Capítulo 5: Propuesta aceptada

1076 Words
Por supuesto que Giacomo rechaza la oferta, jamás podría vender a su hija con tal de salvar su empresa. Antes de eso prefiere buscar socios minoritarios por otro lado, vender acciones, incluso vender la empresa a quien desee comprarla a un precio razonable e iniciar otro negocio. La cena se vuelve algo tensa y para cuando se despiden, Magnus sólo sonríe desde la puerta, sabiendo que de alguna u otra manera cumplirá con su propósito. En cuanto llegan a la casa, Daphne camina algo decepcionada a su cuarto, su padre la detiene y le dice en tono de advertencia. —Hija, no quiero que vayas más a esa casa. —¡Pero padre, tú sabes que me gusta ir! Estoy aprendiendo muchas cosas de la señora Dalila. —Si quieres verla, puedes invitarla aquí o se pueden encontrar en algún centro comercial. Después de todo, las dos no tienen mucha diferencia de edad. Pero solo a ella, no te quiero más en esa casa. —¡Estás siendo muy injusto! ¡Rechazaste la oferta del matrimonio sin preguntarme si yo estaba de acuerdo! —Giacomo se queda impresionado por la respuesta de su hija y se acerca a ella con preocupación. —¿Quieres decirme que tú…? —¡Me enamoré, padre! El señor Magnus es un hombre caballeroso, serio e intachable. Jamás me ha faltado el respeto y siempre se ha mostrado atento conmigo. —¡Pero si tú misma me decías que te producía algo cuando estabas con Ramiro! ¡Que te miraba de una manera rara! —Sí, es verdad, pero ahora es muy diferente. Me hace sentir… Me hace sentir feliz, mi corazón late con fuerza cuando estoy a su lado. Y cada vez que me ofrece el brazo para caminar conmigo por el jardín, me siento en las nubes con esa pequeña cercanía… ¡No debiste rechazar la oferta! —A tu madre la obligaron a casarse conmigo, precisamente por lo mismo. Fue así como ambas empresas se fusionaron y cuando supimos que serías una niña, me juré que nunca te haría pasar por lo mismo que ella pasó. —Pero tú también me has dicho que, aunque no se casaron por amor, llegaron a amarse profundamente en muy poco tiempo. ¿Crees que si él no sintiera algo por mí te habría hecho esa propuesta? ¡Sólo mírame! ¡Soy una muchacha insignificante a su lado! ¡Él podría tener a una mujer con clase, de mundo y mucho más experimentada que yo! ¿Para qué te pediría casarse conmigo si no sintiera algo? —Daphne no es correcto, ¡él era el abuelo de tu novio! —Sí, puede ser, pero no olvides que sólo porque su hija se casó con el padre de Ramiro. ¡Magnus es incluso más joven que tú! —¡¡Solo por cuatro años!! —en ese punto, Giacomo se pasa las manos por el cabello con frustración y niega con firmeza—. Yo ya di mi última palabra, no vas a casarte con ese hombre a cambio de que me ayude, y tú no irás más a visitarlos. Si ellos quieren verte, deben hacerlo aquí, en esta casa y bajo mi supervisión. Las lágrimas se asoman en los ojos de Daphne, quien corre a su cuarto y cierra la puerta con rabia. Se sienta en la cama pensando en que jamás un hombre se fijó en ella hasta que apareció Ramiro, pero no puede comparar a aquel muchachito con un hombre como Magnus. Se cambia de ropa y se mete en la cama frustrada, abraza la almohada mientras se queda pensando en aquella propuesta, en la manera en que Magnus la mira cada vez que están juntos. Y con todo eso toma una firme decisión. Al día siguiente se despide de su padre como cada día para marcharse a la universidad. Sin embargo, en lugar de tomar el rumbo hasta el campus, se desvía sin dudarlo del camino para llegar hasta la casa de Magnus. La reciben con la misma deferencia de siempre y cuando la anuncian, Magnus aparece rápidamente en la sala con el ceño fruncido. —Pequeña, ¿no deberías estar en la universidad? —Sí, pero tenía que venir a verte —Le dice tuteándolo por primera vez y eso a Magnus lo hace sonreír. —¿Pasa algo? Te noto algo agitada, dime qué puedo hacer por ti. —Magnus, acepto casarme contigo —la firmeza y seriedad en las palabras le dicen que no es un juego. Internamente, Magnus sonríe de la manera más siniestra posible. Sin embargo, ante la jovencita sólo frunce el ceño y se acerca a ella para tomarle las manos. —Pequeña, no creo que sea correcto que tomes una decisión de algo que le propuse a tu padre… —Dime algo, ¿por qué le pediste a mi padre casarte conmigo? Bien, pudiste quedarte solo con la inversión y ser socio de mi padre… Pero ¿por qué quieres que sea tu esposa? —Porque este tiempo que me ha acercado a ti… Siento que mi pecho arde cuando estoy contigo y ya no quiero separarme más. —Pero solo soy una muchacha insignificante, podrías tener a una mujer mucho más refinada que yo… —Ninguna mujer me ha hecho sentir lo que tú… Daphne, yo me enamoré de ti. Y sin esperar más, Magnus salva la distancia que los separa y toma los labios de Daphne, ante la sorpresa, ella abre la boca y le da acceso a Magnus para que la explore con avidez. Nada tiene que ver con los besos inocentes que Ramiro le daba, este es uno real de un hombre posesivo y que la hace sentir mucho más que mariposas en el estómago. Sin pensarlo dos veces, pasa sus manos por el cuello de Magnus y se deja llevar por aquella sensación tan deliciosa que le invade. Cuando se separan, el pega su frente a la de ella y le dice con voz ronca. —Ya no quiero separarme más de ti… Te necesito en mi vida y no tienes idea lo que me complace saber que tú también quieres estar conmigo, a pesar de que soy mayor. —Magnus… Yo también me enamoré —le dice mirándolo a los ojos con intensidad. Y es en ese momento en que todo el interior de Magnus sonríe y celebra, porque aquella muchachita ha caído en su trampa.
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