Capítulo 6

1457 Words
Como lo habrán adivinado, la llamada no salió como debería. Nuestra querida Ana Marie después de darle la cucharada que, según ella, se merecía su hermanita. Se fue a la cocina donde vio a Daniela con la expresión de un profesor ante un alumno que hizo algo bajo y decepcionante, es obvio que escucho la conversación. La chica bufo antes de sentarse en la silla y esperar el sermón de su amiga. –Hace cinco minutos estabas llorando, chillando y cayéndote a pedazos –Decía mientras buscaba una de sus botellas de licor en la alacena –. Unos segundos después, tu voz es tan fría como un témpano de hielo mientras tratabas a tu hermana como a una extraña. Me impresiona hasta dónde puedes llegar, Ana Marie –se sentó frente a la joven quien rehuía de su mirada, de seguro apenada o simplemente no queriendo reconocer su error. Sirvió dos vasos con hielo y limón –. Ahora habla. Ana Marie mira el vaso como si fuera veneno. –Sabes que no bebo. –Si lo haces –tomó un trago y se sirvió otro –. Ahora bebé o simplemente no lo hagas. Pero debes decirme lo que te pasa. La joven alterno la mirada en el trago y Daniela durante varios segundos, tomó el vaso y bebió todo en un solo trago sin arrugar su rostro. Hasta eso ella lo perfeccionó. Así nadie se daría cuenta lo inexperta que es en la bebida sino arrugaba el rostro al beber o eso era lo que creía la joven. Luego de beber Ana Marie sintió el ardor en su garganta y, con la mirada en alto, le contó todo a Daniela. Ya no aguantaba más, ya no quería seguir guardándose todo y volverse una bomba de tiempo. No solo lastimaba a las personas a su alrededor también se estaba lastimando ella misma. ¿Saben que fue lo que sintió al soltarlo todo? Sintió que el peso sobre sus hombros se aligeraba, que el aire ya no le faltaba, se sentía ligera, libre. Daniela escuchaba todo sin interrumpir a su amiga. No quería hablar precipitadamente y hacer que Ana Marie se cerrará de nuevo en su burbuja. Debía escucharla así como ella tantas veces lo había hecho cuando sus relaciones no funcionaban, sentía que esta era su oportunidad de retribuir la amistad sincera que Ana Marie le proporcionó cuando recién entró a la universidad. –Vaya, sí que te has guardado mucho –apartó el vaso y entrelazo sus dedos mientras apoyaba su barbilla en sus manos –. Eres como un ave enjaulada, ¿sabes? Pero por ti misma. No te permites volar, tú misma te cortas las alas. Dejas que muchas cosas se te escapen y no haces nada por detenerlo, solo te quedas mirando como tus mejores años se van volando. –Si lo pones de ese modo suena horrible –masculló mientras bebía otro trago –. Es solo que, siento que debo ser perfecta, cumplir con las expectativas. –Sí, pero temes al fracaso –refutó –. Ana Marie, siendo tú tan inteligente, tan culta, sabes que la perfección no existe. Que hay un lado positivo en el fracaso, sin el fracaso ¿Cómo aprenderemos en esta vida? Hay que reír, llorar, equivocarse y aceptarse –los ojos de su amiga se aguaron, pero Daniela no iba a parar –. ¿Recuerdas la pregunta que te hice en la sala? – Ana Marie asintió –. ¿Qué te molesta más, el hecho de que tu hermana se fuera o lo que piensan los demás? Pasaron los segundos, luego los minutos y Daniela esperaba pacientemente la respuesta de su amiga. Si su amiga reconocía que estaba dejando pasar muchas cosas por el que dirán, la ayudaría a entender que la opinión más importante es la de ella misma. No necesitaba una opinión ajena para sentirse bien. –Lo que piensan los demás –respondió con la voz rota –. Siempre he tratado de que todos me aceptasen. Me he alisaba el cabello, me quitaba los lentes, hacia tantas cosas para que me aceptaran y nada funcionó. Seguía siendo la rara. Así que opte por ser la chica perfecta, la de las buenas notas, la más servicial, la que escuchaba y no hablaba –hizo una pausa, tomó un paño que Daniela le tendió y sorbió un poco su nariz –. Pero no creas que… que solo eso me molesta, lo que piensen de mi hermana o de mí. Si, acepto que eso me molesta por una parte, pero ella me preocupa y siento que es mi culpa. No le preste atención y si lo hacía era para criticarla, hacerla sentir menos. Pero la verdad era que envidiaba su luz, su libertad para expresarse y hasta para bailar. Era como ver a un espíritu libre. –Tú también puedes serlo, solo debes amarte a ti misma, nadie te aceptara si tú misma no lo haces –las lágrimas corrían libres por el rostro de ambas, una lloraba por sus inseguridades la otra por abrirle los ojos a su amiga y hacerle ver que aún tenía la oportunidad de vivir, de vivir sin miedo con la necesidad de la perfección y la aceptación por parte de otros –. No será un camino fácil, será complicado. Liberarte de tus propias ataduras será tu mayor reto. – ¿Pero qué hay de mi hermana? No puedo dejarla sola –protestó débilmente. –No puedes ayudarla, no así –sentenció Daniela –. Además, no la dejaras sola, solo déjala darse cuenta por si misma el error que está cometiendo. Si tú estás encima de ella solo la alejaras más de ti. – ¿Qué sugieres que haga? –No es lo que yo sugiera si no lo que tú quieras ahora –alegó Daniela mientras se servía otro trago –. Dime, Ana Marie, ¿qué quieres? Ana Marie se quedó callada por varios segundos. Sabía lo que quería, pero no sabía si seguir su corazón o seguir el regimiento que ella misma se autoimpuso. Y, como si de una luz se tratase, ligeros recuerdos de ella y su hermana corriendo y riendo llegaron a su mente. Eran tan felices, tan llenas de vida. Supo en ese momento lo que más quería. –Quiero vivir sin la preocupación constante de lo que dirán. Vivir plenamente, amarme plenamente, estar segura de quien soy y de lo que hago –el tono triste y apagado poco a poco va cambiando a una voz segura. Como el ave fénix Ana Marie renacería para ser la mejor versión de ella misma –. Ya no quiero ser la perfecta Ana Marie, solo quiero ser Ana Marie. Daniela aplaude ligeramente ante la seguridad de las palabras de su amiga. Muchas mujeres buscan la perfección, sin embargo, en la brusquedad de dicha cualidad se pierden hasta el punto de ser un cascarón vacío. Una sombra de lo fueron alguna vez. Ana Marie estaba considerando seriamente reinventar su vida y, con toda seguridad, lograr ser la chica vivaz y feliz que alguna vez fue antes de que su luz se apagará. Bien podría culpar a las personas a su alrededor, pero sería tonto, ya que uno no puede perder su luz a menos que lo permitas. Y ella lo había permitido, ahora le tocaba volver a brillar. –Mañana mismo empezamos –decreto Daniela. – ¿Qué? –Amiga, no puedes simplemente reconocer tus demonios y simplemente actuar al día siguiente como si nada –proclamó como si fuera lo más obvio del mundo, movió su cabello castaño aun lado –. Aprenderás a enfrentar la vida como se debe y, si no es así, dejo de llamarme Daniela Fuentes. Ana Marie rió a carcajadas después de mucho tiempo, no porque creyera que su amiga estaba loca, sino por la pose que esta había adoptado, una mano hecha puño en el pecho y el brazo extendido con el vaso lleno de Whisky en lo alto. Como si de un juramento o una promesa al cielo se tratase. Ana Marie extendió su trago a lo alto antes de beberlo todo en un solo trago, ¿cuántos llevaba ya? No lo sabía y, por primera vez, no le importaba en lo absoluto. –Gracias, Daniela, por no haberte rendido conmigo. Eres una gran amiga. Daniela se encogió de hombros. –Siempre veo mucho más de las apariencias. Y tú, amiga mía, eres mucho más que solo la chica perfecta. Y así, entre lágrimas y risas una hermana se preparaba para la siguiente etapa de su vida, mientras que la otra corría el riesgo de que su luz se extinguiese.
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