Capítulo 14

2677 Words
Apuesto a que muchos pensaron que la noche terminaría así, ¡ja! Que equivocados están. Nuestra querida Ana Marie después del primer baile no pudo parar más, la noche aún era joven y ella estaba disfrutando de ella al máximo. Pese a que sabía de antemano que sus pies le dolerían a horrores al día siguiente; la joven siguió bailando, después de todo, se dice que el baile es terapéutico para algunas personas. –Me alegra que lo esté pasando bien, Marie –murmuró Álvaro. El chico la hizo girar y la chica bailaba con el pegado a su espalda. – ¿Qué hora es? Si existe un nombre para el asesino del romance ése sería el de Ana Marie Buenaventura. Álvaro sonrió pese a que esa pregunta lo dislocó un poco, pero era Ana Marie la chica responsable, ¿debió esperar esa pregunta? Si, sin duda alguna. Pero igual le pareció entrañable la facilidad con la que Marie podía matar el romance, ni él era tan bueno en eso y es decir mucho. Si fuera por él bailarían toda la noche, pero sabía que Marie debía descansar para estar al cien por ciento en su curso de idiomas, se esforzaba mucho y no quería perjudicar su aprendizaje pese a que sabía que estaba más que adelantada en la materia. –Creo que más de medianoche –murmuró, cerca de su oreja –. ¿Ya quieres irte? –pregunto casi en un puchero. –No quisiera irme todavía –Ana Marie musitó, mientras giraba para estar cara a cara con Álvaro –, pero debo ir a dormir. Ya me están comenzando a doler los pies y mañana tengo clase. Ambos terminaron el baile cuando la música acabo e inmediatamente otra comenzó, pero Ana Marie considero que fue demasiado baile por una noche, para la próxima bailaría toda la noche. Ambos fueron a la mesa en la que habían estado, Ana Marie recogió su bolso y reviso de nuevo su teléfono obtenido el mismo resultado, nada. Hizo un mohín con los labios. –Voy a llevarte. Comentó Álvaro mientras se ponía su chaqueta de mezclilla. –No es necesario, puedo llamar un taxi. No quiero arruinar tu noche –finalizó en un murmullo. – ¿Y quién dijo que arruinas mi noche? –inquirió serio –. Yo te traje y yo te llevo. Así de fácil. – ¿Pero y los otros? –Ellos son adultos, Marie, pueden cuidarse solos –se encogió de hombros –. Además, si te hace sentir segura, volveré para buscarlos. Me comprometí a ser el chofer esta noche, y si tú quieres irte no tengo problema con ello. Ana Marie desvió la mirada hacia sus amigos quienes aún seguían bailando, riendo y hasta besándose con sus parejas de baile, para luego centrar su mirada en Álvaro. No quería que tomara la molestia de llevarla para luego volver aquí, no quería interrumpir en su diversión. Pero él estaba ahí insistiendo que no le molestaba llevarla, actuando como todo un caballero, lo cual ya es muy raro hoy en día. Por lo que acepto sin más, no podía negar que Álvaro es un gran amigo y el chico que cualquier chica pudiera desear. Además, Álvaro es un chico terco y testarudo. Cuando una idea se le metía en la cabeza no había fuerza sobrehumana que lo hiciera cambiar de opinión, y eso la chica lo sabía de antemano. Era más fácil sobrevivir en parque jurásico y hablar con un reptil gigante que hacer desistir a Álvaro. –Bien –aceptó a regañadientes –. Pero promete que volverás y bailaras por mí. –Sabes que eso es fácil de cumplir. Comenzaron a descender las escaleras para salir del edificio, el estacionamiento estaba abarrotado de autos, motocicletas y hasta bicicletas. El aire gélido del lugar hizo que Ana Marie se estremeciese, hasta que sintió algo cálido cubriéndola y se dio cuenta de era la chaqueta de Álvaro. Detestaba el frío nunca fue una chica con buena resistencia al clima helado, lo curioso es que vive en una ciudad infestada de autos y empresas no muy amigables con el ambiente y esa contaminación debía hacer del clima algo mas cálido y sofocante, pero no, por lo visto las estrategias y políticas medioambientales que la ciudad ha implementado desde hace algunos años hace que el impacto no sea tan drástico; es más hasta podría decir que la ciudad está siendo un ejemplo para que las otras ciudades. Al estar en el auto. Álvaro encendió la calefacción para que Marie dejara de temblar como una gelatina, pese a que le presto su chaqueta la chica seguía temblando y casi castañeando los dientes. Una sonrisa burlona se instaló en sus labios, mostrando que estaba divertido con la situación. Ella al notar su risa burlona lo fulmina con la mirada. –Oh, quita esa sonrisa –refunfuño de mala gana. No estaba para nada divertida con la situación. –No debiste usar ese vestido de tirantes –se atrevió a decir, Ana Marie lo fulmino aún más. – ¡No creí que habría tanto frío! –Se defendió ella, mientras se acurrucaba aún más a la chaqueta –. Siento que estoy en una nevera. –Miren ahora quien exagera. No hace tanto frío, Marie, de verdad no hace tanto frío –hizo una pausa mientras cruzaba un semáforo –. ¿No que ibas de pequeña a vacacionar en sierra nevada? Ese lugar sí que es helado. –Fui el año pasado y fue horrible. Tenía que dormir con cuatro sabanas, una chaqueta, dos medias y con un gran sofá de esos aguados. Y aun así el frío traspasaba todas esas capas, dure como un mes para adaptarme al clima, pero de nada sirvió, aún podía sentir el frío calar en mis huesos –contó, con una mueca divertida por sus esfuerzos inútiles. –Pero no todo fue malo, ¿no? –No, no lo fue. Ese lugar es tranquilo, pacífico y muy inspirador –sonrió con melancolía –. Espero que este año pueda ir otra vez. Aunque dudo que volvamos a ir este año. Álvaro notó su rostro que había adoptado una mueca triste y apagada, así que decidió cambiar de tema para animarla un poco. –Oye. Daniela me comento que aun sigues escribiendo –vio como la tristeza poco a poco desaparecía siendo reemplazada por genuino interés –, ¿es cierto eso, Marie, aun sigues escribiendo historias? Internamente Ana Marie quiso golpear a Daniela por su boca floja, pero debía admitir que su pasatiempo no era un secreto muy bien guardado que digamos, por lo que no debía molestarse, ya que, después de todo, sus obras al fin y al cabo nunca saldrán a la luz entonces, ¿para qué molestarse en ocultarlo? Nunca le permitió a nadie de su familia leer sus escritos ni a sus pocos amigos. Por mucho que lo negara no se sentía lo suficientemente buena como para que leyeran sus obras, amaba la lectura y la literatura, pero sentía que no tenía la imaginación ni la creatividad adecuada para crear algo digno de leer o (como dice ella) entrar a ese mundo nuevo en aquellas páginas. Recordó cuando hizo las pruebas universitarias, tuvo becas a varias universidades y hasta le salieron grandes carreras tales como: Idiomas, Administración de Empresa, Turismo, Diseño Gráfico y Lenguas Literarias. Quiso estudiar lenguas literarias; pero nada le aseguraba que su trabajo estaría a la altura de otros grandes escritores. Por lo que opto por Administración de empresas, no era su carrera soñada, pero era algo con lo que se desenvolvía bien y sentía que tomo la decisión correcta. Pero Ana Lucia creía que estaba equivocada, que esa carrera no era su pasión y que sería infeliz, por supuesto que hubo una fuerte discusión sobre eso y Ana Marie recordaba lo que le dijo a su hermana. –Al menos yo si estoy pensando en mi futuro. No como tú –señalo con voz gélida –. Ni siquiera sabes lo que quieres, vas a cuarto año en la secundaria y aun no sabes qué carrera estudiar. Si sigues así terminaras siendo una… una – ¿Una qué? –pregunto la menor colérica –. Te daré un consejo, hermana, si vas a insultar a alguien al menos termina el insulto. Y si vas a ser una mujer infeliz haya tú, yo a diferencia tuya nunca dejare de hacer lo que me hace feliz. Después de eso Ana Lucia dejo con la palabra en la boca a Ana Marie. La mayor estaba que echaba humo por las orejas, pero años después de esa discusión pudo reconocer la verdad en las palabras de su hermana menor, que hacer lo que uno ama es lo mejor que podemos hacer en esta vida. Hay, hermanita cuánta razón tienes, reconoció Ana Marie internamente. –Marie, ya llegamos –dijo una voz lejana para ella –. ¿Ya te dormiste, Marie, o estas en la dimensión desconocida? La voz chasqueo los dedos en el rostro de Ana Marie, quien miro aturdida a Álvaro quien tenía un gesto de burla. – ¿Qué? – ¿Cómo que, qué? Ya llegamos, Marie –dijo como si fuera lo más obvio –. Por cierto, no respondiste mi pregunta. ¿Aun sigues escribiendo historia? Ana Marie bajó del auto y se inclinó hacia la puerta de este, con una sonrisa condescendiente dijo: –Es posible –dijo con un dejo de misterio. Para acto seguido quitarse la chaqueta haciendo ademan de devolvérsela, pero Álvaro negó. –Quédatela, se te ve mejor a ti. –Pues como no, todo me queda excelente. Álvaro sonrió ante el ego de su amiga. Cada día la veía más confiada y eso le gustaba aún más. –Nos vemos mañana, Marie. –Querrás decir más tarde –corrigió ella –. Es de madrugada, ¿recuerdas? –Bah, ¿no que te ibas a dormir? Vallase a su cuarto, señorita. –Lo que diga, señor Giménez. Hasta más tarde. Se apresuró a entrar al edificio y subir por el ascensor, con el corazón galopando como un caballo salvaje. …………………………………………… Se despertó con los pies adoloridos, como había predicho. Al mirarse en el espejo se dio cuenta de las pequeñas bolsas bajo sus ojos y su cabello pareciendo más a un nido de ratas, fue al baño para ducharse y hacer su clásico tratamiento capilar. Mientras tanto Daniela despertaba con dolor de cabeza como si tuviese resaca pese a que no bebió nada, siendo eso algo lamentable. Intento levantarse para tomar una pastilla pero un brazo fuerte le impidió tal acción, la chica frunció el ceño para luego abrir los ojos como platos. Axel estaba durmiendo como si fuera un bebe sin preocupaciones, debía admitir que su cabello revuelto lo hacía ver más sexy de lo que ya era. Con cuidado levanto su brazo sin despertarlo, al salir de la cama tomo la camisa de Axel y salió de puntillas de la habitación, un pequeño gritito la hizo sobresaltar, era Ana Marie quien tenía un gorrito térmico en la cabeza y miraba a Daniela como si hubiese creído un asesinato. Las mejillas de Daniela se colorearon por la vergüenza, su amiga aún seguía paralizada. Ahora si la traume, se dijo Daniela. – ¡No es lo que parece, Ana! –chilló Daniela en un susurro, alzo ambas manos demostrando inocencia. –Te escabulliste como un ladrón, ¡me asustaste! –respondió –. Creí que alguien entró a robar. ¿Y esa camisa? Oh, no puede ser. Es de Axel, ¿no? –miró inquisitivamente la puerta de la habitación de Daniela, cuando la aludida iba a hablar Ana Marie alzo la mano –. Menos mal que soy de sueño pesado. ¿Quieres café con leche? Aguarden un segundo. ¿Qué estaba pasando? La Ana Marie que conocíamos no actuaría tan tranquila, es más, Daniela esperaba gritos histéricos, regaños y mil y un cosas más. La castaña miraba a la morena como si le hubiera salido una segunda cabeza, por un momento pensó que estaba soñando no, no, soñando no más bien teniendo una pesadilla. Pero Ana Marie miraba a Daniela tranquila, como si el hecho de que Daniela haya podido tener relaciones sexuales a dos pasos de su habitación no fuera nada grave. Además, la chica no mentía con lo del sueño pesado, una manada de elefantes bien podría pasar por la habitación de Ana Marie y esta no despertaría. – ¿Quién eres y que le hiciste a Ana Marie? –espetó Daniela con pose de karate –. ¿Eres un alíen, un clon o su gemela malvada pero más relajada? – ¡Oye! –Shh –chisto Daniela –. Axel está durmiendo. Ana Marie rodó lo ojos y le hizo una seña a Daniela para que la siguiese a la cocina, Daniela la siguió cautelosamente, ya que pensaba que estar en una habitación rodeada de cuchillos y cualquier cosa puntiaguda con una Ana Marie, aparentemente clamada, no era la mejor decisión. Recordaba ese dicho que decía que los más callados son los más peligrosos. Ya en la cocina Ana Marie se sirvió otra taza de café, la necesitaba con urgencia. – ¿Segura que no quieres café con leche? –repitió, mientras bebía otro sorbo. – ¿No estas molesta? –inquirió Daniela. No respondió. Siguió bebiendo su bebida caliente como si no la hubiese escuchado, Daniela estaba asustándose aún más, estaba que salía corriendo de la cocina. Hasta que escucho la risa de Ana Marie quien miraba divertida la situación y escondía la sonrisa con la taza de café. – ¡No es gracioso, Ana, casi me das un infarto! Por un momento creí que eras un alienígena o un ser sobrenatural que chuparía mi alma. –Debes dejar de ver tanto Netflix –aconsejo, mientras contenía las ganas de reírse a carcajadas –. Y respondiendo a tu pregunta. No, no estoy molesta, Daniela. Es tu vida s****l, además, ¿en verdad creías que no sabía qué traías aquí a tus entonces novios o la conquista de la noche? –bufo divertida al ver la cara roja de su amiga –. Y sí, sé que no lo haces siempre. Las veces que no llegabas a casa era porque te quedabas con algún galán. –Ja, y yo que te creía tan inocente. –En algunos aspectos lo soy en otros no. En fin, ¿quieres café sí o no? –Si –dijo –. Y también quiero una pastilla para el dolor de cabeza, por favor. Ana Marie asintió. Daniela miraba a su amiga como si fuera la primera vez, estaba relajada y se veía más tranquila, serena y centrada. Pero el dejo de la tristeza se negaba a abandonar sus ojos. Ana Marie hablaba más pero sonaba melancólica, odiaba admitirlo pero Álvaro y los libros son los únicos que podía distraerla lo suficiente como para que olvidara sus penas por un rato. Sabía que su melancolía radicaba en Ana Lucía, su hermana menor, pero se ha abstenido de meterse en ese asunto. Ana Marie debía arreglar sus problemas con su hermana sin nadie de por medio, ya que eso (según Daniela) solo crearía más conflicto entre las hermanas. Suspiro hastiada cuando sintió su cien palpitar. Necesitaba esa pastilla desde ya. Ana Marie se acercó con una pastilla y un vaso con agua, cuando Daniela se la tomo le sirvió un poco de café con leche. – ¿Cómo es posible que te duela la cabeza sino has bebido nada? –Para que veas que la vida es muy injusta –dijo, alzó su taza de café a lo alto –. Salud, por la vida injusta. Ana Marie ríe negando con la cabeza. –Estás loca, Daniela –Pero así me quieres –sonrió –. Brinda conmigo, no me dejes colgada. Ambas brindaron y bebieron de un buen café con leche.
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