Esa noche intenté convencerme de que todo estaba bien.
No funcionó.
Estaba acostada boca arriba en mi cama, mirando el techo y escuchando el sonido del ventilador girar lentamente. Mi cabeza ya no dolía tanto, pero mis pensamientos parecían haberse puesto de acuerdo para no dejarme dormir.
Marcus.
La fiesta.
El chico del automóvil.
Mi mamá preocupada.
Todo giraba una y otra vez en mi mente.
Tomé mi móvil de la mesa de noche por simple inercia. La pantalla se iluminó y recordé que había bloqueado a Marcus.
Una pequeña satisfacción infantil recorrió mi pecho.
—Te lo mereces —murmuré.
Aun así, terminé entrando a mis conversaciones.
No había mensajes nuevos.
Ni de Marcus.
Ni de nadie.
Bueno, casi nadie.
Fruncí el ceño.
Había un número desconocido.
Un único mensaje.
Lo abrí.
"Espero que tu cabeza haya sobrevivido."
Me incorporé de golpe.
¿Qué?
Leí el mensaje una segunda vez.
Y una tercera.
No había nombre.
No había foto.
Solo el número.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
¿Quién demonios era?
Mis dedos se movieron solos sobre la pantalla.
"¿Quién eres?"
La respuesta llegó casi de inmediato.
"La pregunta correcta es: ¿cómo amaneciste?"
—¿Qué clase de respuesta es esa? —protesté en voz alta.
Escribí otra vez.
"¿Nos conocemos?"
Esta vez tardó un poco más.
"Digamos que nos vimos anoche."
Sentí un escalofrío.
Las imágenes de la fiesta comenzaron a desfilar por mi cabeza.
Las luces.
La música.
Ezra.
Marcus.
El chico moreno de la plaza.
El automóvil.
Mi memoria parecía un rompecabezas incompleto.
"¿Quién eres?" insistí.
Pasaron varios segundos.
Luego un minuto.
Dos.
Cuando finalmente apareció la respuesta, fue tan simple que me dieron ganas de lanzar el móvil contra la pared.
"Buenas noches, Saskia."
Y después no respondió más.
Al día siguiente desperté antes de que sonara la alarma.
Lo primero que hice fue revisar el teléfono.
Nada.
Ningún mensaje.
Ninguna llamada.
Perfecto.
Ya estaba oficialmente obsesionándome con un desconocido.
Me preparé para la escuela sin demasiado entusiasmo.
El uniforme me parecía más incómodo que nunca y mi reflejo en el espejo no ayudaba.
Tenía el cabello rebelde y unas ojeras que parecían pintadas con marcador permanente.
—Hermosa —dije observándome—. Toda una inspiración para las revistas de moda.
Llegué a la escuela unos minutos antes de que iniciaran las clases.
Y fue entonces cuando lo vi.
Marcus.
Estaba apoyado contra una pared hablando con unos compañeros.
Por un segundo sentí el impulso de acercarme.
Preguntarle cómo estaba.
Actuar como si nada hubiera pasado.
Pero entonces recordé sus palabras.
"Solo somos amigos."
Seguí caminando.
Él me vio.
Lo supe porque sentí su mirada.
Pero ninguno de los dos dijo nada.
Y, para mi sorpresa, fue él quien apartó la vista primero.
No sabía por qué, pero eso me dolió más de lo que esperaba.
Las primeras clases transcurrieron con una lentitud insoportable.
Literatura.
Historia.
Biología.
Todo se mezclaba en una nube de aburrimiento.
Fue durante el almuerzo cuando Catherine apareció.
Otra vez.
Como una maldición perfectamente maquillada.
—Hola, Saskia.
—Hola, Catherine.
—Vaya, qué entusiasmo.
—Estoy intentando contener mi emoción.
Ella puso los ojos en blanco.
—¿Sigues molesta por lo de la fiesta?
—¿Qué parte exactamente? ¿La parte donde te acostaste con Marcus o la parte donde finges que no pasó?
Su sonrisa desapareció.
Punto para mí.
—No vine a pelear.
—Entonces estás desperdiciando una oportunidad maravillosa.
Catherine suspiró.
—Solo quería decirte algo.
Eso llamó mi atención.
—Te escucho.
Miró alrededor antes de hablar.
—La noche de mi fiesta... alguien estuvo preguntando por ti.
Mi estómago se tensó.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Nunca lo había visto.
Fruncí el ceño.
—¿Y qué quería?
—Eso fue lo raro.
Catherine cruzó los brazos.
—Quería saber si tú habías llegado sola.
Sentí una sensación incómoda recorrerme la espalda.
—¿Y?
—Le dije que habías llegado con Marcus.
—¿Cómo era?
Ella se quedó pensativa.
—Alto. Cabello oscuro. Ojos claros, creo.
—Eso describe a media humanidad.
—Lo siento, es todo lo que recuerdo.
Por primera vez en mucho tiempo, Catherine parecía sincera.
Y eso me preocupó.
El resto del día transcurrió sin incidentes.
O eso creí.
Porque al salir de la escuela encontré algo dentro de mi casillero.
Era un papel doblado.
Nada más.
Lo abrí.
Solo había una frase escrita con tinta negra.
"Deberías recordar lo que pasó en el estacionamiento."
Me quedé inmóvil.
Sentí cómo el aire abandonaba mis pulmones.
Estacionamiento.
No recordaba ningún estacionamiento.
Ni siquiera recordaba haber estado cerca de uno.
Miré alrededor.
Los pasillos estaban casi vacíos.
No había nadie observándome.
Nadie sospechoso.
Solo estudiantes caminando hacia la salida.
Guardé la nota en mi mochila.
Mis manos temblaban.
Esa noche.
Esa maldita noche.
Había algo que no estaba recordando.
Algo importante.
Y por primera vez desde que desperté con resaca, tuve la certeza de que no se trataba únicamente de una fiesta.
Alguien sabía lo que había ocurrido.
Alguien estaba intentando decirme algo.
Y no estaba segura de querer descubrir qué era.
Porque había una sensación que no lograba quitarme de encima.
Una sensación fría y persistente.
Como si una parte de mí ya conociera la verdad.
Y estuviera haciendo todo lo posible por mantenerla enterrada.