—¡Mm! Fresa. —Marcus dijo, saboreando el lubricante de ese sabor junto a los fluidos de su esposa. —Marcus... —Catherine jadeó suplicante. Él sabía lo que quería y entonces actuó. Cambió sus dedos por su pene, el cual comenzó a abrirse camino por las aterciopeladas paredes de su esposa, que lo recibían abrazándolo con fuerza. Rasguñaba sus brazos y mordía su labio; se sentía tan llena y completa que no quería que parara nunca. —No va a pasar nada porque yo te voy a cuidar... —Marcus movió sus caderas paulatinamente, observando cómo Catherine mordía su labio y soltaba una mueca de placer y dolor, mezclados por el tamaño de su falo. Era esa la razón por la que siempre usaba lubricante; era un hombre muy grande en todos los aspectos. Marcus pensaba que ahora que la había recuperado, s

