y el porqué ella no fue tu dama de honor o uno de los invitados estrellas de la gran celebración.
—¡Ay no! ¿Qué estaré pagando en esta vida? Ahora, si te dejo, voy saliendo a almorzar, me muero de hambre. ¡Te quiero!
—¡Disfruta, también te quiero!
Luz se quedó contenta al escuchar a Ashley con buen ánimo. Ella le deseaba lo mejor, ya que siempre estaba enfrentando situaciones. Todo tenía que detenerse hasta su regreso, pues ella siempre había detenido los avances de su vida por estar detrás del monitor, ahogada en el trabajo y los caprichos insoportables de su egoísta madre y su padrastro.
Esa tarde, Jonás gastó a manos llenas en compañía de sus amigos, ignorando todo el daño que le hizo a la persona que solo sabía brindarle amor.