En otro pueblo cuyo nombre corresponde al de Villa Olive vive la intrépida Ana Lucia. La joven no había hablado más con su hermana desde esa fatídica llamada, una parte de ella esperaba que su hermana la llamará para pedir disculpas y que aceptara de buena gana su relación con Ryan, pero era pedir demasiado y Ana Lucía lo sabía. Otra parte, sin embargo quería llamar a su hermana pero su novio Ryan le dijo que no lo hiciera, que su hermana se había equivocado, no ella y, por ende, no debía hablarle. Ana Lucia lo acepto.
Se sentía mal, pero ella creía que Ryan tenía razón y le hizo caso como consecuencia.
Había pasado una semana y Ana Lucia concluyó que su hermana ya estaba de regreso a Santo Domingo, a la universidad y a la promesa de ser alguien en la vida.
Ana Lucía nunca supo lo que quería en la vida. Su madre le decía que: o estudiará o trabajará, no tomo ninguna opción; se fue antes de que pudiera planteárselo seriamente.
Un suspiro resignado escapo de sus labios, nunca pensó que extrañaría tanto a su familia pero sobre todo a su madre Melina. Melina no es la mejor madre del mundo, ni la más amorosa ni la más comprensiva, pero era su madre y la extrañaba tanto como a su hermana. Por mucho que difería con Ana Marie y sus ideales perfeccionistas nunca dejó de quererla y tomar en cuenta sus consejos.
Esto es ser adulta, se dijo ante los recuerdos de la familia que añoraba y extrañaba.
"El descontento de mi familia será pasajero, aceptaran a Ryan y todo estará bien".
¡Que ingenua! Pero no puedo culpar a mi querida Ana Lucia, una joven que siempre se sintió olvidada en la sombra de su hermana mayor, cuyo único propósito era no dejar mal parada a su hermana con sus travesuras. Pero claro, la joven a diferencia de su hermana no le importaba lo que dijeran de ella ni lo que pensaran, en eso se parecía a su madre. Lástima que a veces, las peores críticas, las de la familia y los peores comentarios eran los de su propia madre.
Ni Ana Marie era tan cruel o despiadada como lo es Melina, mientras que Ana Marie maquillaba sus insultos y disgustos con palabras elegantes, Melina hacia todo lo contrario ya que maldecía como un camionero y sus palabras eran como dagas dirigidas directamente al corazón, al corazón de Ana Lucia.
La joven negó varias veces para apartar las palabras crueles de su madre, se negaba a escucharlas ya que una parte de ella sabía que tenía razón, no en que es una inútil ni nada, sino que se equivocó al irse a vivir en Villa Olive como una mantenida por la madre de Ryan y no buscar empleo. Por mucho que Ana Lucía le asegurase a su madre (con quien mantiene comunicación de vez en cuando) que estaban buscando empleo es una completa mentira, ni ella ni Ryan han buscado empleo y, su suegra es quien le compra sus objetos personales. Ana Lucía no se atrevía a hablar con su madre y decirle que es su suegra quien le compra todo y no Ryan quien, como marido de ella, debía proporcionarle dichos objetos.
Sé que puede sonar machista y que muchas de ustedes dirán que no debe ser así. Pero pongámonos en perspectiva, si la mujer (en este caso Ana Lucía) no trabaja, su marido debe proveer dándole todas las comodidades pero no lo hace él, lo hace su madre. Lo cual no me parece adecuado.
En fin, ¿en dónde estábamos? Ah sí, en nuestra joven con los sentimientos a flor de piel.
–Hey, ¿qué tienes, mi amor? –Preguntó Ryan con el semblante preocupado, Ana Lucia estuvo callada en toda la película y eso le extraño –. ¿No te gusto la película? Podemos ver otra cosa si tú quieres.
–Mmm..., creo que estoy bien. Iré a recostarme un rato –alegó, mientras se levantaba del sofá y se dirigía a la habitación que compartía con Ryan. En el camino se topó con su suegra Lola –. ¡Oh! Lo siento, Lola, no te había visto. No me di cuenta que llegaste del trabajo.
La mujer negó con una sonrisa.
–No tienes por qué preocuparte, querida, ¿dónde está Ryan?
–En la sala.
La mujer le agradeció y fue a buscar a su hijo.
Al entrar a la habitación se arrojó a la cama tamaño King y enterró su rostro en las almohadas soltando un grito de frustración. ¿Cómo era posible que su familia no aceptara a Ryan? Ellos estaban mal, no ella, ellos no la entendían ni comprendían cómo lo hacen Ryan y su madre. ¡No! Solo saben juzgarla y criticarla sin importar lo que haga.
Estos eran los mil y un pensamientos que azotaban la cabeza de la joven; quien tomo su teléfono para entrar en las r************* necesitando distraerse de todo esta situación.
De pronto recordó la fatídica llamada que tuvo con su hermana y, con ese pensamiento, llamo a su hermana sin pensarlo, solo lo hizo. El teléfono sonó y sonó, cuando estuvo a punto de colgar su hermana contestó con la voz fría.
– ¿Ahora si quieres hablar conmigo? –fue lo primero que dijo Ana Marie sin una pizca de calidez.
–No si tienes esa actitud –replicó Ana Lucia –. No te llame para discutir otra vez.
– ¿Y entonces para que Si no quieres oír la verdad?, una vez que las escuchas cuelgas como una cobarde.
Ana Lucía suspiró para calmarse y controlar sus palabras.
No quería decir algo de lo que después se arrepentiría.
–Sé que estas molestas y lo entiendo, te hable mal, pero no te llame para que me hablaras así –comentó en voz baja. No quería que Ryan la descubriera.
– ¿Cómo quieres que te hable después eso? ¿Cómo quieres que te escuche cuando tú no quieres escuchar a nadie, Ana Lucia? –Aunque Ana Lucía no podía verla, juraría que su hermana sonreía sin mucha gracia y elevaba los ojos al cielo, su combinación de molesta y sarcástica –. No me pidas comprensión cuando tú no quieres entender nada. Tus tonterías nos afectan a todos.
–Bueno, que conste que te llame como una mujer adulta.
Escucha las risas carente de humor al otro lado de la línea y sintió su sangre arder.
–Adiós, Ana Lucia. Llamame cuando quieres escuchar los consejos de quienes te queremos de verdad y nos preocupamos por ti.
Y, sin más, Ana Marie le devolvió a Ana Lucia la cucharada de su propia medicina; dejando atónita y cabreada a la menor de los Buenaventura.