Volviendo a la ciudad de Santo Domingo, Ana Marie casi había olvidado lo mucho que detestaba la ciudad, nunca había considerado Santo Domingo su hogar pese a que ha vivido por más de dos años. Nunca logró acostumbrarse al ruido incesante de los diversos vehículos, el aire pesado y el calor mucho más intenso que en Sierra Cayena. La joven agradecía enormemente que el auto de Álvaro tuviera aire acondicionado; ya que, sino ¿quién la aguantaría?
Edward les indicó el complejo de apartamentos en donde vivirá. Grata fue la sorpresa de solo le quedará a cinco cuadras del edificio donde viven Ana Marie y Álvaro. Ambos edificios estaban ubicados en sitios estratégicos de la ciudad ni muy cerca del campus ni del centro. Ana Marie eligió el edificio a base de esto pero, lo que no contaba, era que la calle era muy transitada tanto de día como de noche ¡con razón la renta era tan barata! Aun después de casi tres años viviendo allí no se había acostumbrado al ruido ensordecedor de la ciudad.
Al despedirse de Edward, Álvaro no tardó mucho en estacionarse en su edificio. Ana Marie bajó rápidamente del auto ya que no quería hablar con Álvaro y explicarle su falta presencial en la universidad, tampoco quería explicarle por qué no había respondido ni las llamadas ni mensajes que tanto hacían él y Daniela. Escuchó a Álvaro llamarla y apresuró el paso, pero Álvaro es mucho más rápido y atlético que ella, debía hacer más ejercicio, no pudo ni cruzar la puerta cuando sintió como Álvaro la tomaba por el codo suavemente, pero con la firmeza necesaria como para evitar que diera otro paso.
La intensa mirada azulada que Álvaro le dedicó le hizo darse cuenta de que no podía dejar las cosas así, que debía ser honesta, pero, por mucho que debería, no quería hablarle a él ni a nadie lo que le aquejaba. Sí, sonaba contradictorio, ya que Edward lo sabía, pero él es de Sierra Cayena y es un pueblo pequeño donde todo se sabe.
Bien podría ser su orgullo o su temor por lo que llegue a pensar Álvaro o cualquier otra persona. Siempre le ha gustado estar por encima de las expectativas de los demás, ser la chica perfecta, la chica que no da problemas, la que habla solo cuando sea necesario. Ese siempre había sido el verdadero temor de Ana Marie, no ser perfecta, no ser suficiente para nada ni nadie, ¿quién diría que en nuestra búsqueda de la perfección no cohibimos hasta el punto de ser rígidas estatuas?
–Sabes que puedes hablar conmigo, Marie, sé que lo sabes –susurro Álvaro con un dejo de súplica filtrándose en su voz ronca –. Puedes decirme lo que sea, no debe ser tan malo como mis notas o mi comportamiento en general.
Y no bromeaba con eso. Pero Ana Marie se negaba a hablar.
–No es algo que deba preocuparte –se soltó de su agarre –. Gracias por pasar por mí y llevar a Edward, Álvaro.
–Ana Marie…
–No –cortó ella –. No, por favor.
Y, sin mirar atrás, Ana Marie entro al edificio y subió al ascensor maldiciéndose una y otra vez. ¿Por qué no podía ser como las demás personas? ¿Las que hacen y deshacen sin importar lo que los demás digan o piensen? ¿Por qué se cohibía de hacer lo que quería?
"Porque quiero ser perfecta", se respondió la chica con pesar.
Al llegar a la puerta de su apartamento, la chica dejó a un lado su maleta para buscar las llaves, al entrar a lo que ha sido su hogar por casi tres años se encuentra con Daniela quien, con los brazos en posición de garra, la mirada seria y los labios apretados, Ana Marie supo que estaba en problemas. Casi quiso tener que enfrentar a Álvaro en vez de Daniela.
–Al fin te dignas a volver, ¡no sabes lo preocupada que estaba! Te estuve llamando y tú ni contestaba, ¡hasta estuve a punto de llamar a la policía! –Daniela parecía una madre regañando a su hija adolescente, Ana Marie se encogió de hombros ante tal tono de reproche, no creía que su amiga se preocupara tanto por ella –. Si no fuera por los profesores y la coordinadora de la universidad, te juro que los hubiera llamado, te lo juro. ¿Por qué no contestaste ninguno de mis mensajes o llamadas? ¿Tanto te peso hacerlo? Ni se para que me preocupe tanto ¡mírate! Estas tan fresca como una lechuga y…
Paro en seco al ver las lágrimas correr por el rostro de Ana Marie.
Internamente Daniela se preguntó si había sido muy dura con ella, pero lo descartó al instante, Ana Marie nunca lloraba por sus reproches ni nada parecido. Tuvo que haber pasado algo con su familia para que Ana Marie llegara tan inestable, sí, eso tuvo que ser.
Pero la pobre Daniela no sabía qué hacer, nunca había visto llorar a Ana Marie ni siquiera con una película romántica con final trágico, lo más cercano a lágrimas fue cuando la dos optaron por ver la película original de King Kong, los ojos de su amiga se aguaron más no pasó a las lágrimas. ¿Ahora? Ahora su amiga estaba a moco tendido y Daniela no sabía cómo actuar; normalmente es Ana Marie quien da consuelo, no ella.
Ana Marie sintió como unos brazos la envolvían y devolvió el abrazo al instante, rompiendo por completo en llanto.
–Ya, ya, shh todo estará bien –consoló Daniela mientras palmeaba su espalda. Daniela miró al techo como si suplicara ayuda a un ser divino, Ana Marie al darse cuenta del espectáculo que estaba dando y en lo ridícula y patética que, de seguro, se veía ahora se separó del abrazo abruptamente; sorprendiendo a Daniela –. No es malo llorar de vez en cuando, Ana, nunca es bueno guardarlo todo.
–Y tampoco es bueno mostrar este tipo de escenas.
– ¿Qué escena? –replicó Daniela –. ¿El hecho de que, por primera vez, en lo que llevo conociéndote te vea llorar? ¿Te molesta mostrar que eres humana, una simple mortal con sentimientos y la capacidad de errar? –su amiga masculla algo intangible para sus oídos y vio como hizo ademán de encerrarse en su habitación. Daniela le bloqueó el camino –. Ni se te ocurra dejarme con la palabra en la boca, Ana Marie. Debes escucharme y vas a escucharme.
– ¿Qué se supone que deba escuchar? ¿Qué no soy perfecta? ¿Qué soy una mala hermana y por eso ella se fue?
– ¿Ana Lucía se fue? ¿Por eso faltaste en la universidad?
– ¿Ves lo que digo? –la señaló por completo –. Ahora pensarás que mi hermana es una cualquiera y como es que alguien como yo esté relacionada con ella.
–Eso no es cierto, yo no pensaría algo así ya que no conozco la historia completa –refuto Daniela, dolida por la conclusión de su amiga –. Creí que me conocías mejor, pero veo que me equivoque.
Se alejó un par de pasos.
– ¡No te vayas!
– ¿Quién dijo que me voy? Recuerda que yo vivo aquí. Solo voy a la cocina, necesito un bocadillo dulce y un trago para pasar este sabor amargo –mira a su amiga, impaciente –. ¿Esperas una invitación? Vamos, se nota que necesitas soltarlo todo. Me explicaras todo. También quiero que me respondas esta pregunta. Espero y aspiro, que te haga replantearte en cómo ves y vives tu vida, Ana Marie.
– ¿Qué clase de pregunta? –preguntó cauta.
– ¿Qué te molesta más, el hecho de que tu hermana se fuera o lo que piensan los demás?
Por primera vez en mucho tiempo Ana Marie no supo que responder. Antes de que pudiera ir a la cocina su teléfono estaba sonando, era una llamada, una llamada de su hermana.