De vuelta a Villa Olive más específicamente al salón de belleza y spa “Acapulco”, Ana Lucia recién terminaba su turno cuando su hermana había llamado. Paso el día entero limpiando y clasificando los productos capilares, corporales, entre otros. Estaba agotada pero la llamada sorpresa de Ana Marie le había dado energía, una parte de ella se preparaba para otra discusión; pero fue grata su sorpresa cuando su hermana solo se limitó a hablar cosas triviales.
En un principio creyó que no le hablaría; que había marcado por error, eso sin duda la había desanimado un poco, pero cuando iba a colgar la exclamación de su hermana mayor la detuvo. Y, por unos instantes se quedó sin habla, dándose cuenta de que no sabía que decir. Se sintió tonta. Las compañeras de trabajo salían y la miraban por el rabillo del ojo, extrañadas, y no las culpaba se había destacado por ser muy parlanchina.
Cuando termino la conversación que si bien fue amena aun la sintió tensa. Sabía que Ana Marie estaba haciendo un esfuerzo enorme para aceptar su decisión y eso se notó con su llamada o quizás solo quería asegurarse de que estuviese bien. Sea como sea agradecía el haber hablado con ella.
–Pareces un maniquí de supermercado –dijo una voz que la hizo sobresaltar, al voltear se dio cuenta de que es solo Belle –. ¿Está todo bien, Lucia?
Sabía que no le agradaba mucho a Belle, pero está siempre se esforzaba por ser educada o al menos lo intentaba.
–Nada, solo fue una llamada –respondió, lacónica pero amable.
– ¿Tu noviecito? –sus ojos verdes brillaron, maliciosos.
–No es asunto tuyo, Belle –el tono amable de su voz había desaparecido volviéndose hostil –. ¿No deberías haberte ido ya?
–Lo haría si tú no me bloquearas el camino.
–Hay mucho espacio, bien puedes desviarte un poco.
–A diferencia de ti yo no me desvió de mi camino –paso empujando su hombro, miro a Ana Lucia por encima de este –. Yo que tu volvería a casa. No querrás que tu noviecito se preocupe, ¿no?
Ana Lucia aprieta los dientes tan fuertes que bien podría romperlos, sus manos están igual en forma de puño, pero sabe que no puede hacerle nada dentro ni fuera del establecimiento. Ambas son compañeras de trabajo y les perjudicaría actuar de una forma no profesional. Pero hay días en los que Ana Lucia quiere mandar todo al diablo y golpear a la “ojos de moco”, la había bautizado así por sus ojos verdes con betas doradas, recordándole los mocos de sus primos pequeños cuando estos enfermaban.
Pero antes de que pudiese refutar algo. Belle se había ido, seguramente sintiéndose triunfal por dejar callada a Ana Lucia.
–Ñi miñi miñi –murmuró cual niña pequeña.
– ¿Es un nuevo idioma que estás aprendiendo? –inquirió otra voz que la hizo sobresaltar. Otra vez.
– ¡Dios mío! ¿Pueden dejar de hacer eso? –paro en seco cuando vio a Priscila, su jefa. Rio nerviosamente antes de hablar –. Hola, Priscila. Ya me iba, si, ya me iba.
–Estas muy nerviosa, niña –apostillo Priscila, preocupada –. ¿Pasa algo?
Ana Lucia negó varias veces con la cabeza.
–No, no pasa nada malo. Es solo que… –Priscila le hace un gesto para que continuase –. Mi hermana llamo y hace mucho que no hablaba con ella.
–Mmm, ¿y que dijo? por lo que me has dicho su relación no está en buenos términos.
–Solo me llamo para saludarme y eso –no sabía cómo explicar la conversación que tuvo con Ana Marie –. Tal vez quiso asegurarse de que estuviese bien.
–Bueno, sea como sea me alegra que hayas hablado con ella –le sonrió su jefa dándole unas palmaditas en la espalda –. Vete ya tu turno ha terminado. Voy a cerrar el salón o ¿quieres quedarte aquí adentro? –bromeo.
–Ya estuve encerrada aquí una vez y logre salir sin ayuda –contestó riendo –. Doy muchas gracias a las películas de robos y estafas, ¡la mejor forma de aprender abrir puertas y cerraduras sin llave!
–Eso me recuerda que debo cambiar las cerraduras –río junto con ella, le hizo un gesto con la mano para que se terminara de ir –. Anda, anda, nos veremos mañana. Recuerda que tienes que prestar atención a la técnica a la hora de cortar cabello, en el maquillaje vas bien pero puedes mejorar aún más, quiero que veas videos y tutoriales con técnicas diferentes, ¿entendido?
–Sí, jefa. ¡Hasta mañana! –se despidió con la mano hasta desaparecer de la vista de Priscila, quien negaba con la cabeza sonriendo.
–Me recuerda tanto a mí –se dijo, nostálgica, mientras se disponía a cerrar su salón.
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Al volver a la casa de su suegra, Ryan la esperaba en la sala con los brazos cruzados, la mirada entrecerrada y sus cejas fruncidas. Está enojado, eso era obvio. Ana Lucia deja su chaqueta y bolso a un lado y se acercó a Ryan a paso seguro, su cara de enojo nunca la ha intimidado dado que había visto peores, como la de su hermana por ejemplo. Al estar a solo unos centímetros hizo ademán de tocar su rostro, pero Ryan se apartó antes de que pudiese rozarlo tan siquiera.
–No –asevero, dando dos pasos hacia atrás –. ¿Dónde has estado? Me tenías muy preocupado y no solo a mí, también a mi madre.
–Estuve con una amiga, ya te lo había dicho –odiaba mentirle, pero era la única forma en la que podía trabajar y conseguir su independencia –.No es mi culpa de que se me haya ido la noción del tiempo, amor. ¿Adivina quién me llamó?
– No intentes desviar el tema, Ana, ¿dónde has estado?
–Haciendo algo productivo con mi amiga; aprender a maquillar, cortar cabello y ¡hasta pintar uñas! –ahora ella se cruzó de brazos y miró fijamente a Ryan –. ¿Y tú que has hecho en todo el día? ¿Estar viendo películas o el juego del calamar? No soy de las que se quedan quietas en el mismo sitio. Me gusta moverme, hacer cosas.
Esa no era la respuesta que Ryan esperaba, últimamente su novia se iba todos los días a la misma hora y llegaba cuatro horas después. Al principio creyó que visitaba a una amiga pero con el pasar de los días y las semanas, le pareció extraño tantas salidas.
–Bien puedes hacerlas aquí. Hasta estas empezando a hablar como tu madre.
–Puede que tenga razón –murmuro para sí misma, pero Ryan la escucho.
– ¡¿Qué has dicho?! –rugió con la cara roja como un tomate –. Esa mujer nunca fue considerada contigo ni te entiende a diferencia de mi madre y yo, que te amamos mucho.
– ¿Qué está ocurriendo aquí? –interrumpió Lola, la madre de Ryan y suegra de Ana Lucia. Miro a ambos jóvenes, confundida –. ¿Me dirán que está ocurriendo?
La joven se obligó a endulzar su mirada y voz antes de dirigirse a su suegra.
–Nada de lo que deba preocuparse, señora Lola –respondió calmada, pero con un dejo de molestia en su voz.
El bufido irónico de Ryan hizo que fijara su mirada en él, claramente irritada. Sus mejillas adquirieron un tono rojizo por el enojo y el bochorno. Su madre siempre le ha advertido que en caso de una discusión, pelea o discrepancia; Lola se pondría siempre del lado de su hijo. Aunque ella tuviese la razón y Ryan no. No quería comprobar la veracidad de las palabras de su madre, por no decir que temía que tuviese la razón, por lo que quería evitar cualquier conflicto en el que Lola se pudiera meter ya que eso sería muy malo, no lo toleraría. Los problemas de pareja deben ser resueltos por la pareja, no por la intervención de terceros.
Ryan chasqueo la lengua ante la mirada de Ana Lucia.
–Ana tiene razón, mama, no pasa nada –se obligó a decir, su madre lo miro sin creerle del todo, suspiro antes de continuar: –. Enserio, mama, todo está bien. Solo fue una pequeña discusión.
– ¿Y sobre que discutían? –inquirió de nuevo, Ryan se rasco la nuca.
–De nada importante –miro a Ana Lucia quien desvió la mirada, fijo de nuevo su atención a su madre –. Sera mejor que me valla a la habitación, estoy agotado.
Como si hubieses trabajado toda la tarde, Ana Lucia mascullo internamente.
La mirada de la señora Lola oscilaba entre su hijo y nuera, pero al ver que ninguno quería hablar lo dejo estar, al menos por ahora. Cuando Ryan se fue dejando a suegra y nuera, solas. Ambas se miraron incomodas, no sabían que decirse.
–Mi hijo solo se preocupa por ti. No debes salir tan a menudo sin decirle a dónde vas –se atrevió a decir pese a que se delataría.
– ¿Usted escucho? Pero que tonta, claro que escucho –su voz detonaba enojo y decepción –. Para su información no estoy haciendo nada malo si eso le preocupa.
–A mí no me debes explicaciones, querida.
–Pues tampoco se las debo a Ryan, Señora Lola.
– ¿Ah no?
–No –sonó firme, segura –. Le diré lo mismo que a Ryan, necesito moverme; hacer algo productivo y no estar en casa todo el tiempo.
Un suspiro resignado salió de los labios de Lola. Por un momento la mujer no supo que decir, por una parte la comprendía ya que ella en su momento fue como Ana Lucia, pero por otra parte sentía que ellos no debían de preocuparse por esas cosas, ella trabajaba y eso debía ser suficiente.
Pero no lo es, comprendió ella internamente.
–Acompáñame a la cocina, Ana –pidió en un murmullo –. Necesitamos hablar.
Ana Lucía se quedó paralizada por unos segundos, su mirada detonada incomodidad y miedo. Su suegra al percatarse de eso rió ligeramente, aligerando un poco el ambiente.
–Descuida no es nada malo, lo prometo –le hizo un gesto con la mano –. ¿Vamos?
No tuvo más opción que seguirla. Después de todo, no podía negarse a hablar con su suegra.
Al entrar a la cocina, Lola le indico que tomara asiento mientras servía una taza de café para luego servirse una. Ana Lucía jugueteaba con su taza en un claro gesto de nerviosismo, sentía su estómago revuelto por lo que no toco su café. Lola por el contrario bebió un sorbo antes de hablar.
–He estado hablando con un amigo, él me ha estado dando consejos y me ha hecho darme cuenta del error que estoy cometiendo con Ryan –pauso para tomar otro sorbo, luego continúo: –. Básicamente lo estoy educando para que sea un inútil, un chulo, un ser que no aporta y no quiero eso para él. Es irónico, tu madre no parece estar muy equivocada después de todo.
Se detuvo. Espero que Ana Lucia replicara o justificara a Ryan de cierta forma, pero no lo hizo y eso le demostró aún más, el daño que le estaba haciendo a su hijo; esa cucharada de realidad le dolió mucho más de lo que se imaginó.
–Él se ha estado quejando de ti. Ryan dice que quieres trabajar, ¿es eso cierto?
La expresión de Ana Lucia enmudeció.
–Sí, sí quiero. Pero como siempre él dice que los padres deben mantenernos –suspiro hastiada por esa última frase –. Cada día se me hace más y más difícil hablar con él. No me quiere escuchar y cuando le insinuó que tal vez debería buscar trabajo, se enoja o cambia de tema –dijo mientras con su dedo hacia un círculo con la taza de café –. Y eso me frustra bastante.
Lola baja la cabeza apenada con Ana Lucia, sentía que había fracasado como madre.
–Pero aun no creo que sea tarde –musito Ana Lucia, Lola alzo la mirada hacia su nuera, confundida –; digo si él está dispuesto claro.
– ¿Qué quieres decir, querida?
–Que usted, su amigo y yo debamos hacerle como una intervención a Ryan –dijo como si fuese la mejor de las ideas –. Solo piénselo de esta forma, si dejamos a Ryan como esta nada bueno le deparara en el futuro. Usted no vivirá para siempre y Ryan no sabrá como enfrentarse a la vida real –declaro con el mayor tacto posible, pauso por un instante antes de decir lo siguiente: –; y no creo poder seguir a su lado si sigue así.
– ¿Acaso no amas a mi hijo? –cuestiono un tanto molesta.
–Por supuesto que lo amo –aseveró con fiereza –, pero no puedo estar con alguien que no me ayuda avanzar. Quiero estar con él, pero si sigue por ese camino, por mucho que lo ame y me duela, no puedo seguir a su lado.
– ¿Acaso tu madre te ha inculcado esas ideas?
–Mire; sé que no le agrada mi madre y lo entiendo, ella tampoco fue muy amable con usted o Ryan. Pero esto que estoy diciendo no es porque “ella me lo ha inculcado” –hizo un gesto de comillas, mientras su voz seguía firme –. Quiero ser independiente y lamento si sueno grosera o malagradecida, pero no creo poder soportar más esta situación.
El silencio reino en la cocina. El rostro de Lola decayó, pero no replico. Por una parte se sentía mal por su suegra, pero por otra sintió que por fin había dicho lo que necesitaba decir, pese a no ser la persona con la que debió de tener esta conversación.
–No puedo culparte por decir eso –finalmente hablo su suegra –. Debes hacer lo que es mejor para ti pero, por favor, dale una oportunidad a mi hijo. Sé que puede cambiar, lo presiento.
Ana Lucía asintió y le dedico una leve sonrisa.
Quería creerle, pero no podía fiarse pero solo el tiempo lo dirá. Si Ryan no puede cambiar ni por ella o por el mismo, quizás ya sea hora de terminar la relación.