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Castillo del príncipe heredero, dos semanas después de la visita de Alina al príncipe
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-Su alteza, los Degestán ya están en el salón principal- dijo un muy serio Antón-.
El príncipe que tenía toda su vida conociendo a Antón, no pudo sino mirarlo a profundidad con sus ojos rojos cual rubíes que lo mismo encantaban o daban miedo, dependiendo de la intensidad de su mirada y supo de inmediato que pasaba en la mente de su más leal sirviente:
-Antón, quién de ellos fue de tu agrado, dijo de manera sarcástica-.
-Me agradó la duquesa Alina, su alteza, lástima que se fue la última vez pensando en que le otorgué un mal servicio, pero lo compensaré en la próxima dándole un té de mi creación, fresco pero frutal, estoy seguro que eso arreglará el problema mi señor-.
-Ja- ¿Y a los Degestán del salón que están hoy aquí que les darás? - Dijo con media sonrisa el príncipe.
-Un mal servicio mi señor-.
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Tres Degestán estaban sentados en el lujoso salón del príncipe heredero, admirando toda la sobria pero lujosa estancia a la que no le faltan adornos en oro y plata, así como una enorme pintura al fondo, que las tres personas reconocieron de inmediato, pues se trataba de la antigua emperatriz, madre del príncipe heredero y sería la segunda hija del duque quien, de los tres, realizaría la observación más obvia:
-El príncipe se parece a su madre, salvo por los ojos, claro, ya que son el distintivo de la familia imperial, pero la nariz y el cabello n***o son iguales a los de la difunta emperatriz-.
-En efecto hija-. Contestó su madre, la actual marquesa de Degestán-.
Su padre, a punto de contestar, se quedó en silencio, cuando el mayordomo y mano derecha del príncipe entró anunciando la presencia de la persona que más ansiaban ver:
El príncipe heredero Damien Anisim Von Gleb. Los tres, haciendo uso de la etiqueta y el saludo de respeto para un m*****o de la familia real dijeron al unísono:
—Su alteza, corazón y vida del imperio sur, le saludamos con afecto y el más profundo respeto—.
-Pueden sentarse- dijo el príncipe con voz áspera y seca, pues lo último que deseaba era tener que hablar con esa gente.
-Marqués Arien Degestán, Marquesa Arioht Degestán, señorita Ari Degestán, los estaba esperando- dijo el príncipe mientras se sentaba elegantemente en su sillón favorito, con terminados en oro, como casi todo el castillo.
-Príncipe nos complace su invitación, aunque también nos intriga, debido a que mi amada hija mayor Alina no regresó a casa muy animada, pensamos que tal vez algo salió mal en su reunión, por lo que, de ser así, pido disculpas a nombre de Alina, que no suele socializar mucho ya que es muy tímida por lo que no sabe en muchas ocasiones entablar de manera correcta una conversación y menos con alguien tan importante como usted- dijo el marqués.
El príncipe que intercambió una mirada tan fugaz con su mayordomo que los Degestán no se dieron cuenta, de inmediato observó a la familia que tenía sentada en frente y la insolente Alina no se parecía en lo absoluto a su padre, pues su cabello n***o, según lo que investigó, era herencia de la antigua marquesa y definitivamente los ojos grises eran señal de sangre del imperio norte, pues ese era el principal distintivo de la gente de aquél lugar (aunque muchos en el imperio sur no lo supieran) y el marqués era delgado, de cabello rubio y ojos verdes, al igual que su hija menor Ari Degestán que era la copia de su padre, pero con los enormes pechos de su madre…
Sin duda Alina no encajaba en aquel cuadro familiar pues su cabello n***o, sus ojos grises y esa piel tan blanca y pálida a la que se le debía sumar su falta de pechos y esas enormes caderas que para nada le atraían… si pudiera decidir, solo por tener una delantera agradable, sería la hermana menor con la que pasaría una noche, aunque jamás se casaría con alguien así, no era estúpido y por eso mismo contestó:
-Al contrario, marqués, quedé encantado, la timidez de la pequeña Alina me fascinó, es lo que con tanto ahínco estoy buscando en una esposa digna de la realeza, dignidad, pureza, inteligencia y buen gusto, porque hoy en día muchas jóvenes creen que enseñándome sus pechos mediante un pronunciado escote lograrán entrar en mi cama o ganarse un lugar como mi esposa, Alina es perfecta para mí, pues no es pretenciosa ni vulgar, además investigué su actuar en la Academia para señoritas y su desempeño es el mejor, se graduará dentro de poco con calificaciones y créditos perfectos, algo nunca visto entre la nobleza femenina del imperio, lo que es una fortuna para mí, porque me casaré con la mejor, además marqués, se muy bien que ante la sociedad se oculta parte de la procedencia sanguínea de Alina: Es una Lunaria, duquesa por derecho propio, heredera de una gran fortuna, pero lo más importante es que su madre era la gran princesa guerrera del imperio norte, por lo que Alina, es también una princesa atrapada gracias a usted y su sangre en el imperio sur y planeo ser el primer m*****o de la familia real que logró casarse con el linaje real del imperio norte…