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Escuela para señoritas del imperio sur
- ¡Alina mañana es nuestro gran día!, exclamó la siempre sonriente Emerald Akdov, quien siempre fue la encargada de sacar de sus libros y la biblioteca a la callada Alina Piotr, quien a ojos de muchos no era una belleza en sí, pero nadie podía negar que era demasiado inteligente. - ¿Alina, me escuchas? ¡Alina Piotr de la Casa Degastán! - gritó enojada la pequeña pecosa y pelirroja Emerald.
- ¡Está bien! Dijo por fin Alina, separando su vista del libro sobre contabilidad que leía y se alegró al instante, al ver a su mejor amiga radiante de felicidad, una que a ella le gustaría sentir, lástima que no podía darse ese lujo, pues su vida era todo tensión e infelicidad, pero no lo podía expresar así que terminó diciendo lo más afable que pudo: -Mi pequeña y borracha amiga-.
- ¡Alina! No te burles de mi apellido, además yo no tomo…
- Lo que es una lástima amiga, porque tienes la fuente más pura de la resaca y las malas decisiones en la bodega de tu mansión, además claro de muchos reales solares en el banco y no lo disfrutas, que mala hija y amiga eres, no bebes del fruto de la abundancia que tanto trabajan tus padres y a tu mejor amiga no le das ni una botella, pero en fin… dime, te escucho…
La pequeña Emerald, haciendo un puchero ante el comentario de su mejor amiga de cuarto y en la academia, terminó por esbozar una dulce sonrisa y abrazó a una sorprendida Alina, quien no le devolvió el abrazo, pero le sonrió tibiamente, algo que no pasaba a menudo y de lo que Emerald se sentía orgullosa porque había sido ella la que le había sacado esa tímida y casi invisible sonrisa, por lo que, la primera sonrisa, de la vida de Alina, había sido para Emerald.
-Alina quiero que me digas la verdad, porque desde hace tres semanas que saliste inesperadamente de la academia por un llamado urgente de tu familia estás más ausente que de costumbre y eso no solo es más raro de lo normal en ti, me tienes con el solaris en la boca y me preocupa, dime que pasó con tu familia o no saldrás de esta habitación hasta que me digas todo el chisme, digo la verdad-. Corrigió al final, carraspeando un poco la voz, la dulce y pequeña pelirroja.
Un largo suspiro se escuchó en la elegante y espaciosa habitación de categoría diamante, reservada únicamente para la gente de mayor rango, estatus y dinero del imperio sur.
-Te lo voy a decir porque se que a pesar de que la graduación es mañana, me enviarás y me enviarás cartas hasta saberlo todo, así que me ahorraré la tortura-dijo una seria Alina, mientras su mejor amiga hacía uno de sus clásicos pucheros. -La realidad es que mi padre quiere que me case inmediatamente saliendo de la academia y ya tiene un candidato, mismo que conocí hace tres semanas, pero no puedo decirte quien es porque prometí no hacerlo hasta que no acaben las negociaciones, pues el tipo es alguien de alto rango que prefiere no decir nada del matrimonio hasta finalizar todos los pormenores-.
- ¡Eso es genial Alina! ¡Vas a salir de aquí con altos honores y con un marido de alto rango!, es el sueño de todas las chicas de la academia, ¡ya no tendré que preocuparme por ti!
Una incrédula Alina no sabía si enojarse o reírse porque su mejor amiga pensaba que no era material para esposa y por ello se quedaría soltera:
-Amiga ¿Por qué estabas preocupada por mí? -.
-Emerald, al notar la cara de su amiga, decidió añadir: -No es que crea que pudieras quedarte soltera amiga o que no puedas ser una buena esposa, pero es que no quieres ser eso, no dices mucho sobre el tema, pero dudo que todos tus estudios y esfuerzos por ser la mejor en todo, sean porque quieres un marido, no lo sé pero a veces siento que es como si intentaras demostrarle a alguien que puedes ser la mejor y eso me gusta de ti, pero, ¿te esfuerzas por ser la mejor porque te nace hacerlo o para demostrarle algo a alguien? Porque entonces amiga, si es lo primero, sé que serás feliz incluso sin casarte, aunque la aristocracia quiera arrancarte la cabeza por ello, pero si es por lo segundo amiga, esa lucha por demostrar algo te lleva a la venganza y en ello no hay felicidad, pero si muerte….
Emerald Akdov, la pequeña, pelirroja, pecosa, dulce e ingenua amiga de Alina, no estaba lejos de la realidad, lástima que a veces incluso entre amigos, subestimamos la sabiduría del más dulce…