Narrador: Chelsey
Idiota, bastardo, imbécil, inútil, maldito... ¡Ahg! Me estoy volviendo loca. No puedo irme de este lugar, pero tenerlo que soportar por el resto de la noche es como estar en el infierno. ¿Por qué Lion debe ser así? No puede reclamarme como si fuera un premio; y si piensa que regresaré está muy equivocado. Confió en que nunca logrará encontrarnos. Inglaterra es hermoso y seguro, él no puede meterse en esto.
Sé que no debí dejar solo a Mathew, pero a pesar de que no quería irme debí hacerlo. Lion se quedó en esa fiesta para mí suerte, o bueno eso es lo que creo. Pero el hotel ahora mismo es como mi casa, me hace sentir tranquila y segura. No estoy muy lejos del teatro.
—¿Jackson? Que bien que respondes —dije cuando por fin me había respondido el teléfono. Ya me había cambiado y me encontraba mirando televisión francesa. Entiendo bastante el idioma...
—Estaba por acostarme con las niñas. ¿Pasó algo? Te noto alterada.
—Tu hermano. ¡Eso pasó! Me ha venido a molestar por un rato.
—¿Ya sabe dónde estás?
—¡Para nada! Eso lo tengo bien escondido, pero de alguna forma terminará encontrándome.
—No te asustes. ¿Qué es lo peor que podría pasar? —mi mente comenzó a trabajar con rapidez—. Mejor no contestes.
—Jackie, esto es serio. No quiero volver a tenerlo en mi vida pero... me importa demasiado. ¡Una maldita zorra se le quería lanzar enzima! Sé que no debería estar hablando esto contigo pero en verdad me molesta.
—Sí, te entiendo. Escucha, para que Lion no te rastreé en tu regreso puedes quedarte junto a Mathew unos días con mi padrastro. Hablaré con él y sé que estará encantado de tenerte. Además puede contarte varias historias de mí o mi hermano. Yo llamaré a Andy para que se encargue de tus cosas en la fábrica —sí, mi querido asistente también se había venido conmigo. Él lo hizo un poco después de que yo me mudara.
—¿Harías eso por mí? ¡Te lo agradezco! Por favor cuida bien a mis princesas.
—Más que princesas son demonios pero aún así siguen siendo mis sobrinas —entre risas nos despedimos.
Así que unos días más en París...
.......
—¡Señor Saiph! Un placer conocerlo. Muchas gracias por dejarnos estar unos días con ustedes.
—¡Por Dios mujer, llámame Federico! Adelante, pasen —Math y yo entramos con cuidado a la preciosa y hogareña casa. Dentro nos esperaba una mujer anciana la cual supongo que es Elizabeth, la ama de llaves.
—Federico, la verdad es una casa muy bonita. ¿De 1900? —preguntó Mathew observando los detalles del recibidor.
—1856 para ser exactos. Han sido remodeladas y convertidas en una zona residencial muy pacifica. Me encanta vivir aquí. ¡Por favor siéntense! —la mujer con una sonrisa nos sirvió café y galletas mientras nos ayudaba con las valijas. Federico quitaba varias revistas de la mesa para poder charlar con tranquilidad. De fondo se escuchaba una canción francesa, de esas que suele destacar el acordeón.
—Bien, no sé si Jackson ya le ha explicado la situación.
—Sí lo hizo y comprendo tus razones. Sinceramente Lion siempre fue un chico algo... canalla. No tuve muchos tratos con él ya que apenas y le hablaba a su madre. Ya siendo mayor creí que había madurado al menos un poco —Math y yo suspiramos.
—Bueno... Es maduro dependiendo de por qué lado se lo vea. Para los negocios, todo el añejo de su empresa y cuentas es realmente un hombre responsable. Incluso es un gran padre y esposo pero ya sabe, las cosas cambian a veces.
—Parecían tan felices... Yo los veía por diarios, en las noticias. No creí que pasara algo así, pero ¿estás segura de lo que has visto?
—Sí... —admito que dudé.
—¿Le has dejado hablar?
—No...
—Entonces es eso lo que necesitan. Yo lo haría al menos para terminar con estas cosas.
—Chicos, ¿quieren pastel de carne? Ya está listo el almuerzo —nos levantamos todos yendo hacia el comedor donde la comida ya estaba servida. Huele delicioso.
Olvidamos esa charla improvisada que tuvimos y continuamos hablando de otros temas. Ambos eran muy agradables y no sé por qué Jackson no se dignó a presentarme a sus padres; hubiera sido estupendo.
—¿Y qué tal las nuevas fábricas?
—Marchan de maravilla, la producción ya ha aumentado. Me encargo de controlar que todo esté en perfecto estado, pero además es para estar en contacto con las exigencias de los europeos.
—Estupendo entonces.
—¿Piensan recorrer la cuidad?
—No sé Eli, creo que nos perderíamos. Yo estuve algunas veces pero casi nunca salía a recorrer; quiero ver la torre y los museos —agregó Math con tristeza.
—Bueno, podríamos ir todos y hacerles un tour. Tengo algunos días libres que puedo gastarlos con ustedes —grandes sonrisas aparecieron en nuestro rostro.
......
—Siento mucho arrastrarte a esto Math, tú podrías haber vuelto a América... —ya era de noche y estábamos preparando nuestra habitación. Debíamos compartirla ya que es la más caliente en esta época, pero no nos molestaba.
—No pasa nada, no quería dejarte sola si es que ese idiota se llega a aparecer —rodeé los ojos y él rió—. Además quería verte, ya eran tres semanas y se me hizo un infierno.
—Así que me extrañabas... —golpeé su brazo mientras guardaba su ropa y casi pierde el equilibrio—. Dios, hombre, estás débil.
—Acaba de golpearme un elefante de 80 kilos, por supuesto que lo estoy —oh no, Mathew no dijo eso.
—¡80 kilos tiene tu madre, maldito! —salté hacia él enredándome en su cintura para no caer al suelo. Mis manos sacudían su camisa mientras comenzábamos a forcejear y reírnos.
—¡28 años de idiota! Detente Chelsey o terminará mal —estaba igual o peor que yo con el tema de las risas...
—¿Qué? ¿Unos empresarios no se pueden divertir como niños?
—Por favor... —en eso mi teléfono comenzó a sonar—. ¡Al fin algo que me salve! —me soltó de repente haciéndome caer al suelo golpeándome el trasero. Duele.
Era una mensaje pero de un número desconocido. Ya era costumbre este tipo de cosas por lo que atendí sin molestarme. Era una imagen, de hecho una captura de pantalla. Alguien le había enviado a otra persona una foto... ¡No! Es una foto de mí y Math hace tan solo un minuto. Estaba siendo cargada por él mientras parecía que yo estuviera desabrochando su traje. Pero lo peor no es eso, es el número al cual se ha mandado esa misma imagen. Lo conozco perfectamente, es el número de Lion...
Miré por la ventana buscando a quién fuera el responsable de esto, pero no hay absolutamente nada y la oscuridad no me ayuda. Esto va a traerme problemas si me lo vuelvo a cruzar. Debo advertirle a Math y Jackson de esto; posiblemente también él esté implicado.
—Mathew... —fue una voz entrecortada, casi silenciosa.
—¿Qué pasa?
—Alguien... nos sacó una foto hace unos minutos y se la envió a Lion —él frunció su ceño.
—Déjame verla —casi me arrebata el teléfono con manos incluidas—. Esto no es para nada bueno...
Lion POV
—Estás buscando una buena recompensa, ¿verdad? —una copa repleta de champagne se hizo añicos dentro del jet privado que estaba a punto de despegar.
—Sí, una enorme. ¿Quieres que te diga dónde está? Yo que tú me bajaría ahora mismo de ese avión —tiré de mi cabello con frustración mientras iba de un lado al otro.
—¿Qué haces en Francia, Lila?
—Era una oportunidad perfecta para hacer algo así. Lion, estás perdiendo el tiempo pensando en esa mujer, mira lo que hace... Quiero ayudarte.
—No, eso no es ayuda. Me haces volver a pensar en ella, dándome ganas de ir a buscarla y llevármela por la fuerza. Hazme el favor y deja de ser tan idiota; vive tu vida y no molestes.
—¡Lion!
—Lila regresa a tu maldita casa junto a mí madre y no me busques.
—¡Sé que al menos quieres saber dónde está para matar a ese hombre! ¡Sé que están comiéndote los celos! —está desesperada por un poco de atención.
—¡Sí estoy celoso! ¡Y sí quiero partirle la cara a ese imbécil! ¿Pero sabes qué? ¡¡Me los trago con tal de no verte satisfecha!! —silencio, puro silencio en la otra línea.
—BouDieg 376. Es una zona residencial por el centro de París —y cortó.
Hija de puta, no me hubiera dicho nada, las ganas de ir me están matando. Si esa imagen llega a ser verdad... juro por Dios que Mathew va a terminar con la mandíbula quebrada. ¡Y me da igual que yo haya hecho lo mismo! Chelsey es una tonta confundida, no voy a permitir que esté con otro. ¿Acaso hoy en día no se entienden las palabras "Eres mía"?
Sí, terminé bajando del jet en busca de un vehículo que pueda llevarme hasta esa dirección. Ahora mismo me encuentro frente a la puerta de esa casa. No sé quién diablos vive aquí, pero algo me dice que esto tiene que ver con Jackson y mi ex padrastro.
Las luces de la casa estaban apagadas, por lo cual cuando toqué el timbre se levantarán todos los que se encuentren dentro. Sin ningún disimulo golpeé insistente y con fuerza, dejándome algo adolorido en los nudillos. En unos minutos todas las luces ya se encontraban encendidas. Lo primero que vi al abrirse la puerta fue a un hombre que desde hace muchos años no veía... Federico Saiph.
—¿Lion? —tenía los ojos bien abiertos, más que sorprendido.
—¿Qué tal? ¿Están aquí Mathew y Chelsey? —él enseguida negó. Mentira.
—No sé de qué hablas —rodeé los ojos y lo empujé para poder entrar.
—Por favor Federico, no te hagas el tonto. ¿Dónde está mi mujer y ese traidor?
—Te prohibo invadir mi casa haciendo alboroto. ¡Sal de aquí si no quieres problemas! —¿Cuándo se puso tan histérico?
—¿Problemas? Tú tendrás problemas si te atreves a evitar que yo reclame lo que es mío.
—¿Así es como piensas de ella? ¿Como un objeto? ¿Un trofeo? Tú no estás enamorado, Lion, la quieres a tu lado para sentirte importante.
—¡Entonces confirmas que la conoces y la tienes aquí!
—¡Por el amor de Dios, Lion, escúchame! Es como si estuvieras cegado por algo; por la ignorancia, los celos, el ego o lo que sea, pero sin duda has cambiado. ¿No te escuchas? Suenas frío, distante y sin sentimientos. ¿Quieres terminar hecho un monstruo víctima del poder? —acomodó su bata de dormir y yo suspiré con pesadez.
—Yo no he cambiado, eso no es así y punto final. Yo vine aquí en busca de algo y estoy teniendo otra cosa. ¿Dónde están, Federico? ¿Debo invadir tu propiedad para encontrarlos? —varios murmullos venían de arriba aproximándose. Sonreí triunfante, pero vi que el hombre se quejaba lamentando mi comportamiento.
—¿Qué es todo ese alboroto? —a él lo quería ver. Apreté mis puños y mi mandíbula llegando a sentir el chirrido de mis dientes al rozarse. Chelsey venía detrás abrazándolo por la cintura algo asustada.
Ambos al verme quedaron paralizados. Sé que se deben estar imaginando muchas cosas y lo que menos quieren es tener problemas aquí. Moviendo mi cabeza les hice una señal de que los esperaba afuera para hablar. Salieron sin protestar disculpándose con Federico y yo solo los seguí.
Ambos salieron del terreno de la casa, en medio de la calle dónde no había ni un alma, después de todo es de madrugada. Chelsey estaba de brazos cruzados mirando a la nada y Mathew... Él está derecho, esperando a que lo ataque con palabras. Por alguna razón, me da la sensación de que saben a qué vine.
—Veamos... —empecé. Mis guardaespaldas nos rodearon para que nadie escapara. Chelsey fue obligada a ingresar en la camioneta que me trajo, entre golpes y gritos. Solo él y yo... Los demás tienen la orden de no intervenir hasta que yo lo pida.
—Sé por qué estás aquí, Lion. Y déjame decirte que no es lo que parece.
—¿Ah sí?
—Sí. Quiero ser pacífico y te pido que me dejes hablar —solté una carcajada que no se escapó de mis labios.
—Bien, adelante...
—La foto que se te envió es un mal entendido. Sé que parece como si ella y yo estuviéramos haciendo algo, pero en realidad solo jugábamos. No hay otra forma de explicarte esto Lion, pero no sucedió nada.
—¿Y cómo saben de la foto? —él suspiró.
—A Chelsey le enviaron una captura de pantalla mostrando que alguien te había enviado eso. Inmediatamente buscamos por la zona para averiguar quién fue; no tuvimos éxito. La sacaron sin que nos diéramos cuenta. ¿Cómo nos encontraste?
—Gracias a la misma persona que me hizo este favor.
—Lion, estoy actuando lo más tranquilo posible. Ya te he dicho que no sucedió nada. ¡Es por el bien de los dos! No arruines esta relación de negocios por algo que no fue.
—¿Algo que no fue? —susurré para mí mismo. Otra vez sentí la ira y los celos apoderándose de cuerpo y mente. Mi puño se impactó con su cara lanzándolo al suelo—. ¿¡Algo que no fue!? ¡Me da igual! Por más jueguito que sea, por más puras intenciones que tengas ¡¡No la toques!! ¡Ya tengo suficiente con el imbécil al que debo llamar hermano como para que vengas tú! Cuando se trata de celos, y de alguien metiéndose con la madre de mis hijas, juro que puedo ser MUY hijo de perra.
—¡Lion! ¡¡Lion maldita sea!! —Chelsey golpeaba el vidrio con desesperación llamándome. Sé que si la dejo salir vendrá a darme unas cuantas bofetadas. Uno de los gigantes cubrió su boca y sostuvo sus manos.
—Estás... Tú... ¿Qué te sucede? —se levantó a duras penas, tambaleándose y con sangre en su rostro. Chels de alguna forma se había arreglado para volver a golpear el vidrio con sus pies.
—¡Por Dios, Lion! —Federico salió agitado desde su casa, pero lo retuvieron a tiempo llevándoselo hacia adentro nuevamente. Miré la escena por unos segundos y regresé mi vista a un Mathew algo moribundo.
—A mí no me sucede nada, yo fui así toda mi vida. Que aparente ser simpático o tolerante no significa que esa sea mi verdadera cara —me acerqué hacia él, quien no se pudo mover—. Pasé por cosas horribles; mi mente no es la más cuerda que hay.
—¿Sabes? Yo me había hecho una imagen de ti muy diferente. Pero ahora viéndote comportándote como un completo imbécil, me di cuenta de algo —elevé una de mis cejas y lo dejé continuar—. Yo guardé distancia, la aparté para que esto pudiera funcionar. Ignoré mis sentimientos solo para dejarte el camino despejado porque creí que en verdad serían felices. Pero me equivoqué, y mucho. Así que escucha bien lo que te diré —apuntó hacia mi pecho, presionando en el con fuerza—. Amo a Chelsey desde hace mucho más tiempo que tú y voy a pelear por ella aunque me cueste la vida. ¿Tengo que pasar primero por ti y tu hermano? ¡Pues vengan! ¡¡Peleen si en verdad la aman y que se quede con el que elija!! Pero no me pienso rendir.
Si no hubiera aprendido a controlarme más de lo que puedo, ahora mismo mi respiración estaría agitada hasta el punto de ser sonora. No lo pensé, fue natural y en ese momento ya no me importaba nada, ni siquiera que ella estuviera viendo. Mathew no pudo haberse atrevido a decir eso...
Lo sujeté de su camisa de dormir y con una fuerza sobrehumana lo arrojé contra la camioneta, zarandeándolo. Su cabeza golpeó parias veces con el vidrio polarizado de las ventanas dejándolo en un estado algo vulnerable. Puedo escuchar los enormes gritos de Chels ser reprimidos por uno de los hombres.
Mi puño terminó estrellándose otra vez con su rostro, pero ahora no pienso detenerme hasta verlo inconsciente en el frío suelo. Una, y otra, y otra vez; en ningún momento él pudo defenderse debido a que no tenía tiempo para recomponerse. Ya perdí la cuenta de cuántos golpes llevo, pero siento que su nariz se ha quebrado. Su labio también estaba derramando sangre.
—¡Párenlo! ¡Va a matarlo! ¡Párenlo! ¡¡Lion por favor!! —la pobre no podía moverse, estaba totalmente paralizada por dos hombres. Decidí hacerle caso por una vez.
El cuerpo débil de Mathew cayó al piso, donde comencé a escuchar varios de sus gritos de dolor. Se retorcía como nunca cubriendo su rostro, no sé por qué no se defendió ya que al principio tuvo tiempo de hacerlo.
—Vayámonos, no hay más qué hacer aquí —me abrieron las puertas del vehículo y al entrar Chels quiso lanzarse sobre mí para dejarme sin rostro.
—¿Qué hacemos con su mujer, señor?
—Ella vendrá con nosotros hasta la mansión. Creí que no debía ocuparla mientras estaba aquí pero me veo obligado a hacerlo. Escúchame Chels... —me rompe el corazón verla sollozar y abrazarse a sí misma—. Sólo quiero hablar contigo ¿sí? Luego podrás regresar a donde sea que vivas.
—Tú... Tú no has hecho eso, tú no —debí callarme, estaba en una especie de shock que se le pasará en unos minutos.
Cerré mis ojos intentando calmar mi ser. Unas palabras que escuché una vez vinieron a mi memoria...
«Todas las personas tienen demonios en su interior, Lion. Pero esos demonios se controlan, hasta que un día te poseen llevándose todo lo que una vez fuiste. No te ganes el odio de alguien por eso.»
Lion no lo había hecho, en verdad él no pudo hacerlo. Golpear a Mathew de esa forma... Mierda, no, juro que no puedo creer tal cosa que presencié. Puedo decir que nunca vi unos golpes tan cargados de rabia como estos. Su rostro quedó hecho un desastre y le habrá quebrado la nariz. Esto no puedo perdonárselo por nada del mundo.
Ahora mismo me tiene sentada en una enorme sala repleta de lujos. Nunca había venido a esta mansión, pero es una de tantas que él posee alrededor del mundo. Quiero irme ya, maldita sea.
—Chels... —sonaba inseguro, está consciente de que la ha cagado de forma descomunal.
—Hijo de puta... —era tanto el enojo, que debía hablar entre dientes para contenerme.
—No, escúchame.
—¡No te voy a escuchar ni en un millón de años! ¡Estás enfermo! ¡Desquiciado! ¿Cómo pudiste golpear de esa forma a Mathew? ¡¡Mathew!! El que te ayudó cuando no podías ni con tu vida.
—¿¡Acaso no oíste lo que dijo!? —se levantó de su asiento mientras me apuntaba, yo hice lo mismo.
—¡Lo oí claramente! ¡¡Pero eso no te da derecho a dejarlo como la mierda por tus malditos celos! ¡Aprende a ser un hombre y aguantarte!
—¡Él no tiene derecho ni siquiera a mirarte! ¡Eres mía! —supongo que por instinto queriendo descargar un poco su enojo, pateó una mesa de cristal haciéndola añicos. Ahí se fueron cerca de dos mil dólares.
—¡Yo no soy nadie! ¡No soy tu novia, ni tu prometida, ni tu mujer! Tengo el derecho de estar con quien se me dé la gana —solté un quejido cuando su mano tomó con fuerza mi muñeca haciéndome daño.
—Ve tras él y lo mato Chelsey. Sabes que no bromeo con esto; lo veo contigo y queda a tres metros bajo tierra. Ahora mismo quiero que se vaya y te deje, si me entero que han hablado de alguna forma... Se acabó.
—¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? ¡Es mi compañero de trabajo! ¡¡Somos dueños de una empresa!! —por unos instantes su rostro quedó inexpresivo, como si se hubiera dado cuenta de algo y creo que se de qué... Bien Chelsey, muy bien hecho.
—Te tengo —con una sonrisa de oreja a oreja me soltó. No me había agarrado tan fuerte como creí, sólo había sido el susto del momento; él había aprendido a controlarse.
—¿Me tienes? Claro, te espero en mi casa con una taza de té. ¡Lion no seas idiota! No vas a encontrarme ni en un millón de años. Cuando sala de aquí, si noto que me sigues juro no regresar nunca a tu lado —levantó una ceja mientras yo intentaba intimidarlo.
—Acabas de decir que consideras volver...
—¡Nunca dije eso! Con lo que has hecho hace una hora ni en estado de ebriedad volvería contigo. ¡Te has vuelto muy caprichoso e idiota en solo dos meses!
—¿Y las niñas? —se cruzó de brazos intentando defenderse de algo.
—¡Te he dicho cientos de veces que volverás a verlas! Pero no mientras actúes así. Cuando comprendas que lo nuestro se acabó y dejes de molestar, ahí podrás verlas.
—¿Sabes que puedo iniciar una demanda por eso?
—¡Claro que lo sé! Y también sé que eres muy capaz de hacerla, pero Lion debes entender...
—¡Al menos podrías mandarme fotos de ellas! Digo, para saber si a alguna le has cortado el cabello o se cayó jugando con un animal —está bien, tenía razón. Recordé que hace solo dos horas Jackson me había enviado una imagen de ellas.
Por lo visto Siena y Chloe se habían dormido antes que Sky, así que ella aprovechó el momento para agarrar uno de mis labiales y dibujar en las caras de sus hermanas. La escena debió haber sido muy graciosa, porque Jackie me llamó y no se le lograba comprender ni una palabra por tener un gran ataque de risa. En la imagen aparecían las tres dormidas, y Sky con el labial en sus manos. Busqué esa imagen en mi teléfono y se la mostré. Inmediatamente Lion comenzó a carcajearse como loco sin apartar la vista del teléfono. Incluso cuando ya se calmaba, volvía a verla y empezaba a reírse otra vez.
—¿Cuándo fue esto? —preguntó luego de ya haberse tranquilizado.
—Supongo que hace dos o tres horas —sonreía enormemente al verlas.
—Están hermosas... —no, no me voy a sentir mal por eso, no señor.
—Si te hace sentir mejor, preguntan mucho por ti —Lion siempre fue un hombre que da todo por sus hijas; las ama con locura y ahora al estar separado de ellas estoy consciente de que le afecta mucho. En verdad quiero traérselas, volver a ser la misma familia pero... No.
—Chelsey... —no pude resistirlo más. Comencé a llorar desconsoladamente liberando todo lo que tenía guardado dentro. Lo habría apartado cuando sentí sus brazos rodearme, pero no tenía las fuerzas suficientes.
Estoy tan... molesta, asustada e incluso confundida. Nunca creí que pasaría por algo así. Incluso el día en que nacieron las niñas me juré nunca separarme de Lion por el bien de ellas. Todo esto es un acto egoísta porque no lo dejo hablar, no dejo que se explique. Pero lo que está haciendo últimamente me tiene asustada. Pero ni siquiera yo estoy libre de pecados; Jackson está intentando acercarse a mí aunque no lo diga directamente. Puedo notarlo y me preocupa, me preocupa que mis sentimientos vuelvan igual que hace cerca de diez años. No podría soportar todo eso, mi mente sigue siendo frágil.
¿Y Mathew? Todo lo que he vivido con Mathew ahora también me persigue. Creí que se había rendido hace mucho tiempo, pero no fue así. Incluso tengo ese... embarazo al cual guardo en lo más profundo de mis memorias, torturándome día a día por no habérselo dicho. No va a perdonarme nunca. No sé qué es peor.
—Lion... —dije su nombre de la misma forma que él lo hizo. Apartó nuestros cuerpos para que podamos vernos a los ojos. Comencé a sentir una de sus manos en mi mejilla, sabe que adoro su tacto.
—¿Qué pasa, amor? —no idiota, no. Haces que me derrita cuando no debo hacerlo.
—No puedo... —de repente y de forma sorpresiva me aparté de él con brusquedad.
Tuve que darle la espalda para no ver su rostro y seguir llorando. Me sentía terrible por todo lo que estaba pasando. Quiero salir de aquí e ir en busca de Mathew solo para olvidar a Lion y su perfume embriagador que me vuelve loca. No importa que ya no quiera, sigo amándolo le guste a quien le guste.
Sus fuertes brazos me abrazaron desde la cintura posando sus manos en mi vientre. Me puse nerviosa al sentir su rostro a mi costado, apoyando su barbilla en mi hombro.
—¿Sabes? Quiero un niño y tú serás la madre.
—No digas eso, de alguna forma tú siempre predices cosas de este estilo y justo ahora no me gusta.
—¿Por qué? Chels, quiero que me dejes explicarte lo que pasó con exactitud ese día... Sólo quiero que me escuches y me entiendas.
—Que te escuche no hay problema, que te entienda ya es otra cosa. No significa que vaya a perdonarte por escuchar tu versión.
—Escúchame ¿sí? —asentí—. Ese día me encontraba descansando en la piscina ya que estaba algo cansado y no tenía nada que hacer —sus manos comenzaron a acariciar mi cintura, subiendo de a poco—. De repente ella apareció semi desnuda frente a mí diciendo que estaba de vacaciones.
—Lion...
—¡Escúchame y luego piensa si creerme o no! En fin, me insistió en que me acostara con ella a lo cual yo me negué. Lila desde que te conoce no deja de hablar pestes de ti. Luego de que discutimos por un rato, ella de alguna forma logró verte venir así que me empujó cayéndose encima para que la situación se viera comprometedora.
—¡Tus manos estaban en su maldito cuerpo! —no sé por qué sigo dejando que me toque.
Cuando sintió que le eché en cara ese detalle, sus manos subieron hasta mis senos, apretando con fuerza. Eso siempre lograba excitarme, por lo que solté un débil gemido que no pude reprimir. Su nariz rozaba mi cuello dándome una especie de escalofrío que paralizó todo mi cuerpo. Pero lo peor fue su lengua deslizándose hasta mi mandíbula... ¡Joder! No puedo evitar tomarlo de su cabello y abrirle paso. Me conoce por completo en ese sentido; sabe mis puntos débiles.