Capítulo 19

2129 Words
Tiempo actual. Luego de hablar con su suegra, fue directamente a su habitación. Tenía que hablar con Ryan para hacerle saber cuan descontenta esta con la situación actual. Si, lo amaba y mucho, pero no podía seguir en esta situación; por mucho que le agradase Lola no se sentía del todo cómoda viviendo a expensas de ella. No se lo merecía. Al entrar encontró a Ryan recostado en la cama. Por un momento quiso dejar la charla para otro día, pero sabía que no debía que debían hablar ahora, se acercó y puso su rostro más serio posible. Debía demostrar seriedad y firmeza. Ryan alzo la mirada hacia su novia sin expresión alguna, de seguro esperando a que ella se disculpará por comportamiento, Ana Lucía por el contrario le devolvió la mirada más dura que nunca antes le había dedicado. Y, por primera vez, sintió cierto nerviosismo ante esa mirada. – ¿Vas a quedarte ahí mirándome así? Porque déjame decirte que eso es muy infantil de tu parte. – ¿Ah, sí? Pues te recomiendo sentarte, debemos hablar –dijo seriamente. Ryan chasqueo la lengua y se incorporó sentándose en la cama, miro a su novia esperando que empezara a hablar. –No me siento cómoda con esto. – ¿Con que no te sientes cómoda? –inquirió serio –. ¿Con mentirme, tal vez? –Sabes que, si, si te estuve mintiendo. – ¡Lo sabía! ¡¿Con quién me engañas?! –preguntó furioso. El rostro de Ryan giro bruscamente hacía un lado, se sobo el área afectada y miro incrédulo a Ana Lucía quien tenía la mano alzada y temblorosa. Más que enojada estaba dolida ¿Cómo pudo cuestionar su fidelidad? El único error que cometió fue el no contarle sobre su trabajo, pero de ahí a cuestionar su lealtad, su amor fue demasiado. La decepción estaba impregnada en los ojos mieles de Ana Lucía, y, como si de una revelación se tratase, se dio cuenta de que no podría vivir esta vida ni un minuto más. Se dio cuenta de que el amor no era suficiente. Creyó que viviría feliz por siempre si se iba de casa, viviendo sin la presión constante de su madre y hermana ¡que equivocada estaba! Su familia solo buscaba ayudarla, aconsejarla y ¿Cómo les pago su preocupación? Irse de casa sin previo aviso. Las lágrimas querían salir de sus ojos, pero no lo permitió. No dejaría que él la viese llorar. –De todas las cosas que pudiste decir, se te ocurrió decir eso –negó con la cabeza decepcionada, una sonrisa carente de humor se instaló en sus labios –. Solo para que lo sepas. La única vez que te engañe, fue en no decirte que tengo trabajo. Y nunca, nunca vuelvas a insinuar una infidelidad de mi parte ¿me oíste, Ryan? Porque puedo darte más que una simple bofetada –terminó con una advertencia fría. – ¿Cómo pretendes que no llegue a esa conclusión? –replicó adolorido por la bofetada, aun se sobaba su mejilla –. ¿Con tus salidas, excusas y sin contar las veces que no respondías mis llamadas o mensajes? Dime, ¿qué querías que pensara? –Se supone que confías en mí. ¿Qué clase de novio eres, si no confías en tu novia? – ¡Uno que vio el comportamiento extraño de su novia! –exclamó –. ¡Has cambiando, ya ni siquiera te reconozco! – ¡No cambie! Soy la misma que conociste solo que en mejor versión. Gracias a mi trabajo. Me ha hecho abrir los ojos –puso su mano en su frente intentando calmar su ira y frustración –. Yo no te intereso. En vez de alentarme a arreglar las cosas con mi madre y hermana me dices que me aleje de ellas. En vez de apoyar mi deseo de querer trabajar para ganar independencia, dices que no es necesario, que tu madre nos mantendrá –río con sorna por lo ridículo que sonaba –. ¡No quiero vivir a expensas de ella! Quiero vivir a base de mis logros y esfuerzo. Y en vez de impulsarme, me estas estancando. – ¿Ves de lo que hablo? –la señalo con ambas manos –. ¿Acaso te estas escuchando? ¿Quién te ha estado metiendo ideas en la cabeza? ¿Tu madre, tu hermana? – ¡YA DEJA DE INVOLUCRARLAS! –gritó exasperada –. Esto no se trata de ellas, se trata de nosotros. Ya no le veo futuro a esta relación. – ¿Y adónde irás? ¿Enserio crees que tu familia te aceptara de vuelta, después de cómo te fuiste? –El rostro de Ana decae un poco, Ryan sonríe victorioso ante eso –. Yo soy tu familia ahora. No tienes a donde ir. –Pues en eso te equivocas –refutó segura, pese a que no se sentía así –, si tengo a donde ir. –Pues bien, vete. Recoge tus cosas y largarte ahora mismo –dijo con desprecio y agrego: –. Ah, casi lo olvido. No quiero que vuelvas aquí llorando por una segunda oportunidad. Luego de decir eso. Ryan sale de la habitación dando un gran portazo. Ana Lucía no cabía en su decepción y pensar que quería ayudarlo. Cuando Ryan salió las lágrimas no tardaron en caer por sus mejillas. Furiosa; las seco rápidamente no quería desperdiciar más tiempo, por lo que guardo toda su ropa en su maleta y bolso, luego tomo el dinero que había ganado con mucho esfuerzo en su trabajo. Al terminar quiso llamar a su hermana, pero se abstuvo de hacerlo, no quería escuchar sus reproches y el famoso “te lo dije” al menos no por ahora. En cambio. Llamo a Sisi, su compañera de trabajo; ambas se volvieron muy unidas desde entonces y sabía que podía confiar en ella. Marco a Sisi, sus manos temblaban. Apenas Sisi contesto. –Te necesito –dijo antes de la susodicha la saludase. ……………………………………….. Una vez instalada en el apartamento de Sisi. Dejo salir toda su ira, pena, dolor y decepción. Recordó como Ryan la miraba irse desde la ventana, y su rostro no reflejaba la más mínima emoción. Nunca pensó que las cosas terminarían así, pero así fue y se sentía destrozada. Quizás, desde el principio, estaban desinados al fracaso. Lloro mucho, mucho más de lo que había llorando alguna vez en su vida, hasta que Morfeo se compadeció de ella llevándola al reino de los sueños. ………………………………………….. Al día siguiente se levantó con el rostro pálido, ojeras marcadas y un corazón roto. Sisi al verla intento animarla con un desayuno dulce para animarla un poco, su amiga es una amante de las cosas dulces. Pero Ana Lucía al ver los panqueques con miel y fresas se echó a llorar, entre sollozos dijo que ese plato se lo hizo en la primera mañana cuando se mudó con él. Sisi intento que se distrajera con una película, pero era una película de desamor y los llantos de Ana Lucía empeoraron hasta el punto de no saber qué hacer luego, como último recurso, fue por un pote de helado de chocolate y chispas que tenía guardado para casos de emergencia. Se lo tendió y la joven empezó a ahogar sus penas en el helado de chocolate. Si sigue así, tendré que llamar a Priscila, se dijo Sisi. Aunque, de igual forma debe llamarla para notificarle que Ana Lucía no estaba en condiciones para trabajar. Luego de una hora entre lágrimas, películas románticas y no románticas, helado y mucho, mucho chocolate. Ana Lucía por fin dejo de llorar. Pero ya saben lo que dicen: “luego de la tristeza viene el enojo”, oh bueno, lo que sea que viene de un rompimiento. Ya que todas lo tomamos de maneras distintas. Pero el dolor casi siempre es el mismo. Sisi al verla más calmada, decidió que ya era hora de hablar. – ¿Estas Lista, Ana? –preguntó de forma cautelosa, no quería incomodarla. –Creo que necesito un poco más de tiempo –respondió –. ¿De casualidad no tienes un saco de boxeo que golpear? –Por desgracia, no. Pero puedes golpear las almohadas de tu habitación –sugirió. La chica hace un gesto negativo. –Ya las he golpeado mucho –admitió algo apenada –. ¿Ni una botella que pueda romper? –Ok, te voy a alejar de cosas frágiles y filosas –comentó nerviosa, para luego tornar su rostro serio –. Y si hablas con tu hermana. Me dijiste que hablaste con ella. –No quiero que se entere que termine con Ryan –se cubrió el rostro con ambas manos –. Al menos no ahora. Primero quiero estar en buenos términos con ella. – ¿Y tu madre? –volvió a sugerir –. Arreglaste las cosas con ella, ¿verdad? Se destapo el rostro, pasando sus manos por su cabello. –Sí, pero tampoco quiero decírselo por ahora –Sisi arqueo las cejas –. ¡No me mires así! Mamá melina se me regocijara por haber tenido la razón y yo no. Me lo recordará por años. –Suena a que no quieres decirles por orgullo, Ana –comentó sin poder evitarlo –. Vale, sé que es muy difícil admitir cuando uno se equivoca. Pero debemos ser capaces de aceptar cuando nos equivocamos. –Tú no lo entiendes. Cuando me equivoco mi madre y hermana me lo recalcan demasiado. Dicen que no doy lo mejor de mí y hasta yo me lo he creído. Muchas veces, por mucho tiempo, fingía que no me importaba lo que decían de mí, cuando en realidad, me afecta demasiado. –Aun creo que deberías hablarles o hablar con algún otro familiar. Ana Lucía alzó la mirada, extasiada. – ¡Eso es! –exclamó –. Hablaré con mi tía. Con ella es más fácil hablar que con mi madre y hermana –se abalanzo para abrazar a Sisi, tomándola desprevenida –. ¡Gracias, gracias, gracias! Eres la mejor amiga que pude encontrar en Villa Olive. Sisi palmeo su espalda. –Lo sé, soy la mejor –coincidió con arrogancia –. Ya veraz que todo saldrá bien. Y en verdad quería creerle. A veces debemos pasar por momentos oscuros y dolorosos en nuestras vidas, para poder resurgir más fuertes y optimistas. ………………………………………. Devuelta a la ciudad de Santo domingo, en la universidad “Adelaida Harrison”. Ana Marie se sintió muy inquieta hasta el punto de no prestar atención a ninguna de sus clases, llevándose reprimendas de sus profesores y una que otra mirada de preocupación de los susodichos, ya que, si recordamos bien, Ana Marie nunca se distraía en clases. Por lo que muchos de sus profesores; los que la conocían mejor, se preocuparon un poco por su falta de atención, sobre todo, el señor Clarke. Cuando terminó la clase, el señor Clarke le pidió a Ana Marie que se quedase después de clase. –La he notado muy distraída, señorita Buenaventura. ¿Todo bien? –cuestionó preocupado, mientras se acomodaba sus gafas. El señor Clarke; es el profesor de idiomas de Ana Marie, un hombre de piel tostada en sus treintas, cabello oscuro, rostro cuadrado anguloso y mirada penetrante. El sueño de cualquier alumna. –Por supuesto que estoy bien, profesor Clarke –respondió rápidamente, mientras enrollaba un mechón de su cabello –. Solo no he dormido bien anoche, es todo. El profesor alza las cejas ante eso. – ¿Puedo saber el motivo de tal desvelo? –inquirió intrigado, después de todo su mejor alumna se había distraído en la clase. Ana Marie mordió su labio inferior en claro nerviosismo. Desde anoche, cuando se atrevió a publicar uno de sus escritos y hablar con su hermana, se sentía risueña y eufórica. Perdiéndose así en sus pensamientos. Distrayéndose del mundo real. –Nada importante, Profesor –murmuró –. Solo, solo fue un desvelo. No volverá a pasar, se lo prometo. El señor Clarke asintió complacido. –Que no vuelva a ocurrir, señorita buenaventura –advirtió serio, para acto seguido levantarse del escritorio y abrirle la puerta, cuando Ana Marie iba a cruzar, el aliento del profesor le hizo cosquillas en su oído y le oyó susurrar de forma baja y ronca: –. No quisiera que mi mejor alumna no preste atención a otra cosa que no sea mi clase. Que tenga un buen día, señorita Buenaventura. –Bue… buen día, profesor Clarke –balbuceo con las mejillas encendidas. El destino actúa de manera muy caprichosa, haciéndonos pasar por situaciones divertidas, tensas o en algunos casos excitantes.
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