Capítulo 12

2011 Words
Los días pasaban con premura al igual que las semanas. Ana Lucia seguía en un dilema. Si bien, al principio descarto las palabras de Priscila como las de “una mujer metiche que no sabe que más hacer”, pero no podía descartar la verdad en sus palabras. No le había comentado nada a Ryan ni a su suegra de lo que hablo con la peluquera ni de la oportunidad que esta le ofreció. Por un momento, un fugaz momento, contempló la idea de enviar o llamar a su hermana; pero rápidamente descartó la idea ya que no creía que su hermana quisiera hablar con ella, mucho menos escucharla. No después de su última llamada. Además, no le ha hablado ni enviado un solo mensaje desde eso. Y ya había pasado casi un mes. Hablar con su madre tampoco era una opción, cada vez que hablaban terminaban discutiendo y la chica no iba a soportar las pestes que su madre le echaba a Ryan, eso era cruzar un límite. Aunque al parecer Ryan si podía echarle pestes a su madre y ella no se molestaría con él por eso. Poco después de ver una película, entro a su habitación y sacó la tarjeta con el número de Priscila, escaneo toda la habitación asegurándose así de que no hubiera nadie. Tomó su teléfono y guardó el número de Priscila, al ver el número opto por enviar un mensaje de texto. Escribió un hola pero lo borró rápidamente, se mordió la mejilla interna y quiso golpearse la cabeza. ¿Qué estoy haciendo? No debería estar considerándolo tan siquiera, se regañó internamente. Oyó la puerta abrirse y guardo la tarjeta en su escote rápidamente, y fingió estar viendo historias en las r************* , Ryan se acercó a su novia abrazándola por la espalda para acto seguido depositar un beso en su mejilla e ir descendiendo a su cuello. La chica giro su cabeza y lo beso en los labios. Quería olvidar todas su preocupaciones por al menos unas horas. ……………………………………… Ana Lucía se levantó de la cama con cuidado, no quería despertar a Ryan, se puso una bata cubriendo su cuerpo luego tomó su teléfono y se encerró en el baño. Miro la hora y eran las siete de la mañana, su dedo estaba paralizado unos centímetros cerca del botón “enviar”, había escrito un mensaje pero ahora estaba dudando de querer enviarlo. No sabía si estaba haciendo lo correcto o no. Pero luego las palabras de su hermana asaltaron su mente. Siempre te dejas llevar por cualquiera. Iba a borrar el mensaje, pero en el último segundo lo envió, no iba a desperdiciar esta oportunidad. No, hermana, no me dejo llevar por cualquiera. Ahora hare esto para demostrarte que no soy una chiquilla manejable, juro internamente antes de salir del baño. Al salir se encontró cara a cara con su suegra. La mujer la miro con sorpresa antes de dedicarle una sonrisa y los buenos días. Ana Lucia devolvió el saludo y se fue rápidamente a la habitación, su novio seguía dormido pero eso no le sorprendía, su teléfono vibró y vio un mensaje entrante de Priscila. Dudo de nuevo, no quería abrirlo ya que temía leer que no obtuvo el empleo por culpa de su indecisión y tardanza, sería un golpe muy duro para ella. Pero la curiosidad era más grande que su miedo, así que se sentó cerca de la ventana y leyó el mensaje. –Ve hoy a las dos de la tarde. No llegues tarde. Era todo lo que decía el mensaje y Ana Lucía no podía decir si era bueno o malo. Al menos no dice nada negativo, intentó consolarse. ………………………………………………… Ya eran casi las dos de la tarde y se había vestido lo más presentable posible, recogió su cabello en un chongo ni muy apretado ni muy flojo, se maquilló suavemente con mascarilla, rubor, delineador y labial color rosa pálido. A diferencia de su hermana Ana Lucía siempre se maquillaba, adoraba el maquillaje ya que siempre quería experimentar la textura y los colores. Siempre miro el maquillaje como una forma de embellecer y resaltar la belleza natural, dando así la mejor versión de uno mismo. Se miró al espejo dando el visto bueno a sus vaqueros azules, camisa rosa pálido y botines beige. Ryan la miraba desde la cama con las cejas alzadas. – ¿Me puedes recordar a dónde es qué vas? –Volvió a inquirir por enésima vez. –Ya te lo dije, saldré para encontrarme con unas amigas –Mintió Ana Lucia, se acercó a su novio y le dio un tierno beso en los labios –. Volveré más tarde, ¿ok? Nos vemos luego, amor. Al salir de la casa, se encaminó rápidamente al salón Acapulco. Estaba nerviosa, sus manos sudaban y mil y un pensamientos rondaban por su mente sin descanso. Este podría ser su primer trabajo. Claro, si es que lo conseguía dejo pasar mucho tiempo y eso podría haberla perjudicado, caminaba sin cuidado tropezando una y otra vez con varias personas, Ana Lucía se disculpaba constantemente y así, a tropezones, llego a su destino. Al lugar donde podría cambiarlo todo. Se detuvo antes de entrar tenía miedo y, por primera vez en su vida, no estaba segura de hacerlo. Pero era absurdo siempre fue la valiente, la que tomaba riesgos, la que hacía y deshacía con tal de experimentar cosas nuevas. Nunca le dio miedo el cambio ni la propia incertidumbre podía con ella, pero ¿qué había cambiado ahora? Sabía que ya no podía hacer lo que antes solía hacer, que ahora tiene responsabilidades y que no debía perder el enfoque. Pero su madre le había dicho que lo estaba perdiendo, que no era la misma y que estaba cambiando para mal, ¿era eso cierto? ¿Estaba perdiendo su esencia con tal de complacer a Ryan? No lo sabía, ni lo sentía de esa forma pero… no lo sabía y no quería seguir pensando en eso. La puerta del establecimiento se abrió haciendo sobresaltar a Ana Lucia. Era Belle quien la miraba con ligera impaciencia. – ¿Vas a entrar o te quedarás allí parada todo el día? – Belle inquirió con un dejo de molestia en su voz. – ¿Qué? Ah, sí, sí, perdón ya estaba a punto de entrar –Ana Lucia murmuró algo desorientada, mientras entraba al salón el lugar la seguía impresionándola como la primera vez que entro. –Pues no lo parecía –con una seña en la mano la instó a seguirla –. Apresúrate Priscila está esperándote. Ana Lucia la siguió en silencio, sentía que no le agradaba a la chica y no quería problemas con ella, Belle miraba de vez en cuando a Ana Lucia por el rabillo del ojo no tenía una buena impresión de ella y si fuera Priscila (gracias al cielo que no lo es), no la tendrían ni en consideración. Necesitaban personas seguras y calificadas para este negocio y no una chiquilla insegura que no aportaría nada bueno al negocio, pero bueno, si Priscila no lo veía ella se encargaría de eso. Siguieron caminando hasta llegar a la oficina en donde Priscila llevaba las cuentas de las ganancias y encargaba productos nuevos para el negocio. Belle toco la puerta y esperó. –Adelante –escucharon las chicas. Ambas entraron y Priscila levantó la vista de unos documentos. Sonrió ante Ana Lucia y con un gesto de mano Belle se retiró dejándolas solas. Priscila juntos sus manos y apoyó su barbilla en ellas. –Me alegra que hayas venido –empezó con una leve sonrisa –, normalmente no doy este tipo de oportunidades y más cuando se tardan demasiado tiempo. Así que, ¿tomaste una decisión o no? –Si estoy aquí es porque tome una decisión, ¿no? –Bien dicho –felicitó, para luego cambiar su mirada a una seria –. Pero hablando enserio, no pareces segura. ¿Por qué debería darte una oportunidad? Tardaste demasiado y muchas de mis empleadas no creen que tengas lo necesario, ni siquiera para aprender hacer un corte básico. –Por empleadas te refieres a Belle –más que una pregunta era una afirmación, se cruzó de brazos y alzo el mentón a la defensiva –. Pues ninguna me conoce ni saben el alcance que puedo lograr cuando me propongo algo. Si bien eso era una mentira. Casi nunca terminaba lo que empezaba, pero la estaban subestimando y ese siempre ha sido el mejor incentivo para Ana Lucia; terminar lo que empezó para así poder restregarles en la cara a aquellas personas que dudaron de ella. Si, ese es el mejor incentivo de todos. Por una vez demostraría lo que estaba hecha sin importar si Ryan se molestara o no, demostrada su valía y, si es posible, demostrarle a Ryan que el trabajo no es una pérdida de tiempo, valiéndose así por ellos mismos. Sería maravilloso si tan solo Ryan no estuviera tan cerrado, pero eso es algo que Ana Lucía debe descubrir por su cuenta. Priscila miro a la chica y su rostro no mostraba nada, pero si nos fijamos bien, su mirada adquirió un brillo triunfal. Aún hay fuego en ella, admiro Priscila. –Ven, te mostraré lo que tienes que hacer –Ana Lucia la miro confundida –. ¿Lo dije en otro idioma? Te mostraré lo que harás como la novata que eres. –Aún no he aceptado. – ¿Entonces porque sigues aquí? –inquirió, mientras salía y le indicaba que la siguiese –. Sino quisieras esto no habrías venido en primer lugar, ¿o me equivoco? Ana Lucia no dijo nada porque tenía razón, sino quisiera el empleo ni siquiera se hubiera molestado en venir. – ¿Ves esas puertas con símbolos grabados en ellas? –preguntó mientras señalaba cada puerta. –Si. –Bien, porque cada puerta es una sección diferente del salón –empezó a explicar mientras señala cada puerta –. La primera es la de masajes y tratamiento facial, la segunda es la de manicura y pedicura, la tercera es la sección de peluquería. – ¿Y la cuarta puerta? ¿Qué sección es esa? –señaló la una puerta al fondo del pasillo. Priscila mira a la dirección que señala Ana Lucia y mueve la mano desdeñosamente. –Es un nuevo proyecto que estoy desarrollando –Priscila contestó sin ánimos de más interrupciones –. Si avanzas lo suficiente, hasta podrías ser la que esté a cargo de esa sección. Ahora, continuemos. ¿Dijiste que no te importaría si solo limpiaras pisos o ventanas, cierto? –Cierto –confirmó. –Pues empezarás como muchas de aquí lo han hecho –declaró complacida por su respuesta –, desde lo más bajo hasta subir lo más alto con tu esfuerzo. Empezarás hoy mismo barriendo los pisos en la peluquería y luego limpiaras las camas de los masajistas, ¿entendido? Hizo ademán de irse. – ¡Espere! –La detuvo Ana Lucia, Priscila se detuvo y miro por el rabillo del ojo a la chica –. Gracias, de verdad, muchas gracias. Las comisuras de los labios de Priscilla se curvaron ligeramente dando paso así una pequeña sonrisa y asintió en dirección de Ana Lucia. –Enviaré a Belle para que te de tus materiales de limpieza –informó mientras se alejaba –. Espero que aprendas muchas cosas valiosas, Ana Lucia. Me recuerdas mucho a mi –susurro para sí misma antes de llamar a Belle. Es increíble cómo llegan aquellas personas que cumplen con la función de ser nuestros guías, un halo de esperanza que llega cuando nos encontramos perdidos sin darnos cuenta. Nos ayudan, nos ven crecer y nos dejan ir. Felices por haber ayudado a aquel que necesitaba ser ayudado. No sé ustedes, pero como narradora de esta historia he de decir, por experiencia propia; que esas son las personas que ayudan a forjar nuestra personalidad, nuestro carácter y nuestra fortaleza.
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