Me estaba hartando. —Escucha, Susan —se cubrió los labios y parte de la nariz —. Yo debería estar molesta contigo por hacerte la mustia con Carlos y llevarlo a la cama, mas aceptó que lo merezco, porque yo me acosté con Kiliian una… dos… bueno, quizá fueron más de tres o cuatro veces, pero lo importante aquí es que yo ya te perdoné. Extendió su mano y sonrió ¡Sonrió! —¡Oh! ¡¿En serio?! — pregunté con falsa sorpresa y dramatismo, llevando mi mano a mi pecho —. ¿Y a qué se debe tanta conmiseración? Si se puede saber. Fue mi turno de cruzar los brazos. La castaña rubia falsa suspiró. —Es que descubrí que no vale la pena enojarse contigo por eso. Además, me comprometí con Carlos después de que te fuiste. Hablamos bien las cosas y ya, todo solucionado. Volví a fingir sorpresa. Bueno, est

