05. Informe desde Auschwitz

759 Words
Arthur Schmidt se encontraba en el campamento leyendo una carta enviada desde Auschwitz. Tragó grueso cuando le informaron del comportamiento de cada uno de los líderes que manejaban ese infierno. El angel de la muerte hacía experimentos con los judíos, y el diablo tenía en protección a una judía. Sonrió, quien iba a creer que el diablo cuidaría de alguien si el mismo no podía ni hacerlo. Según lo que le decía cabello de angel en la carta era que el diablo se había enamorado de la judía, la hija del general Hoffman. Juno, creía Arthur que se llamaba, al igual que él también ejecutaba el piano de manera magistral hasta que fue deportaba junto a su hermano a Auschwitz. Arthur bufó, debía ser duro que después de tener una casa espectacular, una vida perfecta, ahora estuviera comiendo mierda en un sitio como Auschwitz. Se lamió los labios dejando la carta a un lado cuando Ronald entró a la oficina. —Queridisimo capitán Schmidt, pensé que seguía en Auschwitz—dijo, con reverencia ante su líder. —No, ya llevo unos meses aquí—musitó, sentándose, posando sus pies encima del escritorio—. Siéntate—le señaló la silla. Ronald obedeció. —¿Tú eres muy amigo del diablo, es cierto? El soldado se estremeció un poco. —Si, lo somos señor —¿Que tanto lo conoces? Ronald cambio de postura inquieto, no era normal que estuvieran preguntando por el diablo. —Ax y yo nos criamos juntos señor. —Ya veo—Arthur bajó sus pies del escritorio, tomando una postura más seria, más endurecida—. Me han contado que tiene bajo su protección a la hija del general Hoffman, Juno, si no estoy mal en su nombre. Tragó grueso. Fingió demencia, Ronald sabía de lo que le hablaban, hace pocos días había recibido una carta de Auschwitz dónde Fritz le contaba que su queridísimo amigo estaba enfermo. —Desconozco su nombre señor. —Bien. ¿Crees que Ax está enamorado de una asquerosa judía, o solo son malas lenguas y celos de cabello de angel? Sonrió un poco nervioso aunque no se lo dió a desmontar a Arthur, porque él si que era cruel y no tenía misericordia de nadie. —A lo mejor se la está follando, la tiene de servicio, que sé yo. Pero, enamorado... no lo creo—setenció rogando que fuera así. —Muy bien, eso espero—se apoyó más hacia adelante con una mirada amenzante—. Dicen que golpeó al ángel de la muerte. —Con todo respeto señor, Mengele es una mierda, se dicen muchas cosas de él... —Estoy informado de todo, hasta de sus experimento y lo he permitido. Ronald se removió del asiento. —De todas formas, tendré que ir allá a investigar o enviar a alguien a qué supervise y investigue al diablo, probablemente, vengas con nosotros. —¿Cuándo sería señor? —Muy pronto Ronald, muy pronto. —Si señor—se levantó de la silla para dirigirse a la puerta, tenía que escribirle a su amigo, avisarle que se cuidara cuando escuchó la voz ronca de su superior. —Ronald. —Señor...—dijo mostrando reverencia. —Dos cositas más. Se le quedó mirando directo a los ojos verdes del hombre que tenía enfrente. —Primero, quiero hacer unas cosas en mi casa antes de marcharme a Auschwitz y construir un muro y otras cosas que tengo en mente. Envía una carta a Auschwitz pidiendo unos 8 judíos para que vengan a hacer esa mierda. —Si señor. —Segundo, quiero que investigues a alguien. Que sea confidencial, que nadie se entere porque si descubro que alguien más sabe, te disparate directo en el culo, ¿quedó claro? Ronald tragó grueso —Quedo clase mi queridísimo señor. —Bien. Quiero que investigues a una muchacha, se llama: Greta Meyer. —¿Algo específico sobre ella? —Todo... quiero saber todo sobre ella. Familia, esposo, hasta su jodida ropa interior. Confío en tí, no le defraude. Ahora, retirate. Ronald salió de la oficina de Arthur con el corazón enloquecido de pánico. Debía comunicarse con el diablo lo más rápido posible y investigar a esa tal Greta, le daba curiosidad porque era tan secreto para un zorro viejo como Arthur Schmidt... Lo descubriría, de seguro que sí. Y fue así como Ronald puso en alerta al diablo. **** Notita: ¿Comentarios? los leo a todos... jejeje. Ya sabemos quién le tenía la piedra montada a nuestro Ax. Era Arthur. Un abrazo ?
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