Capítulo 11

2019 Words
Ana Lucia caminaba animadamente con las compras en la mano, tarareaba una canción de Cardi B. mientras entraba al siguiente establecimiento. Estaba ahí para comprar un tinte nuevo, su padre le había transferido, su madre (Melina) no quiso enviarle dinero alegando que Ryan debía comprarle sus cosas. Volvieron a discutir y no ha hablado con ella desde entonces. Al entrar colocó las bolsas de comida en el mostrador donde la cajera los guardo en un cajón y le entregó el número del cajón correspondiente en donde guardaron sus cosas. Ana Lucia le agradeció con una sonrisa, y fue en busca de su nuevo tono para el cabello, el rojo no estaba mal pero no le vendría mal un nuevo estilo. Su cabello natural era castaño pero había decidido pintarlo de rojo, al estilo Ariel, recordaba las miradas asombradas que le dedicaron sus familiares. Su madre se mostró encantada (ya que fue ella quien le compro el tinte) apoyando completamente el cambio de look de su hija menor. Su hermana por el contrario, solo dijo que se veía como Ariel. Ana Lucía nunca supo si lo dijo con desdén o si de verdad le agrado su nuevo look. Miraba los cientos de colores, desde el rosa hasta el blanco. Torció los labios ante el color. "Puede que este loca, pero nunca pintaría mi cabello de blanco", pensó. – ¿Puedo ayudarla en algo? –inquirió una de las chicas –. ¿Has encontrado el color que buscas? –La verdad, es que no sé qué color escoger –admitió con una pequeña sonrisa, miró el tono azulado del cabello de la chica –. Ese color que usas es muy bonito, ¿crees que me quedaría bien? –Te haría ver más oscura a decir verdad. Tu piel es blanca, pero con el sol adquiriste un bronceado natural –la vendedora inspeccionó el cabello de Ana Lucia, al terminar empezó a buscar entre los tintes –. Creo que estos tonos son buenos para tu piel, son marcas muy buenas, no dañara demasiado tu cabello. ¡Aquí están! Tenga, espero que estos colores le ayuden a elegir su nuevo estilo. –Muchas gracias. –Si necesita algo más, sólo llámame. –Claro…. –leyó la etiqueta con su nombre –, Claire. Claire asintió antes de atender a otros clientes. Ana Lucia miro los colores en sus manos; tenía rubio miel, n***o, platino y castaño claro. Las opciones no le parecían malas solo… que no era su estilo. Opto por el púrpura, seria nuevo y atrevido tal como le gustaba. Fue hacia la cajera para pagar su tinte e irse a casa. Antes de salir Claire la detuvo. – ¿Ya sabes a que peluquería iras para teñirte tu cabello? –inquirió. –Mmm, la verdad es que no. Planeaba teñírmelo yo misma. –Es un color difícil. Te recomiendo esta peluquería–le entregó una tarjeta con el número y la dirección –, es muy buena, ya lo veras. Quedaras fascinada. Ana Lucía toma la tarjeta para luego agradecerle a Claire e irse a casa. ………………………… A la mañana siguiente Ana Lucía fue a la peluquería “Acapulco” al principio el nombre le pareció extraño, de seguro el dueño o dueña es un excéntrico o excéntrica. Mientras su cabello esté en buenas manos para ella estaba bien, su novio iba a acompañarla pero lo disuadió de la idea alegando que se tardaría demasiado y se aburriría. Gracias al cielo que Ryan no insistió más con el tema y Ana Lucia decidió tomar este día en el salón como una especie de respiro, siempre estaban juntos ya que pocas veces se separaban, una parte de ella se sentía culpable de querer tomar un respiro de su novio. Al entrar a la peluquería Ana Lucía se dio cuenta de que no solo se dedicaban con el cabello; también se dedicaba a las uñas, masajes, faciales y depilaciones. Cada habitación era para un área específica. Quedo encantada con el lugar, hasta saco su teléfono para tomar una foto del increíble salón, las paredes de color rosa pastel, los muebles blancos y las flores blancas y rosas le daban al lugar elegancia y feminidad. Una mujer de unos veintitantos se acercó a Ana Lucía sonriente. La mujer era de grandes curvas, cabello gris largo, morena y con pestañas increíbles. – ¡Bienvenida a Acapulco, querida! –extendió los brazos dando así la bienvenida –. ¿En qué te puedo ayudar, querida? ¿Manicura, pedicura, masaje, cortes, tintura o una depilación de cuerpo completo? –termino con un guiño. Esta mujer sí que habla. –De hecho vine a teñirme el cabello –le mostro el tinte, la mujer examino el tinte con ojo crítico para luego centrar la mirada en su cabello y abrió los ojos con horror –. ¿Pasa algo? – ¡Dios tu cabello está muy maltratado, querida! –exclamó horrorizada –. No te preocupes, me ocuparé personalmente de tu cabello, lo teñiré y le haré un tratamiento reconstructivo. Ya lo veras, te verás hermosa. La chica miró su cabello. ¿Tan mal esta? –Vamos, querida. No hay tiempo que perder. Ese cabello tuyo pide ayuda a gritos. Por cierto, ¿Cuál es tu nombre? –apresuró la mujer mientras la guiaba a la sección de peluquería. –Ana Lucia. –Bueno, Ana Lucia, prepárate para verte aún más hermosa. Tres horas después, nuestra querida Ana Lucía miraba su reflejo asombrada, ¡se veía hermosa! Bueno, ella siempre se consideró hermosa, pero ahora se sentía aún más hermosa que antes. Su cabello lo cortaron un poco dejándolo por encima de sus senos, se veía hermoso. El morado acentuaba sus rasgos y hacía un contraste increíble con su piel y ojos. Miro a Priscila agradecida, la aludida miraba con satisfacción su obra con una sonrisa triunfante. Se sentía bien al ver a una clienta satisfecha y, por muchos años que llevaba en el negocio, el sentimiento seguía siendo el mismo, amaba lo que hacía. Una chica entro interrumpiendo a Ana Lucia quien abrió la boca para agradecerle a Priscila, pero las palabras fueron atajadas. Priscila miro a la chica con una ceja alzada, no le gustaba las interrupciones cuando trabajaba. – ¿Paso algo para que entraras así, Belle? –inquirió expectante. –Perla renunció, jefa –dijo apenada –. Dijo que no quería seguir trabajando más aquí. Que su potencial no estaba siendo explorado. – ¿Eso dijo? –Sí –confirmó Belle. –Bueno, es una lástima sin duda, pero Perla nunca fue paciente –negó varias veces, esa Perla siempre fue una arrogante –. Belle, vuelve a subir anuncios necesitamos una empleada nueva. Mientras las mujeres discutían sobre las posibles nuevas vacantes para el empleo, Ana Lucía escuchaba todo y quería intentarlo, pero sabía que su novio no lo vería necesario. Pero ella sí. Y con ese pensamiento, pregunto: – ¿De qué es el trabajo exactamente? –Ambas mujeres centraron sus miradas en Ana Lucia, la chica se encogió ante las miradas pero se recompuso rápidamente –. Si se puede saber, claro. Me gustaría poder trabajar aquí, sería bueno para mí. – ¿Tienes experiencia laboral? ¿Sabes algo básico de la belleza cosmética? –cuestionó Priscila poniendo sus manos a su espalda. –No mucho, pero puedo aprender. Se lo básico del maquillaje y mi hermana es una obsesiva con el cabello, básicamente se hacer cada mascarilla para el tratamiento capilar. Hasta mascarilla facial se hacer –por una vez agradeció que su hermana la obligará aprender hacer mascarillas –. Además, no me importa si el trabajo requiera de barrer pisos, limpiar ventanas o lo que sea que necesiten. Mientras esté cerca y pueda aprender lo agradecería mucho. Priscila entrecerró los ojos y se acercó un poco a la joven Buenaventura. –Dime tu nombre completo, querida. –Soy Ana Lucía Buenaventura. – ¿Edad y estudios? –Tengo dieciocho años y me gradué hace casi un año. – ¿Estás dispuesta a empezar desde lo más bajo y aprender lo básico para ir ascendiendo en el negocio? –inquirió seriamente –. Si aceptas, se te enseñara a cortar cabello, secarlo y plancharlo. Y si quieres aprender más, se te instruirá en depilación y en aplicación de maquillaje. – ¿Y los horarios? –A partir de las dos de la tarde hasta las seis en punto –vio la vacilación en el rostro de la chica, junto sus cejas –. ¿Algún problema con el horario? "¿Qué si había un problema? Pues sí, son cuatro horas ¿Cómo le explicare mi ausencia a Ryan?", se preguntó angustiada. –Creo que no podré. – ¿Por qué, tus padres no lo permitirían? Bien, puedo hablar con ellos. –No se tome las molestias, no vivo con ellos. – ¿Y entonces con quién? –Con mi novio y su madre. Priscila bufo ante la información. La chica bien podría tener potencial, pero al parecer, no hará nada a menos que su novio lo apruebe. "¿Por qué será que esta historia me suena?", Priscila negó internamente. –Mira, Ana Lucía, este trabajo podría ayudarte. Se nota que eres una chica que le gusta la cosmética, la belleza y el estilo. ¿Enserio piensas dejar todas tus oportunidades por una persona? Querida, todo esto que ves aquí lo hice con mucho esfuerzo. Con mi sangre, sudor y lágrimas –enumero con sus dedos las últimas palabras –. Y dime una cosa: ¿crees que deje mis sueños y pasiones por un hombre o alguien más? Pues no, no lo hice. Y ahora tengo un negocio y un hombre que me impulsa a abrir mis alas y no ha cortarlas. Al terminar su discurso Priscila se acerca a Belle y le ordenó que saliera. Al salir Belle centra de nuevo su mirada en Ana Lucía, se cruzó de brazos y, con una mirada de ¿vamos, cariño? Habla o calla para siempre le insto a contestar. –Yo, yo creo que lo pensaré –farfulló en voz baja, se levantó de la silla y le sonríe a Priscila –. Muchas gracias por el tratamiento, me quedo increíble. ¿Cuánto le debo? –Nada. No me debes nada –replicó y con un gesto en la mano saco una tarjeta –. Cuando cambies de opinión aquí está mi número personal, querida. Llama cuando quieras. Ana Lucia tomó la tarjeta y le agradeció nuevamente, pero se sentía extraña, las palabras de Priscila calaron muy hondo en ella. No la conocía ni nada pero sus palabras fueron como una bomba, le había hablado con franqueza. Como toda una mujer adulta. Sentía que sus pensamientos y sentimientos estaban revueltos, una parte de ella le decía que ella tenía razón que no podía desperdiciar esta oportunidad, pero otra parte le dice que no debería y que ella no la conocía ni a ella ni a Ryan. Que su comentario estaba de más. Estaba en un dilema y no sabía qué hacer. Por primera vez estaba dividida, estaba entre lo que ella quería y lo que su novio quería. Un pitido la sacó de sus divagaciones así que guardó la tarjeta con el número, y sacó su teléfono sin ver el identificador de llamadas. – ¿Hola? –Cariño, ¿ya estas lista? –sonó la voz de Ryan. –Te dije hace menos de diez minutos que ya voy en camino –masculló con leve molestia. –Está bien… –Hablamos cuando llegue, amor, nos vemos –lazo un beso y colgó. Soltó un suspiró hastiado. Guardó su teléfono y volvió a sacar la tarjeta, la miro por unos segundos antes de volverla a guardar. Quizás esto era una especie de señal, pero Ana Lucía nunca fue buena acatando las señales, pero en todo caso aún hay mucho más en el camino. Nadie dijo que el camino era sencillo, hay muchos baches que sortear para poder llegar a la meta.
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