Capítulo 16– La Noche de las Luces El restaurante Varela nunca había brillado tanto. Desde las primeras horas de la tarde, el equipo entero se movió como si orquestara una sinfonía: copas de cristal alineadas con precisión milimétrica, manteles blancos que se extendían como mares de pureza, y velas altas que iluminaban cada mesa con un resplandor cálido y envolvente. Los lirios frescos, colocados en jarrones bajos, perfumaban el ambiente con un aroma delicado que contrastaba con la intensidad de los sabores que esa noche se iban a servir. Lo extraordinario no era que abrieran el 31 de diciembre —las reservas para esa noche estaban tomadas desde hacía meses, con apenas diez mesas exclusivas destinadas a parejas y familias que querían despedir el año de la manera más exquisita posible—. Lo

