Capítulo 4

563 Words
2011 ―¿Y tú? ¿Cómo te llamas? Ante mi pregunta, ella sonrió con liviandad. Conozco esa sonrisa, pensé. La veía en mi madre cada vez que decía que yo era su bebé. Su tierno bebé. ¿Acaso me veía tan joven? ―Savannah ―me respondió segundos después. Las chicas a su lado rieron enérgicamente, como solían hacerlo cuando habían bebido demás. Savannah, dije para mis adentros. Repetí su nombre en mi mente un par de veces antes de ignorar a sus amigas e inclinarme más cerca de ella. ―¿Quieres tomar algo? ―le ofrecí alzando la mano para llamar al bartender. Esta vez fue ella quién rió. No supe cuál había sido la parte divertida, pero oír su risa fue suficiente para que no me importase el resto. ―No, gracias. Tengo mi bebida ―murmuró alzando la mano para mostrarme su vaso lleno. Miré a mi alrededor en busca de algo más para decir, sin embargo, la situación parecía volverse a cada minuto más divertida para ellas, para ese grupo de chicas que le hacía compañía. ―¿Quieres bailar? ―le propuse. Ella parpadeó al oírme y aunque no pude apartar la mirada de sus ojos, oí las risas de sus amigas convertirse en carcajadas. No fue hasta que una de ellas me tocó el hombro que les presté atención. ―Oye, niño, ¿por qué mejor no vas a tu salón de kínder y nos dejas en paz? ―me ofreció una morena que parecía haberse puesto todo el maquillaje de su madre. Sentí mi cuello arder y cada músculo de mi rostro tensarse. ―No seas idiota, Lana. ―La voz de Savannah calló abruptamente todas las risas; ella me dedicó una sonrisa rápida en cuanto se encontró con mi mueca avergonzada―. Ven, Adam. Vamos a bailar. Y dejando a todas sus amigas en estado de shock, deslicé mi brazo por la cintura de ella y la guié hacia la pista. ―Sé que eres mayor ―dije en cuanto nos hubimos alejado. ―Sé que eres menor ―soltó una risa ella. Me detuve en la pista, junto a los demás cuerpos sacudiéndose al ritmo de una canción de moda, y jugué mi mayor carta con Savannah. ―Sabes, eres una apuesta ―mentí. Una de sus cejas se arqueó ante mi comentario. Eso siempre funcionaba. ―¿Sí? ―dudó. Disimuladamente, señalé en la dirección que se encontraba Shane. ―¿Ves a aquel chico que parece menor que yo? El de cabello loco ―describí. Savannah asintió―. Él es mi primo y apostó a que no conseguiría sacarte a bailar. ―Así que has ganado ―murmuró detenidamente. ―Una parte ―admití. A algunas chicas les intrigaba ser parte de una apuesta, lo sabía desde hacía tiempo―. Pero yo hice más grande la apuesta y le dije que incluso conseguiría tu número de móvil. Ella disparó una mirada hacia Shane, luego otra hacia su grupo de amigas. ―¿Qué ganarás si te doy mi número? A ti. ―Cien dólares ―mentí. ―¿Y los usarás para…? ―indagó. ―No fumo ni me drogo, si es lo que piensas ―me defendí rápidamente. Ella me escrutó con sus impresionantes y brillantes ojos―. ¿Entonces me darás tu número? ―Podrías inventar uno, ya sabes ―sugirió. ―Mi primo no me creerá y querrá corroborar que es tu número. Te llamará para comprobarlo. ―¿Qué gano si te ayudo a ganar la apuesta? Sonreí sabiendo que realmente esto estaba funcionando con ella. ―Un beso ―le guiñé. Una risa escapó de su boca. Pero antes de poder preguntarle por qué reía, ella estiró una mano hacia mí y esperó. ―Dame tú móvil, Adam. Añadiré mi número. Entonces sonreí victorioso y sin importarme que me hubiera negado un beso, le entregué mi celular. Y mi corazón, claro.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD