XLI Emma se perdió de nuevo en aquella mirada de selva, que aunque sabía no era la de su pequeño, soñaba con que sí lo fuera. Llegó la controversial familia Lennox a la fiesta de inversionistas, una excusa de los más poderosos para justificar gastos y hacer trueques con otras compañías. Elliot no gozaba de ese tipo de reuniones, pero siendo el CEO desde hacía tanto tiempo, no podía negarse. Además, no podía dejar el cargo aún, no tenía un heredero por ahora que lo supliera. Y las odiaba también porque en todas las reuniones se nombraba a Steven de una u otra forma. Emma asistía solo para ofender a las señoras que no poseían esa esbeltez que a ella le sobraba, con las piernas muy al aire y el escote muy profundo. Era la envidia de las damas y caballeros que no podían esconder lo muy hermos

