Capítulo 6: El infierno

1155 Words
Ciertamente lo que menos se espera Giacomo en aquel momento en que está peleándose con los informes financieros, es ver a su hija llegar de la mano de Magnus. Se pone de pie con violencia y golpea el escritorio muy molesto. —¡¿Qué significa esto?! ¡¿Acaso no fui claro anoche cuando te dije que te quería lejos de este hombre?! —¡Lo siento, padre! Pero yo también fui clara con mis sentimientos y no dejaré de sentirlos solo porque tú me ordenes no ver más a Magnus. Es el hombre de mi vida y me casaré con él. —¡No te autorizo para eso! —¡Pues ya soy adulta y no necesito tu permiso! Los dos nos amamos y nos casaremos en dos semanas —internamente, Magnus sonríe con satisfacción al ver cómo padre e hija se enfrentan, porque precisamente eso es lo que necesita. Quiere que los dos se alejen lo suficiente como para llevarse lejos a Daphne y que Giacomo no se entere de lo que en verdad está pasando con su niñita. Giacomo ve a los ojos a Magnus, quien se mantiene con expresión impenetrable y lo increpa sin miedo a las consecuencias. —Usted… creí que era un hombre intachable, que sería capaz de detener todo esto cuando me negué a entregarle a mi hija… pero veo que no es así. No es un hombre de palabra. —En ningún momento le di mi palabra de que no buscaría a Daphne, aunque en honor a la verdad fue ella quien llegó a mí. Y si ese hubiese sido el caso, no hay palabra que aleje a un hombre del amor de su vida. —No entiendo… ¿por qué mi hija? Ella es joven, le falta tanto por vivir… —Lo que le falte, se lo daré yo y con creces. Daphne tendrá lo que se merece una mujer como ella —Magnus la ve a los ojos con intensidad y ella le sonríe con dulzura. —¿En verdad es esto lo que quieres? —le pregunta con evidente tono de decepción Giacomo a su hija y ella asiente con seguridad mientras lo mira directo a los ojos. —Sí. Quiero ser la esposa de Magnus… espero que me entregues el día de mi boda, pero si no quieres apoyarme en esto, es mejor que no me busques más… si no puedes apoyarme en algo como esto, entonces no tenemos nada más que hablar. —Hija… te amo, eres lo único que me importa en la vida, lo sabes… pero no puedo apoyarte en esto, es una locura. —Entonces ya todo está dicho… adiós, padre. Sale de la oficina de la mano de Magnus con toda la seguridad de estar comiéndose al mundo, de que lo que ha decidido no está mal porque es una adulta que sabe lo que quiere y está dispuesta a lo que sea con tal de defender aquello en lo que cree. Magnus le abre la puerta del auto y trata de mostrarse contrariado cuando le da la mano para ayudarla a subir. —Lamento que te pelearas con él, no quería que tuvieras problemas con tu padre por mi culpa. —Está bien… entiendo que quiera protegerme porque soy lo único que le queda de mi madre, pero él también se casó joven con una mujer que no amaba ni conocía… mi ventaja es que yo sí te amo y te conozco —ella le acaricia el rostro y ese tacto le provoca a Magnus una mezcla de paz y furia al mismo tiempo. —¿Dónde quieres que te lleve? —A mi casa, pero a recoger mis cosas —le dice ella decidida—. Me iré a la casa de mi prima, no pienso quedarme con él, sé como es y no dejará de molestarme hasta que cambie de opinión. —Está bien… —Magnus se sube a su lado y ordena que los lleven a la casa de Daphne. Cuando llegan allí, ella se acerca para darle un beso de despedida, pero Magnus se tensa y la detiene. —¿Qué pasa, no quieres que te bese? —le pregunta ella con inocencia. —No es eso… —intenta justificarse él—. Pero ese beso era de despedida y yo de aquí no me muevo hasta que no salgas con tus maletas. Ella sonríe y se baja del auto para entrar rápidamente a la casa. Guarda todo en la maleta, incluida la carta que Ramiro le dejó y cuando sale con lo necesario, Magnus la ayuda a cargarla en el vehículo. Mientras salen de la propiedad, él se muestra pensativo, ella le toma la mano y le pregunta. —¿Pasa algo? Te noto distraído. —Sí… estaba pensando… ¿por qué en lugar de irte a casa de tu prima mejor no te vas conmigo? —ella abre los ojos y Magnus le aclara—. Es solo para asegurarme de que tu padre no llegue allá a buscarte. —Tienes razón… pero me preocupa lo que pueda pensar tu hija y los demás, no estamos casado aún y no quiero que piensen mal de ti. —Por eso no te preocupes, Dalila no se opondrá a que vivas bajo el mismo techo sin estar casados, y por los demás ellos no deben importarte. Solo importa lo que tú y yo sentimos. Daphne lo piensa unos segundos y termina asintiendo. Magnus ordena el cambio de dirección y siente que tiene otro paso más a su favor. Y con esa batalla ganada, tras decirle a su hija de su matrimonio con la chica y que ella se muestre sorprendida, pero feliz. Magnus decide que la boda se haga en dos días, algo sencillo e íntimo. Daphne se mira al espejo con ilusión de llevar un vestido de novia tan hermoso y cuando Rómulo la lleva al improvisado altar en el jardín de la mansión Katsaros, ella solo sonríe sin saber que le está entregando su vida a su verdugo. Tras ser declarados marido y mujer, Magnus se permite bailar el vals solo para dejarle otro recuerdo feliz antes de comenzar con aquellos que le enseñarán a que con él no se juega. Ya que no hay muchos invitados, no lanza el ramo y salen de allí para irse a su luna de miel, pero en cuanto salen, él le cubre los ojos y le susurra. —No quiero que sepas a dónde vamos, es una sorpresa que te erizará la piel. Ella sonríe ante la expectativa, le parece romántico de su parte y no pone objeciones. Cuando llegan al lugar, bajan y la hace caminar un largo trayecto, hasta que entran a un lugar que huele a humedad y a polvo. —¿Dónde estamos, mi amor? —pregunta confundida y él solo se ríe. —En tu infierno… querida esposa.
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