Su pregunta derrumbo mis defensas sin entender el porque. Esa simple pregunta hizo que todo el ambiente alrededor de nosotros de evaporara en cuestiones de milisegundos, solo nos encontrábamos el y yo. Una electricidad magnética vibraba entre nuestros cuerpos que exigían acercarse. El martilleo de mi corazon golpeaba de maneras tan impresionantes que me daba pánico de que el pudiera escucharlos. Sus ojos se oscurecieron en un punto tan extraordinarios que parecieron dos esmeraldas brillantes, sus pupilas se dilataron, su rostro se acercaba más al mío. Su traviesa sonrisa llena de secreto me hechizaba mis sentidos, embrujaba mi corazón además de que comenzaba a seducir mis anhelos. Mi cerebro comenzó a lanzar de manera defensiva escenas de el acostado en aquella cama con Estela. Mi cere

