Capítulo 7

1891 Words
Al día siguiente, en un hermoso domingo por la mañana nuestra querida protagonista despertaba con un dolor en la espalda, cuello y cabeza. Había dormido en el suelo de la sala y apoyado su cabeza en la mesita de una forma poco saludable para su cuerpo. Después de la confesión y la liberación de toda su carga emocional. Ana Marie opto por beber para celebrar y dar inicio a un nuevo capítulo en su vida, ella junto a Daniela bebieron, hablaron, rieron y lloraron, algo que Ana Marie nunca había hecho desde bueno… nunca. La chica al parpadear un par de veces y frotarse los ojos se dio cuenta de que su espalda estaba pidiendo ayuda a gritos. Le dolía a horrores, pero sabía que se lo merecía por dormir en una mesa. Al buscar a su amiga con la mirada la vio dormitando en el sofá de una forma antinatural que Ana Marie no supo describir, para ella era como ver un pretzel humano. Al girar la cabeza un pequeño mareo la hizo soltar un quejido ante el repentino movimiento. Se levantó y caminó rígidamente hacia a la cocina para prepararse un café bien cargado, no sin antes tomar una pastilla para el dolor. "No volveré a beber", pensó la joven mientras bebía la pastilla y ponía manos a la obra con el café. Mientras esperaba el café, Ana Marie empezó a reflexionar y a reevaluarse como persona. Si fuera otra persona totalmente diferente y se viera así misma se describiría como una chica hermosa pero con los ojos apagados, poco habladora, estricta y perfeccionista. Alguien con quien no hablarías más de dos palabras. Se sintió mal por cómo se veía así misma pero, por otra parte, había cosas en su personalidad que son favorables y la hacían sentir cómoda, más humana, pero dichas cualidades nunca las dejaba salir a la luz. Había pasado tantas cosas en tan poco tiempo que los sentimientos de Marie no podían estar más tiempo guardados. Era como ser un volcán inactivo algunos explotaban y otros quedaban dormidos por siempre. A veces hay que encontrarnos a nosotros mismo antes de siquiera plantearnos la idea de ayudar a alguien. No puedes ayudar a una persona perdida si tú también lo estás. El chillido de la cafetera llamo la atención de Marie quien rápidamente se sirvió un poco en su taza roja con el logo de Marvel. Amaba las películas y las series. Sopló varias veces antes de beber el preciado líquido, arrugó la cara ante la falta de azúcar pero sabía que debía quitarse la resaca, la cual gracias a Dios no la dejo como un zombi. Aunque no podría decir lo mismo de Daniela, su cabello parecía un nido de ratas. Al terminar de beber su café Ana Marie se dispuso a cocinar. Era domingo así que opto por cocinar su desayuno favorito. Tortillas de huevo con pan tostado aun lado y fruta picada espolvoreada con azúcar. Un desayuno delicioso. ……………................................................................................................................................................................................................. La chica al terminar de poner la mesa miro orgullosamente lo que había preparado. Al ver la hora fue a la sala para despertar a Daniela quien aún dormitaba en su extraña posición, con cuidado puso el jugo y las pastillas en la mesita antes de sacudir a su amiga. –Pss, Daniela. Despierta, Daniela, ya es hora del desayuno –hablo Marie en voz baja, siguió sacudiéndola pero Daniela se acomodó dándole la espalda. Con los ojos entrecerrados Ana Marie opta por la estrategia que siempre utilizaba para despertar a su hermana, siempre funcionaba –. Tú lo pediste, Daniela. Marie recordó los momentos en los que su hermana se negaba a despertar, su método siempre fue más ortodoxo que los que usaba su abuela, tía y madre. La primera era con agua fría, la segunda con su cachorra lamiendo toda la cara y la tercera con jalones de los pies que te tumbaban de la cama. Ana Marie sonrió nostálgica ante los recuerdos. Cuando volvió a la sala con una botella de agua a temperatura natural miró a su amiga y, con una sonrisa traviesa, le hecho una gota. La gota cayó en todo el lagrimar de Daniela quien parpadeo y despertó con quejidos, la aludida farfulló unas palabras inaudibles para Ana Marie pero poco importaba, su amiga ya estaba despierta. –Qué bueno que hayas despertado –sonrió inocentemente –. En la mesa tienes el jugo junto con las pastillas. El desayuno está listo, no te tardes mucho no querrás comerlo frío. Daniela la acribillo con la mirada mientras se limpiaba el lagrimal. –Me despertaste –recrimina ella mientras se incorporaba –. Me despertaste cuando estaba teniendo el sueño más glorioso del mundo. ¡Con agua en mi ojo! –Solo fue una gotita –descartó su amiga –. Además, todos tus sueños para ti son gloriosos. – ¡Pero este si era glorioso! –defendió ella –. Tenía a tres actores sexys sin camisa peleando por mí. – ¿Por qué no los tuviste al estilo Fleur? –dijo sin pensarlo, cuando se dio cuenta de lo que dijo sus mejillas se sonrojaron. – ¿Qué? – ¿Qué? –devolvió Marie, fingiendo demencia. Daniela sabía de lo que estaba hablando su amiga. Ella también leía las historias de Ariana Godoy, y le sorprendía de sobremanera que su amiga leyera tales historias. Nunca pensó que la tímida y callada Ana Marie tuviera este lado oculto, sonrió sin poder contenerse y al final soltó las carcajadas. Marie la fulmino con la mirada pero luego, contagiada por las risas, se unió a ellas sin poder evitarlo. Por primera vez Ana Marie se rió sin siquiera preocuparse por lo que pensara Daniela sobre su gusto en la lectura y se sintió muy bien. ………………............................................................................................................................................................................................. Poco después del desayuno y las pocas quejas de Daniela sobre su forma de despertarla, la mañana fue muy tranquila para Marie. Ana Marie estaba escribiendo en su laptop cuando Daniela irrumpió en su habitación. Frunció el ceño ante la irrupción de su amiga quien normalmente toca antes de entrar, Daniela estaba vestida con sus clásicos vaqueros ajustados un top y una chaqueta de tela ligera, parecía que iba a salir. – ¿Vas a salir? –inquirió Ana Marie mientras volvía a fijar su vista a la pantalla de su laptop. –Querrás decir, vamos a salir –canturreo con una sonrisa. Los dedos de Marie se detuvieron abruptamente mientras alzaba la mirada incrédula hacia su amiga. ¿Dijo salir? ¿A dónde iban a salir? –Pero hoy es domingo. – ¿Y? –Sabes que no me gusta salir. –Nunca te gusta salir –masculló –. Pero debes salir e interactuar con el mundo. Ya basta de estar encerrada. –Mmm, no lo sé –acomodó sus lentes en el puente de su nariz, pensativa –. Hoy es día de descanso y normalmente no se sale los domingos. –Pues será eso en Sierra Cayena, porque en la ciudad nunca duerme ni descansa –Daniela replicó mientras rebuscaba en el closet de su amiga buscando que usará –. Vamos será divertido, recorreremos la ciudad y así podrás familiarizarte con ella. Ana Marie arrugó la nariz. –Si me he familiarizado con la ciudad. –No es cierto. Solo sabes ir a la universidad, al mercado y a nuestro edificio –rebatió con una sonrisa triunfante, mientras le tendía a su amiga la ropa que se pondría para la salida –. Ve y cámbiate. Te espero en veinte minutos. Sin más salió de la habitación. Ana Marie resoplo mientras apagaba su laptop y la colocaba en la mesita de noche junto a su cama. Se levantó y examinó el conjunto que su amiga había escogido. Una falda verde esmeralda cinco centímetros por encima de la rodilla, una blusa lisa de color n***o y unas sandalias beige. La chica se encogió de hombros, no moriría por hacer algo diferente, necesitaba salir de su monotonía y conocer la ciudad más a fondo, lo cual es una gran idea. Podría conocer lugares nuevos, lugares que pudo haber conocido si tan solo no se hubiera encerrado. Bueno, si conocía mejor la ciudad quizás su percepción sobre Santo Domingo cambiaría. Podría incluso llegar a considerar la ciudad como su hogar. ………………………………..................................................................................................................................................................... Estaban caminando por las aglomeradas calles de la ciudad, los edificios se alzaban con majestuosidad, los árboles sembrados junto a las calles hacia que el aire fuera más limpio, las personas iban y venían acompañados de sus perros o niños. Ana Marie al principio se sintió asfixiada ante tanta gente pero poco a poco se fue acostumbrado a la aglomeración, Daniela murmuraba una y otra vez sobre las personas que chocaba y no se disculpaban para no interrumpir sus llamadas, eso le molestaba de sobremanera. Pero seguía manteniendo una sonrisa. – ¿A dónde vamos? –inquirió –. Dudo mucho que solo quieras que camine una maratón. –No sería una mala idea, necesitas hacer ejercicio –bromeo Daniela, cuando por fin vio lo que estaba buscado dio pequeños saltos de felicidad. Tomo su mano y la guió entre el gentío –. Vamos, está abierto y debes entrar. En un lugar maravilloso, ya lo veras. Ana Marie no pregunto y se dedicó a ser guiada por su amiga quien estaba entusiasmada. Decir que no estaba nerviosa seria mentir, decir que no se preocupaba a donde la llevaría seria mentir, temía que no les cayera bien su presencia a quien sea que estuviera ahí, que no se viera presentable. Eso era ridículo, su miedo era ridículo y como tal debía ignorarlo y ser ella misma. Luego recordó las palabras de Daniela. "Si te sientes bien contigo misma no necesitas de la opinión ajena", recordó las palabras de su amiga y se permitió calmarse. Al llegar al lugar Ana Marie entrecerró los ojos en dirección al edificio. No destacaba de los demás, es más, era muy simple comparado con los otros edificios. El edificio era de dos pisos, de ladrillos rojos, ventanas cuadradas con macetas llenas de flores en cada ventada combinando así lo urbano con lo natural. Simple pero bonito. ¿Pero que tenía de especial? ¿Por qué su amiga la trajo a ese lugar? Daniela miraba ansiosa a su amiga temía que no le agradara el lugar y mostrara su descontento, pero en vez de eso, vio la curiosidad cruzar en el rostro de su amiga. Daniela suspiró aliviada y, con una sonrisa. –Será mejor que entremos. Álvaro nos espera adentro –dijo con su usual sonrisa. Los ojos de Ana Marie se abrieron con sorpresa. – ¿Álvaro está aquí? –pregunto sorprendida. –No pareces muy feliz –apuntó Daniela –. ¿Pasó algo entre ustedes? La joven Buenaventura apretó los lados de su falda con pena. –Lo trate mal cuando quiso hablar conmigo sobre cómo me sentía –explicó en un hilo de voz –. Fui muy tajante con él, no lo deje hablar ni nada por el estilo, no lo culparía si estuviera molesto conmigo. Él solo quería ayudar y lo aleje. Quizás había arruinado su inusual amistad. –Porque mejor no entramos y lo averiguas –íncitó Daniela mientras acomodaba su trenza –. No pierdes nada.
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