—¡JAMES! —gritó Fátima con voz que salió como trueno, resonando por toda la habitación y haciendo vibrar los vidrios de las ventanas—. ¡LEVÁNTATE AHORA MISMO! James se despertó con sobresalto violento, incorporándose tan rápido que casi se cayó de la cama. Sus ojos azules se abrieron con shock y confusión mientras trataba de orientarse en la penumbra del dormitorio apenas iluminado por la luz del atardecer filtrándose a través de las cortinas: —¿Qué? ¿Qué pasó bebita? —balbuceó, con su voz ronca por el sueño y probablemente por los efectos persistentes de la fiebre—. ¿Estás bien? Su cabello negr0 estaba completamente despeinado, parado en ángulos extraños. Tenía marca de la almohada en su mejilla izquierda. La camiseta arrugada se le había torcido durante el sueño. Parpadeó varias vece

