Capítulo 13

2169 Words
Un mes, dos semanas y dieciocho horas desde la última vez que hablo con su hermana pequeña. Ana Marie no sabía si estar preocupada o molesta, pero sabía que no tiene derecho a molestarse, ya que, después de todo, ella fue quien decisión no enviarle ni llamarle para darle así su espacio. ¡Pero estaba hasta el borde de la locura! Lo último que supo de su hermana, era que se había teñido el cabello de morado y lo había cortado un poco, parecía una uva comento la chica cuando vio la foto. Y también noto que no lo tenía tan dañado como la última vez. Un pitido la alejo de sus pensamientos angustiantes. Era un mensaje de María Luisa, Ana Marie sonríe ante su mensaje y agradecía enormemente volver a tener contacto con una vieja amiga. – Nos vemos con Daniela y el chico lindo en donde siempre –decía el mensaje con varios emojis de fiesta. Leyó y releyó el mensaje varias veces. Salió de su habitación a paso rápido en dirección a la habitación de Daniela y, antes de entrar, toco la puerta insistentemente. Daniela abrió la puerta con el entrecejo fruncido no le agradaba que su amiga tocara así la puerta, Daniela estaba vestida para una fiesta y estaba a medio maquillar, su cabello castaño caía en ondas suaves. Ana Marie la miro acusadoramente, su amiga sabia de la salida y la habían acorralado para así no negarse a ir, ¡conspiraron en su contra! Daniela con el rostro más relajado la miro con inocencia, como si no hubiera roto ni un plato. Ah, porque rompió la vajilla completa. – ¿Necesitas algo, compañera? –preguntó inocentemente, Ana Marie la apuntó con el dedo acusadoramente. –Como que nos veremos con María Luisa y tú no quisiste decirme, por ejemplo –acusó con las mejillas coloradas, Daniela estalló a carcajadas –. ¡No te rías! Esta noche no puedo salir. Las carcajadas de Daniela se detuvieron abruptamente. –Oh, no. Tú vendrás con nosotros –declaró seriamente –. Además, ¿qué harás, leer o escribir grandiosas historias que no te atreves a publicar? – ¡Aún no están listas! –exclamó aún más colorada y su piel morena no podía cubrir eso –. Y bien sabes que tengo clases mañana. –Pero es sábado. –Mis cursos de idioma, Daniela. –Está bien –Dijo, Ana Marie suspiró aliviada –. Y, ¿a qué hora es tu clase? –A las dos de la tarde, ¿por? Daniela sonrió maliciosamente. La mirada aliviada de Ana Marie cambio a una consternada. – ¿Por qué esa sonrisa? –ahora sé lo que sienten Álvaro y Daniela cuando sonrió así –. Quítala, me estas asustando, Daniela. Es escalofriante. –La quitaré cuando te vea lista para irnos, no debemos llegar tarde. La temática del baile de hoy serán las milongas. – ¿Milongas? –Sí, ya sabes, esas del baile de tango. –Se lo que es una Milonga –repuso de mala gana, un suspiro resignado sale de sus labios –. Para la próxima avísenme con antelación. Así al menos tendré más tiempo para prepararme. –Pff –Daniela bufo –. Tu a diferencia de mi eres rápida para alistarte. Ni necesitas los kilos de maquillaje que yo uso, y eso es decir mucho. ¿Pero que estoy haciendo? Ve a ducharte y a vestirte, yo te maquillaré. Ana Marie fue empujada hasta su habitación y la puerta fue cerrada rápidamente. Miro por encima de su hombro y se encamino al baño, acatando las indicaciones de su amiga quien bien podría ser una general con lo mandona que es. …………………………….. Los tres habían llegado al edificio, Álvaro como todo caballero y m*****o del grupo las llevo en su auto. Las luces de la ciudad hacia que los edificios pareciese que tomar vida propia, Ana Marie quien no es fanática de la ciudad, miraba desde el asiento del copiloto, fascinada con la vista que la ciudad le proporcionaba. Álvaro la miraba de vez en cuando por el rabillo del ojo y sonrió. –Si esto te impresiona deberías ver las luces en el tejado, Marie –la aludida volcó su mirada achocolatada en Álvaro con una rapidez que hasta Flash la hubiera envidiado –. Wow, cuidado con tu precioso cuello. No querrás dislocártelo o algo así, Marie. –Será mejor que mantengas tú vista al frente –dijo, pese a que era un pobre intento por cambiar el tema –. Recuerda, querido, que mientras yo esté en tu auto conducirás con prudencia y la vista al frente. Las carcajadas de Álvaro no se hicieron esperar. Ana Marie miro a Daniela en busca de ayuda pero su amiga estaba con una sonrisa tonta y vista fija en la pantalla de su teléfono, de seguro estaba hablando con Axel. Sí que está loca por ese chico. La chica volvió a fijar su vista a los edificios, ya faltaba poco para llegar. Nunca había ido a “La cafétéria d'art” en la noche esta era su primera vez, las salidas que ha estado haciendo de vez en cuando a ese lugar siempre fueron en horario diurno. Mentiría si dijera que no estaba ansiosa y se había prometido que esta noche intentaría al menos un baile, las luces del edificio hicieron que Ana Marie casi no lo reconociese el anuncio brillaba con luces de neón, y al entrar había una pequeñas linternas que marcaban el camino hacia las escaleras, la música típica del tango se escuchaba al igual que las risas de las personas. Al subir María Luisa y Edward los divisaron y se reunieron con ellos rápidamente. – ¡No puedo creer que haya funcionado! –María chilla, mientras se abalanzaba a abrazar a Ana Lucia, luego se dirigió a Daniela –. Buen plan, ¿eh? Nunca dude del resultado. Edward gesticulo un “sí lo hizo” haciendo que todos rieran menos Ana Marie quien deshizo el abrazo y miro a ambas chicas con los ojos entrecerrados, fingiendo molestia pese a que el gesto no le duró mucho ya que termino riendo junto a los demás. Todos fueron a una mesa ubicada en la esquina del gran salón, Ana Marie miraba su teléfono constantemente esperando un mensaje o llamada que sabía que nunca llegaría, su sonrisa decayó significativamente. Álvaro lo nota por lo que se acerca a ella. – ¿Todo bien? –susurro cerca de su oído sobresaltando a la chica, la aludida se recompuso rápidamente. –Todo bien, no te preocupes –susurró Ana Marie de vuelta, guardando se teléfono fijo su vista a Álvaro –. ¿No deberías estar bailando como los otros? Álvaro se encogió de hombros restándole importancia. –No tengo con quien bailar –susurro. –Mentiroso –Ana Marie replico –. Hay muchas chicas que de seguro estarían encantadas de bailar contigo. –Eso es cierto. – ¿Dónde habré dejado la aguja para desinflar tu ego? –pregunto sarcásticamente, Álvaro sonrió de forma ladina –. Lo tienes demasiado grande, un pinchazo de humildad no te vendría mal. Así serias más… – ¿Atractivo? –Soportable –corrigió con una sonrisa. El chico puso su mano en el pecho con fingido dolor. –Me has matado, Marie, me has matado –gimió con fingido pesar –. Tus palabras son como una daga que se entierra en mi humilde corazón. Que cruel o que cruel eres, Marie. –Ya basta, estás haciendo un espectáculo –pidió, evitando reír por todos los medios ante la locura de su amigo –. La gente nos está mirando. –Pues que miren lo que quieran, no estamos haciendo nada malo. No importa lo que ellos piensen sino lo que nosotros pensemos de nosotros mismos. –Es más fácil decirlo que hacerlo –murmuró más para sí misma que para Álvaro –. ¿No bailarás? –volvió a inquirir –. Te estás perdiendo la milonga, y apuesto a que eres mejor bailarín que Axel. Ambos miraron en dirección a Daniela y Axel, el aludido apenas podía seguirle los pasos a Daniela quien al parecer era la que llevaba el mando del baile, aun así, ambos se veían contentos el uno con el otro. –Tengo un tío que baila mejor que él –continuó con una pequeña sonrisa–. El mejor bailarín de todos, sus pies son tan ligeros que parece que volara en la pista. Aunque muy exagerado a la hora de hacer trucos con su pareja. – ¿Lo dices por experiencia propia? –Álvaro pregunto con un dejo de burla. Ana Marie le dedica una mirada asesina antes de asentir. –Recién cumplía los quince. Fue la típica fiesta quinceañera y, por mucho que lo intentase, no pude negarme a bailar con todos mis familiares varones –la mirada de Ana empezó a brillar ante el recuerdo –. Fue todo un bochorno, uno divertido claro, pero un bochorno al fin y al cabo. Al final lo disfrute a pesar que mi tío hizo esa pose final que me dejó con un ligero dolor de espaldas –finalizó con una ligera sonrisa, la cual borró al poco tiempo tras darse cuenta como los orbes azules de Álvaro no perdían detalle alguno de su rostro –. ¿Tengo algo en la cara? El muchacho negó. – ¿Entonces, porque me miras así? – ¿Por qué te ves hermosa cuando sonríes así? Ana Marie sintió como la sangre subía por sus mejillas y estaba tan agradecida con el señor de arriba, por la falta de luz, así Álvaro no vería su sonrojo. Eso sería demasiado vergonzoso e inflaría aún más el ego del chico. – ¿De qué hablas? Siempre sonrió. –Pero no así –apuntó –. Siempre son sonrisas sarcásticas, casi ninguna sincera. Y me gusta mucho tu sonrisa sincera. Hubo un pequeño silencio que los envolvió como una manta. Hasta que Álvaro se levantó y extendió su mano a Marie instándola a tomarla, la chica lo mira confundida. – ¿Me dejas colgado? –bromeo con un guiño –. Vamos a bailar. –Pero no… –Ah, ah, ah –movió un dedo en su rostro –. No aceptare negativas, tu y yo bailaremos y les mostraremos a Daniela y a Axel lo que es bailar tango. –Ni siquiera sabes si bailo tango –alego en voz baja. –Lo averiguare ahora mismo –insistió con galantería. Ana Marie dudo por varios segundos, su cabeza recreaba mil y un escenarios en los que tropezaba, pisaba y hasta olvidará los pasos de baile. Por un instante quiso golpearse por ser tan insegura, ¿sería raro si lo hiciera? Probablemente; su mirada alternaba entre la mano de Álvaro y el mar que  sus ojos imitaban de los cuales Ana Marie siempre le ha gustado perderse. ¡Al diablo todo y todos! –Solo si prometes no ser tan rápido con los giros. No quisiera que mis lentes terminasen en el suelo –dijo, al cabo que tomaba su mano. –Lo prometo –le guiño el ojo –. ¿Empezamos? Ana Marie no dijo nada, solo se levantó de su asiento y asintió con la cabeza. Álvaro la llevo a la pista sonriente y no era para menos había logrado sacar a bailar a Marie, y era su primer baile con ella, eso sin duda lo consideraba una victoria. Se dice que en el tango se baila > o eso fue lo que le dijeron a Ana Marie en uno de sus ensayos (cuando está aún bailaba). En fin, ambos jóvenes adultos se adentraron en la pista, Álvaro empezó a guiar el baile como es tradicionalmente. Ana Marie estaba impresionada no sabía que Álvaro pudiera bailar así. Bailaban el tango clásico de ocho pasos, sin movimientos improvisados los llamados cortes, quebradas y firuletes. Cumpliendo así su promesa de no ser tan rápido en los giros ni en pasos improvisados. Aun así bailaban con sensualidad, Marie se estaba soltando y movía sus caderas con lentitud, sus cuerpos se acercaban cada vez más, sus respiraciones se entremezclaban y, al contemplarse a los ojos, ambos se decían a gritos las cosas que nunca tuvieron el valor de decir. Álvaro le hizo una pregunta silenciosa y Ana Marie asintió, la hizo girar y terminaron el baile con una pierna de Marie en la cadera de Álvaro, ambos estaban sudorosos y jadeantes. Pero satisfechos con el baile que acababan de realizar. –Y tú decías que no bailabas –dijo Álvaro en un jadeo. –Esta vez tuve un compañero adecuado –susurro ella a cambio. A veces los miedos que nos retienen son solo una ilusión, nosotros tenemos el control y decidimos cuándo actuar y cuando no. Otras veces nuestra verdadera esencia sale a la luz cuando menos lo esperamos.
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