Ah... la música de género ballenato. Notas dulces y móviles, con letras que pueden rozar desde las palabras más inocentes hasta las más picaras y sugerentes. Se puede bailar en pareja o en solitario. Yo en lo personal, debo decir que me gusta más cuando se es en pareja, la forma en la que dos cuerpos se acoplan y se mueven al compás de la música. Es simplemente mágico. Ya sea el hombre llevando el control de la situación o la mujer con sus movimientos de cadera llevando a su pareja a un mundo donde son solo ellos dos, donde ningún problema, miedo o angustia los llegue a atormentar. Un modo de liberar el alma mientras se dejan llevar ya sea por la música, el baile o los ojos de su pareja de baile.
De niñas; tanto Ana Marie como Ana Lucía les encantaba bailar bachata. La menor de las hermanas siguió bailando hasta el día de hoy, en su cumpleaños número dieciocho bailó como nunca lo había hecho. Ya que se iría y no sabía cuánto tiempo pasaría antes de volver a ver a su familia, así bailó con todos sus familiares y amigos, menos con su hermana. La mayor se negó ya que según ella “no bailaba” y Ana Lucía dejó de insistir y siguió bailando.
Ana Marie se arrepintió de no haber complacido a su hermana, ni siquiera bailo con ella en su fiesta de cumpleaños, se sentía horrible. La música había hecho florecer el recuerdo de la fiesta de cumpleaños de su hermana, y los ojos achocolatados de Marie se aguaron ante el recuerdo. Daniela se percató e iba a tocar el hombro de su amiga, pero se contuvo, cuando su amiga se encontraba así no podía acercarse hasta que ella lo permitiese.
A pesar de sus ojos llorosos; no soltó ninguna lágrima. No tiene caso llorar por el pasado, solo quedaba aceptarlo, aprender de ello y seguir adelante. Así que respiró hondo y entro en el gran salón de baile. Había desde adolescentes, jóvenes adultos y adultos mayores, pero estos son una minoría. Pero todos tenían algo en común y es que todos estaban bailando, todos tenían sonrisas en sus rostros y uno que otro atrapado en su propio mundo mientras contemplaban a sus parejas de baile.
La expresión tensa y nerviosa de la joven se suavizó ante tales escenas, era como ver una película romántica. Las luces del salón cambiaban de color constantemente dando así un ambiente mágico. Aunque Ana Marie se mareo momentáneamente por lo rápido que cambiaban los colores, la dulce voz de Romeo Santos endulzó sus oídos, adoraba las canciones de ese cantante.
– ¡Vaya no puedo creer en verdad que hayas venido! –se escuchó la voz de Álvaro llena de sorpresa, se acercó a ellas con una sonrisa ladeada. Ana Marie sonrió apenada –. Debo decirlo, Daniela, no creía que pudieras sacar a Marie de su cueva. Hiciste lo imposible.
– ¿Qué puedo decir? Soy increíble.
–Dime tu secreto para así poder sacarla de vez en cuando –le susurro cómplice, pero Ana Marie lo escucho y le dio un zape en la cabeza –. Ay, ¡eso dolió! ¿Por qué tan violenta, Marie? ¿No que estabas en contra de la violencia?
–Sí que exageras –movió la mano desdeñosamente antes de sonreír inocentemente –, ni que mi mano fuera tan pesada. Por cierto, ¿no vas a presentarnos a tu compañera de baile? No parece muy contenta de que la hayas abandonado para reunirte con nosotras.
Álvaro volteó a mirar asustado la reacción de la chica, pero grande fue su sorpresa cuando la chica lo reemplazo rápidamente con otro chico, ambos bailaban como si nada. Los ojos azules de Álvaro se entrecerraron cuando se fijaron en el rostro de Ana Marie, quien sonreía como si no hubiera roto ningún plato. Marie siempre fue callada, pero tenía sus momentos de risa cuando quería hacer una broma o reírse de una situación incómoda.
La pequeña risa que salió de los labios de Marie hizo que sonriera muy a su pesar.
Siempre la encontró interesante, rígida, estructurada, pero interesante. Sino fuera porque el profesor Clarke la recomendó para asesorarlo en la materia de idiomas nunca la habría conocido, ambos estudiaban carreras distintas, pero compartía la clase de idiomas. Álvaro sabía que su personalidad era demasiado opuesta con la de Marie. Hasta pensó que se llevarían mal. Que sus personalidades chocarían y serían enemigos, pero pasó todo lo contrario. Y agradecía enormemente que fuera así. Ana Marie es una chica increíble solo que ella misma no se daba cuenta de eso ya que estaba más ocupada en agradar y complacer a los demás antes que a ella misma.
Su amistad y cercanía creció de forma lenta. Pero constante. Ambos llevaban poco más de un año de conocerse y Álvaro no se arrepentía de haberla conocido.
–Eres mala, ¿ya te lo había dicho?
–Más de las que puedo contar.
– ¿Por qué seguimos parados? ¡Vamos a bailar! –exclamó Daniela mientras agarraba la mano de un chico rubio que iba pasando, el chico no tuvo ni tiempo de reaccionar –. ¿Bailamos?
–Si –apenas consiguió decir antes de que Daniela lo arrastrase a la pista de baile.
Cuando Daniela se fue con el chico, ambos se habían quedado sin palabras lo cual no era inusual, pero con lo que pasó ayer entre la crisis de Ana Marie y su constante necesidad de guardarse todo; los había dejado como si fuera la primera vez que se quedaran solos. Como si apenas se conociesen. Algo que le dolió a Marie, pero de manera consciente o inconsciente no lo demostró, Ana Marie mordió su labio inferior y evitaba la mirada de Álvaro hasta que se cansó.
–Lamento como te hable el otro día –el chico la miró sorprendido, y ella sabía que lo había tomado con la guardia baja –. No quería ser tan grosera, sé que te preocupabas y solo querías ayudar. Y… lo siento, me pase por cómo te hable.
–No tienes porqué disculparte, yo fui quien te estaba presionando para que me dijeras los que te pasaba, no debí hacerlo. Fue un error. Y lamento mucho el haberte presionado. ¿Estamos bien? –pregunto con una leve sonrisa.
–Estamos bien –confirmó con un hilo de voz –. Entonces, ¿hay lugares para sentarse?
– ¿Para qué sentarse, cuando puedes bailar bachata? –inquirió incrédulo.
Ana Marie miró a las personas bailar, por mucho que quisiera hacerlo sabía que aún no estaba lista, agradeció enormemente que la música no fuera tan estridente y pudiera hablar de forma normal.
–No bailo, bueno, aun no. Es decir, aun no quiero bailar –Balbuceo nerviosa, miro como Daniela bailaba y sonreía con su pareja de baile, el rubio parecía estarla pasando bien con su amiga –. Álvaro, iré abajo a tomar algo. ¿Quieres algo? –el chico negó e iba a decir algo, pero Marie se le adelantó –. Además, también quiero esos dulces rellenos con chocolate, nos vemos después, si Daniela pregunta dile que fui a comer macaron.
Álvaro asintió muy a su pesar, no podía negarle nada a Marie y, por mucho que quisiera hacerlo, siempre buscaba complacerla.
Ana Marie le sonrió antes de bajar y salir del edificio, no sin antes pedir los dulces, después de todo no había mentido con lo de los dulces. La chica caminaba con pasos lentos como si estuviera debatiéndose entre volver al local o a su departamento. Ya iba a mitad de camino y ya le parecía tonto volver, un pitido sacó a la chica de su debate interno, y sacó el teléfono de su bolso, era Daniela.
Soltó un bufido antes de contestar la llamada.
Apenas contestó la voz de Daniela no se hizo esperar.
– ¿Por qué te fuiste? –pregunto la castaña, en un bufido –. Creí que la estabas pasando bien.
–Y lo hice, lo pase bien es solo que… solo que me sentí fuera de lugar.
–Bueno, no importa. Será para la próxima –Ana Marie tuerce los labios y asiente, pese a que su amiga no pueda verla –. Nos vemos más tarde. Axel me invito al bar “La linda mariposa”, no me esperes despierta.
Supuso que el chico rubio era ese tal Axel.
–Pero mañana tenemos universidad –protestó la chica, aunque sabía que poco podía hacer para disuadirla –. Tendrás resaca y no querrás ir a clases.
–Pues tendrás que hacerme esos batidos milagrosos que haces.
–La última vez que te hice un batido así, vomitaste y mucho –le recordó con una ligera mueca de asco, de nuevo, pese a que su amiga no la estaba viendo. Pero, por mucho que lo intente, no haría desistir a Daniela, con un suspiro resignado prosiguió: –. Me deberás una bien grande. ¡Bien grande! ¿Me oíste? Y más vale que llegues más tardar a la media noche, Daniela. Ya que lo último que quiero es levantarme a la madrugada a buscarte en no sé dónde.
Daniela ríe como si le hubieran dicho el mejor chiste del mundo, Ana Marie frunce las cejas ante su risa.
–No te preocupes, Ana. Nunca tuviste la necesidad de buscarme y nunca tendrás que hacerlo. Recuerda, soy una chica responsable –aseguró con encanto.
Responsable –repitió internamente –, vas a beber un domingo, para luego al día siguiente ir a la universidad. ¡Qué fantástica forma de empezar un lunes!
–Adiós, Ana Marie.
No espero a que su amiga contestara y colgó.
Separó el teléfono de su celular y efectivamente le había colgado.
Guardó su teléfono y siguió caminando, aun en plena tarde habían demasiados autos, motocicletas y transeúntes, demasiado ruido. Recordaba haber escuchado una vez que las ciudades nunca duermen y, lastimosamente, era cierto.
Antes de que tuviera la oportunidad de hacerse a un lado, una chica de baja estatura chocó contra ella haciendo que ambas cayeran al suelo. Ambas gimieron de dolor, Ana Marie miro con dolor cómo sus dulces rellenos de chocolates se echaron a perder, miro a la chica con ligera molestia por esta perdida. La chica le devolvió la mirada apenada, se incorporó rápidamente y le tendió la mano, Ana Marie la tomo sin mucho ánimo y la ayudo a levantarse del suelo.
–Lo siento, lo siento mucho –se disculpó la chica, apenada, miro los dulces desparramados por el suelo –. En verdad lo siento mucho, no te había visto. De haberte visto no habría chocado contigo. ¿Eran muy caros tus dulces? Puedo comprarte otros y así compensarte por el choque.
– ¡No! Ah, no, no hace falta. De verdad que no –se apresuró a decir, el parloteo de la chica la aturdió un poco –. Además, son solo dulces y no se perdieron como tal, puedo dárselos a unos animalitos callejeros que vi por aquí cerca…. –detallo su rostro más a fondo, le parecía familiar, pero no podría ser ¿o sí? –. ¿María Luisa, eres tú?
La chica miró a Ana Marie con confusión, entrecerró los ojos para luego abrirlos como platos rápidamente. Dando paso así a una gran sonrisa.
– ¡No puede ser, han pasado años! –chilló, para acto seguido abrazar a Ana Marie.
La chica no esperaba el abrazo repentino. Pero igual lo correspondió, después de todo, estaba feliz por reencontrarse con una vieja amiga.
Ambas eran mejores amigas en la infancia, pero antes de ir al bachillerato, María Luisa se fue del país. El contacto se perdió y nunca más se volvieron a ver, hasta ahora, pero ambas eran muy diferentes. Ana Marie asociaba el entusiasmo de María Luisa a la personalidad vibrante y despreocupada de Daniela, ambas eran similares, enérgicas y divertidas. Todo lo contrario a ella.
Al parecer, el destino ha querido reencontrarla con viejas amistades, no había pasado ni una semana desde que se reencontró con Edward. Aunque bien podría ser una mera casualidad, pero Ana Marie no creía en las casualidades.
–Sí, pasaron muchos años –rompió el abrazo, no le gustaban los abrazos largos –. No has crecido mucho, pero al menos ya no eres un hobbit –se ganó una mala mirada se su vieja amiga, rió ante sus ceño fruncido –. ¿Qué te trajo de vuelta a casa?
–Primero que nada, ¡crecí treinta centímetros! Ahora mido un metro sesenta –aclaró defendiendo su altura –. Segundo, recibí una beca en la universidad de nuevas artes aquí, en Santo Domingo. Es una oportunidad que no podía desperdiciar.
– ¿Entonces porque estabas corriendo como un caballo salvaje?
–Ah, porque llegó tarde a una audición –explicó, para luego abrir sus ojos con horror –. ¡Llego tarde a una audición! ¡Adiós, Ana Marie, fue un gusto volverte a ver!
De nuevo emprendió a correr como si su vida dependiera de ello, aunque más bien era su posible carrera.
Ana Marie rió suavemente poco después de que su amiga emprendiera vuelo.
"Quizás no es tan malo salir de vez en cuando".