Esa mañana me habia levantado con el sonido de mi puerta siendo reventado. Obligaba a mi cuerpo a levantarse de la cama, con mi brazo derecho limpiaba un poco del resto de mi saliva por haber dormido con la boca abierta. Con pesadumbre me iba a la puerta ¿Quién tocaba como si estuviera poseído?
—Ya voy, ya voy —con enojo me levantaba.
Al abrir la puerta no veía nada, solo sentia un ligero abrazo en mis piernas. Al bajar mi mirada pude notar a la pequeña Mónica me abrazaba. Ella elevo sus ojos verdosos a mis ojos sosteniéndolos por unos segundos, su sonrisa era contagiosa, aunque la mía debió ser todo menos amable. Estruje mis ojos levemente pues debía de estar soñando, más que el peinado que ella tenía daba terror ¿Estaba en un sueño? Me pellizqué varias veces la mejilla, pero el dolor me daba entender que estaba despierta.
—Mónica ¿Qué haces aquí?
—Espero a tía Helen.
—¿Tía Helen?
—Si, tía Helen me peina.
—¿Y tu nana porque no lo hace?
—Ella tiene panqueque en las manos.
—¿Panqueque?
—Si —elevo sus manitas haciéndola temblar— las manos le hacen asi cuando intenta peinarme y papá siempre me peina, pero lo hace feo asi que todas las mañanas venimos a esperar a tía Helen.
Al ver su movimiento de manos asimile que ella hablaba de la enfermedad de Parkinson.
—¿Cómo supiste que estaba aquí?
—Porque la señora abuelita me dijo que estabas aquí.
Torcí levemente mis labios levemente. La niña parecía que no se movería si yo no hacia nada por lo que tomándola por una de la mano baje con ella la escalera notando a Dave totalmente tranquilo tomando una taza de café hablando con mi madre. Al verme su mirada pareció totalmente fría por unos momentos, pero tras unos segundos se relajo al verme con su hija.
—Buenos días.
—¿Se puede saber porque invades mi privacidad?
—No la invado Veliza, yo usualmente llevo a los hijos de Helen a la escuela junto a Mónica pues al tener mi finca trabajo a la hora que quiero, pues ella y su esposo no tienen la facilidad que yo tengo —revisaba su reloj—además, tal vez no sepas pero yo he tenido una relación cercana con tu hermana desde cuando le ayude a dar a luz a su primer hijo.
—¿Le ayudaste?
—Oh si, fue muy gracioso porque Ángel estaba lejos y Helen dio a luz en mi camioneta. Yo soy el padrino de sus tres hijos.
Aquel pequeño, y incomodo pedazo de información no lo sabía ¿Qué más me habia perdido? Suspire levemente.
—Por cierto, lindo peinado.
—Hago lo que puedo, casi siempre me ayuda Helen en eso.
—Ven Mónica, le hare un poco de justicia a tu cabello.
Caminaba con ella hacia una de las sillas del comedor. Le desataba el horrible peinado que tenia comenzando a despeinarla con mis manos. Mi madre me acerco un cepillo y unas gomitas la cual utilice para ayudarme. Al ser hermana mayor por un par de años en muchas ocasiones tuve que peinar a mi hermana Helen. En cuestión de unos minutos le hice un peinado trenzado que la hacía parecer una princesita, sonreía levemente pues sin quererlo ella me dio inspiración para escribir sobre una pequeña princesita perdida en algún libro.
—¡Lo siento!
Un estruendoso sonido invadió la puerta notando a mi hermana Helen con sus tres polluelos. Su rostro de pánico mas los de sus hijos parecían que se habían levantado tarde.
—Helen, si sigues llegando tarde te empezare a llamar más temprano —Dave tomaba otro sorbo de su taza de café con tranquilidad.
—Lo siento, lo siento ¡ya me voy! El señor Harrison me mata ¡Me mata! Bye niños, mami los quiere ¡Bye bye!
Asi como mi hermana menor entro se fue dejando a los tres niños tan tranquilos que parecían estar acostumbrados a eso ¿Me sorprendía? No, mi hermana siempre habia sido un desastre.
—Mami ¿iremos a la escuela?
—No, yo iré a dormir.
—Veliza ¿Me puedes ayudar con los niños por hoy? Necesito ayuda.
Torcí levemente mis labios intentando no ser de esas mujeres enojonas, pero era imposible. Observe a los niños por unos segundos, definitivamente necesitaría ayuda. Con un leve suspiro de derrota solo me fui a mi habitación para buscar ropa para cambiarme. Me cepille los dientes, lave mi rostro terminando de hacer mis necesidades para bajar lo más rápido posible. Dave, se movía con los niños de mi hermana se movía con tanta cercanía que me pareció….molesto…..porque el tenía la cercanía que yo debí tener con ellos.
Tras ayudar a todos los niños a acomodarse y dejarlo en la escuela me iba a dirigir a mi casa caminando, pero fui detenida por Dave, el cual solo me observo por unos segundos. Sus ojos color jades tenían una nube tan profundos de sentimientos. No podia identificarlos, pero entre el y yo el tiempo pareció desaparecer. Su sonrisa me hizo temblar, mi estúpido corazón saltó, y mis piernas se estremecieron.
—¿Puedo invitarte un café? Digo, como agradecimiento por lo de mi hija.
—No tienes por qué, me dio lastima tu hija, además ya tomaste café ¿No?
Su sonrisa de medialuna estaba plasmada en su rostro, el se acaricio levemente la nuca sin dejar de observarme.
—Si, tome café, pero tiendo a —desvió su mirada al suelo unos segundos y tras esto volvió a mirarme— tomo varios vasos de café, por mi trabajo me lo exijo
—¿Ah si? Que trabajo tan fuerte —deje escapar una leve sonrisilla nerviosa sin entender por qué— te acepto la taza de café solo porque no tuve tiempo ni para desayunarme.
—Perfecto, conozco un lugar que te encantara, tienen un café por motivo de la navidad que es delicioso además de que esta cerca.
El comenzó a caminar dejando su camioneta donde la habíamos parqueado cerca de la escuela. Comencé a seguirlo, asi como lo seguía en la secundaria. El era alto, un metro noventa que a comparación de mi metro sesenta yo parecía una pequeña enana. El al notarme casi correr detrás del se detuvo para que lo pudiera alcanzar, como siempre hacía, y tras alcanzarlo comenzamos a caminar lado a lado. Nuestros pasos iban sincronizados y sin saberlo hablábamos un idioma silencioso que nuestros cuerpos respondían sin que nuestros labios dijeran nada.
Llegábamos a una cafetería algo pintoresca, preciosa, tanto que parecía hecha de las típicas películas americanas. Sus muebles de caoba junto a los colores cálidos eran atrayentes. Un aire tan acogedor que obligaba a que cualquiera que entrara se relajara, mas que el olor a postres recién hechos eran tan delicioso que era algo de otro mundo. Dave me guio con delicadeza hacia el mostrador donde me dejo pedir un postre, pero el pidió el café por mi para que lo probara. Al parecer, el café de menta, con toques dulzones eran su especialidad navideña. Tras pagar el me invito a una de las mesas para tomar mi café junto a él.
Mientras comía mi postre no decíamos nada, pero no me sentia para nada incomoda. Mis manos sudaron levemente, mi nerviosismo intente hacerlo parar con un largo sorbo a mi café. Por un segundo sentia que Dave me observo de una manera tan penetrante que era sorprendente. Examino con detenimiento mi mano como si hubiera estado hipnotizado en un transe de años.
—Veliza.
—¿Si?
—¿Por qué no tienes tu argolla de casada?
Aquella pregunta de la nada me sorprendió descolocándome totalmente ¿Cómo sabia el que yo tenia argolla de casada? Nunca deje que nadie de mi familia, excepto por mi padre supieran de mi casamiento. Le prohibí estrictamente que le dijera algo a mi madre, pues conociéndola iba a llorar a mares. Ella era un manojo emocional con esas cosas, y no quería verla llorando. Estuve a punto de responder, pero el sonido de mi telefono me devolvió a la vida.
—Disculpa, deja reviso tal vez es mi editor.
Revisaba mi telefono notando en el identificador un emoji de cucaracha junto al nickname de “Mal nacido hijo de los infiernos”. Suspire levemente con enojo, si el llamaba era para joderme seguramente asi que lo mandaría al diablo primero.
—Disculpa, debo atender esta llamada.
Sin darle más explicación me fui al pasillo de la pequeña cafetería ¿Por qué? No quería ir a discutir en el frio, no merecía eso. Tome la llamada y con total rabia rugí en un fuerte sonido.
—¿Qué quieres? ¿Ya tu secretaria dejo de chupártela?
—Veli veli no te enojes —se escucho desde el otro lado de la línea un suave tono con el apodo que el solía decirme— tu sabes que aun te amo.
—Yo no ¿Qué quieres? ¿No estuviste conforme con nuestro divorcio? Porque déjame decirte, ya no tienes más nada que quitarme—vociferaba con ira.
—Veli veli ¿Quieres reconsiderar las cosas? Déjame ayudarte a promocionarte de nuevo, te hare ganar millones.
Desde las entrañas mas profundas de mi estomago deje escapar un leve chillido de rabia ¡El era un aprovechado en toda la palabra! Su compañía creció gracia a mis libros, el se enfoco solo en promocionarme, y solo me dejo en la ruina. Deje escapar un leve grito que pareció alertarlo.
—¡Emilio, que te den! Agradece que en nuestro divorcio no pude pelear por mi dinero ¡Pero cuando regrese a California te juro que peleare por todo!
—¿No estas en California? Veli veli ¿Dónde estás? Déjame hablar contigo personalmente, quiero arreglar lo nuestro.
—No tenemos nada que arreglar, tu y yo somos exesposos asi que espero que si me llegas a ver metas tu cabeza debajo de la tierra como los avestruces ¡Te quiero a mil kilómetros de distancia!
Cerraba con enojo mi telefono, tenia los sentimientos a flor de piel, principalmente porque Emilio era esa piedra en el zapato que odiaba. Al girarme noto a Dave que había estado detrás de mí. Me observo con total detenimiento llevando una de su mano a la pared cercana donde estábamos. Su mirada me recorrió desde los ojos hasta mis labios. Se acerco levemente a mí, su presencia imponía, me ponía algo nerviosa sin entender porque.
—Veliza ¿Estas divorciada? —indago sin dejar de observarme.