Era un día común y tranquilo en la universidad “Adelaida Harrison” nombrada así en honor a una mujer adelantada a su época. Los pasillos estaban abarrotados de alumnos, entre estos Ana Marie, caminaba evitando chocar o cruzar miradas con las demás personas. Estaba apurada. Debía encontrar a Daniela. Llego al patio de la universidad.
Escaneo todo el lugar con la mirada, hasta que la encontró.
Daniela estaba sentada en una banqueta bajo un árbol junto con sus compañeras de clase, su amiga estudia comunicación social y la mayoría del tiempo la pasa junto a ellas.
Se acercó y vio como una de las chicas la miraba con desprecio, algo que Ana Marie correspondió con mucho gusto.
–Hola, Daniela. Hola, chicas –saludó con la cortesía que la caracterizaba, pero evitando ver a Lisa.
Todas devolvieron el saludo.
–Daniela, ¿podrías venir a ayudarme con algo? –Inquirió Ana Marie.
– ¿Acaso no ves que está ocupada? –se metió Lisa.
Daniela la mira mal al igual que Ana Marie.
– ¿Acaso no te enseñaron a no entrometerte donde no te incumbe? –rebatió Ana Marie, con desprecio.
Cuando Lisa iba a replicar, Daniela se levantó del banquillo y miró a Lisa molesta.
–Suficiente, las dos. Lisa, deja de meterte con Ana –regaño, luego fijo su mirada en Ana Marie –. Y, Ana, no vuelvas a caer en su provocación. No vale la pena.
Lisa inflo sus mejillas claramente insultada, Ana Marie solo asintió sin más y se alejó escuchando como Daniela la seguía.
Lisa es una joven rubia, alta y esbelta, pero con una actitud insufrible. Se ganó una beca completa gracias a que fue porrista en la secundaria, había optado por estudiar comunicación social, por lo tanto compañera de clases de Daniela y con quien siempre se junta para los trabajos y presentaciones grupales. Para desgracia de Ana Marie. La razón por la que ambas se detestan es más por simple prejuicio, Lisa considera a Ana Marie una estirada pretenciosa y una aduladora y Ana Marie por el contrario la considera una chica superficial, molesta, poco agradable y muy clasista, creyéndose superior a las personas por su situación económica.
– ¿Qué es tan importante como para acercarte a un metro de Lisa? –inquirió Daniela, intrigada caminando al lado de su amiga.
–Ya lo verás cuando lleguemos –me debes una, idiota –. ¿Porque sigues estando en el mismo círculo que Lisa? Y no, no te estoy diciendo que no andes con ella o que no seas su amiga. Solo que ella es…
–Irritante, odiosa, narcisista, superficial –completo sabiéndose de memora todos los objetivos que Ana Marie ha dicho desde hace casi tres años.
–Exactamente –concordó –. Me sorprende que a ti te trate como a una persona.
–Porque no es tan mala como la pintas, y tú no eres como ella te pinta. Quizás deberían intentar conocerse, así podrían dejar sus tontas riñas –se encogió de hombros, mientras revisaba su teléfono con preocupación –. Axel ha estado actuado raro, ¿no te habrá dicho algo? Me tiene con los nervios de punta.
–Sabes que apenas si cruzo palabras con él –mintió –. ¿Por qué lo dices? ¿Tienen problemas en el paraíso?
–Te has puesto muy bromista, ¿no?
–Dijiste que hablara más y eso estoy haciendo –se encogió de hombros, indiferente –. Ahora no te quejes, que ya casi llegamos.
–Estamos llegando a la entrada de la universidad –señaló Daniela –. ¿Piensas saltarte las clases?
Ana Marie rió a carcajadas como si fuera la cosa más divertida y absurda que hubiera escuchado. Daniela la miro mal, pero luego se unió a las carcajadas, después de todo había dicho una completa locura, su amiga nunca se saltaría las clases a menos que la visita de Andrés llegase antes de lo esperado.
Al llegar a la entrada de la universidad, varios alumnos estaban alrededor expectantes. Daniela los miro confundida y miro a Ana Marie en busca de una explicación, justo cuando una serenata empezó a sonar y con ella acompañada de una voz gruesa, pero melodiosa. Y Daniela conocía muy bien esa voz.
Axel estaba tocando la guitarra y unas chicas sostenían un cartel que decía “Feliz primer mes juntos, amor”. Varias chicas empezaron a suspirar y murmurar la suerte que tiene Daniel, los chicos miraban con sonrisas burlonas a Axel. La canción que canta era Perfect de Ed Sheeran. Ana Marie adoraba la canción al igual que su amiga quien tiene los ojos brillosos por las lágrimas, Daniela no podía creer lo que estaba viendo y se sentía la chica más afortunada de la historia.
Al terminar la serenata, Axel le entrega su guitarra a Álvaro quien a cambio le da un gran ramo de rosas blancas y rojas con chocolates dentro.
Axel camino hasta su novia con un rubor en las mejillas y una sonrisa boba de enamorado, Daniela no espero y se abalanzó sobre él dándole un apasionado beso, por poco lo tira al piso, pero Axel correspondió el beso inmediatamente. Los gritos, aplausos y uno que otro comentario fueron la culminación de la sorpresa.
Ana Marie encontró la mirada de Álvaro sobre ella, el gesticulo un “buen trabajo” y ella hizo un gesto con la mano quitándole importancia, para luego seguir contemplando a los enamorados.
………………..
Daniela no cabía de la felicidad y eso estaba agotando a Ana Marie. Sus parloteos sobre la muestra romántica de Axel le pareció un buen tema de conversación hasta que Daniela decidió extenderla por más de una hora. No es que no se alegraba por su amiga, ella había contribuido con Axel pese a que no cruzaban más de dos palabras entre ellos, por lo que se había extrañado y alagado de que Axel le pidiera ayuda para la sorpresa de Daniela. Le dijo cuál es su música favorita y que tipo de rosas comprar, ya que consideraba importante seguir el idioma de las flores.
Y nada decía te amo como unas rosas rojas y blancas. La combinación perfecta de: pureza, amor puro y pasión.
Hasta se podría decir que había congeniado con Axel, ahora considerándolo como un conocido agradable.
–Daniela, sabes que te quiero y eres una gran amiga, pero por favor ya deja de hablar de la serenata de Axel –rogo con las manos juntas, pidiendo clemencia –. Amo el romance no me malinterpretes, pero ya es demasiado. Te escuche por más de una hora, ¡una hora te digo! Y se está haciendo repetitivo.
Otras personas se hubiesen enojado, pero Daniela estaba tan feliz que lo dejo pasar. Hasta ella sabía lo que era estar en el lugar de Ana Marie, pues Ana era muy apasionada con las películas y los libros, por ende, sabía por lo que estaba pasando su amiga bienaventurada.
–Quiero que hoy me ayudes a prepararme –dijo Daniela con convicción –. Le daré una sorpresa a Axel que lo dejara satisfecho.
– ¿Le cocinaras algo?
–Algo así. No importa. Pero estará satisfecho –sonrió pícaramente.
Ana Marie hace una mueca ante lo poco sutil que es su amiga.
–Me ayudaras con el peinado –siguió, ignorando olímpicamente la mueca de su amiga –. Quiero que me hagas una trenza que me caiga libre por mi espalda.
–Mmm.
………………….
Al despedirse de su amiga desde el vestíbulo se encontró con Edward, quien la saludó efusivamente. Ana Marie se acercó con una clara muestra de confusión, ¿qué hace Edward en su edificio a esa hora? Aunque no es muy tarde a decir verdad, ya que solo eran las 6:00pm.
–Buenas noches, Ana Marie –saludo Edward, mientras se inclinaba y le besaba ambas mejillas.
–Buenas noches, Edward –le devolvió el saludo –. ¿Qué haces aquí? no te esperaba.
–Siempre tan imprudente, amiga –dijo con una sonrisa ladeada –. Necesito un favor tuyo.
–Ya decía yo que algo querías o necesitabas. ¿Qué clase de favor necesitas?
– ¿Así nada más? ¿Sin pan dulce con café en la sala, mientras te cuento el gran favor que necesito de ti?
Ana Marie suspira mientras gira los ojos ante la actitud infantil de Edward, ¿estaría bien fingir estar ocupada? Si fuera así no le creería, Edward la conocía lo suficiente como para conocer sus excusas. Además, nunca se ha negado a escuchar los favores que sus amigos le piden, normalmente los escucha, analiza y para finalmente decidir no ayudarles en caso de que no considerara su participación necesaria. Si, algo frío y muy mal visto en una amistad, pero ella es honesta y no hará algo que sus amigos bien pueden hacer solos. Quizá no es la amiga que toda persona querría, pero si es la clase de amiga que escucha y dice las cosas como son y no lo que quieres oír y; lo más importante, siempre estará en las buenas y en las malas.
Ana Marie se dirigió al ascensor con Edward pisándole los talones. No fue necesario decirle nada, él solito vio cómo al menos aceptaba escucharlo y eso era suficiente para él.
La subida al ascensor vino acompañada de un silencio incomodo combinado con la típica música de ascensor. Ana Marie se preguntó internamente si esos momentos incomodos hacían del tiempo más lento de lo normal, Edward cambiaba de peso de un pie a otro, mientras miraba de reojo a su amiga. Apretó su labio inferior en un gesto indeciso, no sabía si preguntarle o no puesto que sabía que no estaba al cien por ciento como siempre, pese a que ella sabía disimular muy bien sus malestares.
– ¿Has hablado con tu hermana? –inquirió rápidamente, vio por el rabillo del ojo como sus hombros se tensaron y su respiración se detuvo por unos segundo.
Al recuperarse de la sorpresa inicial, Ana Marie adquirió su característica cara estoica e indiferencia cuando hablaba de ella, ya no quería ser la mujer melancólica y llena de culpa por la decisión de su hermana. Y, por mucho que lo intente, no ha dejado de sentir culpa y enojo.
–No ha querido hablar conmigo –respondió sin emoción, evitando verlo –, y yo tampoco la he llamado, he decidido darle tiempo.
Edward la miro no muy convencido, conoce a ambas hermanas desde hace algún tiempo y sabe que ambas son unas mujeres tercas y orgullosas, sobretodo la mayor. Por lo que no le sorprendería que Ana Marie se estuviese muriendo por llamarla y no lo hiciera por su orgullo. El orgullo de una mujer es el muro más grueso que nadie puede romper a menos que ellas mismas lo hagan.
– ¿Desde hace cuánto le has dado “tiempo”? –movió los dedos en comillas.
Antes de que pudiese responder las puertas del ascensor se abrieron, para gran alivio de Ana Marie y para gran decepción de Edward.
La chica salió rápidamente y abrió la puerta de su apartamento esperando que Edward entrase cuando lo hizo, la chica cerró antes de que Edward reanudara la conversación, lo invito a sentarse y fue rápidamente a la cocina. Ahora mismo el pan y el café era su mejor excusa para evadir la pregunta por al menos unos minutos. Cuando sirvió las tasas y el pan dulce espolvoreado con azúcar, pudo encontrar su voz para cambiar de tema, ni de chiste respondería su pregunta; al menos por ahora.
–Ya tienes tu café y pan. Ahora quiero que me cuentes el favor que necesitas –dijo pese a la mirada entrecerrada de su amigo.
–No respondiste mi pregunta –replico –. Pero debo darte el crédito, el café está muy bueno, ya no lo quemas ni te pasas de azúcar –Ana Marie arruga su nariz haciendo que soltara una pequeña risa –. Ok, hablando seriamente, necesito tu ayuda. Y no, no es nada ilegal ni nada que pueda alterar tu estado físico y emocionalmente, creo –las cejas de Ana Marie se alzaron, expectantes. Tomó una pausa y, sin previo aviso, lo dijo: –. Quiero salir con Lisa.
– ¿Lisa? –repitió, aturdida –. ¿De cuál Lisa estamos hablando exactamente, Edward?
–De Lisa Thompson –respondió –. ¿La conoces?
– ¿Acaso el gran Edward Trujillo ha perdido su toque? Siempre fuiste un galán en la secundaria y fuera de ella también. Debes estar muy interesado en ella para pedirme ayuda –bebió un sorbo de su café ya frio –. No puedo ayudarte en tu conquista, Edward, lo siento.
–No pareces sentirlo en lo absoluto –señaló –. Apenas escuchaste el nombre, hiciste esa mueca que siempre haces.
– ¿Y cuál es esa mueca?
–La que siempre haces cuando alguien te desagrada.
Vaya que Ana Marie tenía razón en una cosa, Edward sí que la conoce bien pese a no ser muy cercano a ella.