El sonido rítmico del monitor cardíaco llenaba la habitación. Isabella estaba en un sueño profundo, pero su corazón, que había estado al borde de detenerse, volvía a latir con fuerza renovada. Los médicos apenas podían explicar cómo había logrado superar la crisis, pero Bianca no necesitaba respuestas. Para ella, era un milagro, una respuesta de Isabella a los llamados de sus hijos. Días después, Isabella abrió los ojos lentamente, encontrándose con la mirada preocupada de Bianca. —Nonna… —susurró, su voz apenas audible. Bianca tomó su mano con suavidad, sonriendo con alivio. —Aquí estoy, cara mia. Todo estará bien ahora. Los meses siguientes no fueron fáciles. Isabella tuvo que enfrentarse a una recuperación lenta y dolorosa. El hospital se convirtió en su hogar temporal mientras su

