Capítulo IX

2527 Words
—Te dije que te quiero lejos de los chicos Cynthia —gruñó mi padre por el auricular ante lo que entorné los ojos de inmediato. En la mañana lo había vuelto a llamar y esto es lo primero que me había dicho nada más contestar. —Sabes que el único que me controla eres tú papi, y estando yo tan lejos… Casi pude ver como mi padre tensaba la mandíbula preso de la furia que probablemente estaba sintiendo. —Sabes que no me gustan los juegos Cynthia, Dios sabe que ni siquiera yo puedo controlarte como deseo. Su respuesta me hizo apretar los labios porque no me había salido con la mía otra vez. —Te aseguro que más control que Demetria si tienes. — ¡¿Qué quieres decir con eso Cynthia Margarita?! Una vez más entorné los ojos y bufé por mi segundo nombre. — ¿Qué crees papi? — ¡No hagas ninguna tontería, niña! —Quizás lo haga y todo será tu culpa por no venir por mí. —No me chantajes Cynthia, ya hemos hablado sobre esto. —Me da igual chantajearte, pronto estaré cumpliendo mi mayoría de edad y volveré a casa —le dije de repente y debo confesar que hasta ese momento ni yo misma me había planteado esa idea, solo surgió de la nada. —No lo harás porque tu madre necesita pasar tiempo contigo —me respondió él como si tuviera toda la paciencia del mundo irritándome de inmediato. — ¿Y? Yo necesito largarme de aquí ¿Pero a caso alguien está escuchándome? Hubo un breve silencio que se sintió tenso y ni siquiera estuve preparada para lo que vino a continuación. —No lo harás porque de hacerlo yo no te recibiré en casa… Esto dolió más que el abandono de mi madre o cualquier cosa que me hubiera pasado en la vida. El rechazo de parte de mi padre era lo último que esperé. Por un momento me quedé llorosa temblando frente a la sala del posemumu, con todas mis barreras en el suelo y probablemente luciendo muy vulnerable. Las lágrimas se aglomeraron en mis ojos pero las aparté de golpe porque no soy ninguna llorona. Ahora fui yo la que me puse tremendamente furiosa, parecía como que a él le daba igual todo lo que estaba diciéndole. Pues bien. Que así fuera. — ¡¿Sabes qué?! ¡A lo mejor cuando vengas a buscarme yo estaré tan feliz aquí que nunca más quiera ir a tu casa otra vez o visitarte si es posible y tú no podrás hacer absolutamente nada porque seré mayor de edad y no podrás darme órdenes otra vez! —le espeté furiosa antes de colgarle el teléfono sin dejarlo volver a hablar. Ya había dicho suficiente. — ¿Cynthia? —preguntó Demetria saliendo de la cocina para verme aunque yo no le dirigí ni siquiera una mirada. Caminé como alma que lleva el diablo hasta la habitación compartida con las raras las cuales me miraron con curiosidad al entrar a la habitación excepto por Efrosyni. — ¿Estás bien? —me preguntó Mia pero no me molesté en responderle. Era obvio como estaba. —Alístate Mia, nos vamos a la playa —le dije a la menor del trío y esta asintió, sin verla lo supe. —Pensé que no tenías traje de baño —dijo Thalía a modo de pregunta y sin importarme que ellas estuvieran pendientes de cada uno de mis movimientos saqué el traje de baño que había comprado con el dinero de mi madre y comencé a desnudarme en el medio de la habitación. Acababa de bañarme así que no necesitaba una ducha, había decidido ir finalmente con Mis a la playa. —Yo lavé ayer el que usé pero no exhibí. — ¿Sabes cómo usar la lavadora? —se burló la maldita gótica mientras terminaba de colocarme el traje de baño para después girarme a verla con los dientes apretados. —Sí, y también los puños. Si quieres te lo demuestro, perra. — ¿Sí? Quiero ver eso —me retó la estúpida levantándose de la litera para acercarse a mí solo que Thalía se interpuso entre ambas. —Basta las dos, nada solucionan haciendo esto —dijo Thalía mirándonos a ambas. — ¡Ya estoy lista! —me indicó Mia como si nada hubiera pasado en la habitación. Ignoré a su hermana mayor y coloqué arriba de mi traje de baño un crop top n***o y una falda alta del mismo color que apenas cubría mis muslos, tomé unos lentes de sol y los coloqué sobre mi cabeza para maquillarme ligeramente y volverme a encontrar con la mirada de las raras sobre mí. —Luces como una zorra —me dijo la perra gótica. — ¿Envidia? —espeté con sorna y ella me mostró educadamente su dedo del medio. Bruja. —Ya basta ustedes dos, otra vez —advirtió Thalía y yo entorné los ojos antes de posar estos en la menor del trío. —Muévete Mia. Fui en dirección de la puerta ignorando cualquier cosa que la perra gótica estuviera diciendo sobre mí. La chica enseguida corrió detrás de mí y salimos juntas hasta la sala donde Demetria nos esperaba. Ella le echó una mirada de desaprobación a mi ropa pero me importó una mierda. —Tu padre no ha dejado de llamar ni un segundo. —Pues habla con él. Ahora mismo me da igual lo que me diga. Comencé a ir en dirección de la puerta pero como siempre Demetria se interpuso. —Debes hablar con él, se siente… —Si a nadie le importa como me sienta yo, a mi tampoco me importará cómo se sienta nadie —le gruñí siguiendo mi camino—. Vamos a la playa. Avisé y salí a la calle con Mia detrás de mí. Necesitaba olvidarme de lo que había sucedido con mi padre y lo mejor sería distraerme. Cosa que en esta casa estoy segura no lograría. Cuando estuvimos lo suficientemente lejos de la casa tomé a Mia por el brazo deteniéndola en seco para que está me mirara. —Primera lección. »Si quieres atraer la atención de un chico debes maquillarte, no queremos que te encuentre simple ¿Verdad? Además con esa ropa no impresionarás a nadie Mia, debemos ir de compras pero todo esto debe permanecer en secreto para tus hermanas, probablemente ellas dirán que estás muy pequeña para esto pero ¿A quién le importan ellas? —le pregunté y una sonrisa cruzó por su rostro de inmediato. —Haré todo lo que me digas —dino ella emocionada. —Bien, aprenderás rápido —le dije sonriendo con malicia. Había encontrado una forma de j***r a Rafael, él me había quitado a mi madre y yo le quitaré a su hija cambiándola a mi antojo. Ambos nos dirigimos al mall y saqué la tarjeta de mi padre para pagar todo, era una venganza leve por el dolor que había causado en mí. Sí. Soy rencorosa ¿Y qué? Le compré un par de atuendos atractivos a Mia sin que pareciese una zorra como la perra gótica me había llamado, y debo admitir que Mia es muy hermosa detrás de todo ese cabello castaño claro enmarcando su rostro de corazón. Ella en definitiva será una rompe corazones. — ¿Cómo me veo? —preguntó ella emocionada. Su estilo era dulce, rosa pero ligeramente atrevido, me gustaba mucho y a ella le iba muy bien. —Conquistarás a ese chico —afirmé sonriéndole al ver como se maquillaba los labios con un brillo labial. Ella me sonrió de vuelta y enseguida nos fuimos a la playa. —Él juega voleibol de playa, es el mejor de todos —me contó ella por el camino. Yo le sonreí de vuelta. — ¿Sabes por dónde se la mantiene? Debes llamar su atención sutilmente para que no note que estás… ¿Mia? Pero ella no me escuchaba. Seguía caminando hasta que atravesó la parte donde jugaban los chicos solo que estos no parecían de la edad de Mia sino mucho mayores, probablemente de mi edad. — ¡Mia! —la llamé pero ella parecía completamente embelesada y atontada. — ¡Gabriel! —lo llamó ella mientras yo suspiraba golpeando mi frente con la mano. El aludido volteó a verla y le sonrió mostrando un bonito hóyuelo. Entonces de repente como si el tiempo se detuviera el balón de voleibol salió de la nada golpeando la cabeza de Mia haciéndola caer sobre la arena aturdida. Rápidamente corrí hasta ella cerciorándome que estaba bien fue cuando le gruñí. — ¿Qué parte de llamar su atención con sutileza no entendiste? —Lo arruiné ¿Verdad? —le preguntó arrugando el ceño pero no pude responder cuando todos los chicos que jugaban nos rodearon. — ¿Estás bien? —preguntó uno en específico y mi pequeña compañera se sonrojó de inmediato. Casi me carcajeo sin embargo logré contenerme. —Lo estoy, lo siento por interrumpir. El chico lindo negó con la cabeza y como un caballero le tendió la mano ayudándola a levantarse entonces sus ojos estuvieron en mí de repente antes de sonreírme de igual manera como había hecho con Mia, solo que esta vez su mirada era diferente. Más intensa. Esperé estarme equivocando aunque casi nunca me pasaba. —No fue tu culpa obviamente —añadió volviendo la mirada a Mia quien rehuía de su mirada continuamente—. Para compensarte por el golpe que te dio mi amigo ¿Qué tal si las invito a por un helado en cuanto termine el juego? —preguntó y como era obvio Mia se puso tan feliz que no le salieron las palabras, demasiado sosa para mí gusto. Tenía suerte de que estaba aquí para ayudarla. Así que me volví hacia Gabriel y le sonreí a duras penas. —Te esperaremos —afirmé y él me sonrió una vez más antes de asentir e ir otra vez a la cancha donde todo volvió como si nada. Rápidamente Mia se volvió en mi dirección casi saltando de alegría apretando con sus manos mis antebrazos y sonriendo como una demente. — ¡No puedo creerlo! ¡Funcionó! —exclamó ella emocionada haciendo que otras chicas la miraran con el ceño fruncido. — ¡Shh! Cállate o se va a arrepentir. Ahora tenemos que repasar el plan, sígueme —le dije halándola para alejarnos lo suficientemente como para que no fuéramos el foco de la atención aunque por supuesto yo nunca lograba eso. — ¿Plan? —me preguntó ella atontada pero no me detuve hasta que nos alejamos lo suficiente. —Plan —repuse como cosa obvia—. Es evidente que ese tipo es como mínimo tres años mayor que tú. A los de su edad no les gustan las niñas ¿Entiendes? Omitiste eso y me mostré contigo, craso error. Ella me miró atontada antes de preguntarme el por qué. —No entiendo —volvió a decir. —Es obvio bobita. »Como ya dije, los chicos de su edad normalmente no les gustan las niñas menores y al verme contigo que soy su contemporánea no le quedó de otra más que “excusarse” por tu tonto e irresponsable accidente para invitarme a salir solo que él no contaba con algo. El semblante de Mia se puso triste antes de volver a preguntarme. — ¿Es decir que solo me invitó por ti? —Hello? ¿Estás escuchándome? Haremos que le gustes, solo tienes que actuar como una chica mayor para atraer su atención. — ¿Y cómo hago eso? —preguntó más decaída—. ¿Y si no puede dejar de mirarte? —No te preocupes por eso. »La primera parte de mi plan es desaparecer para que se de cuenta de lo que se está perdiendo por aspirar algo más... Aunque esté algo sea delicioso. Ella recuperó al fin su sonrisa y golpeó mi brazo. — ¿Y qué tengo que hacer? —Ya te lo dije. »Actúa como una chica mayor. — ¿Y si no sé actuar como una chica mayor? —indagó con la frente arrugada en preocupación haciéndome suspirar. —Demonios ¿Todo tengo que decírtelo? Actúa como yo lo hago. Lo tendrás enseguida en tu bolsillo —le dije. Ella asintió poco convencida. —Muy bien, estaré por allá si me necesitas —le dije señalándole el lugar—. Nececito un buen bronceado. Invéntale que tuve que irme o algo. Me di la vuelta para irme y sentí su tensión detrás de mí. Ella tenía que madurar. Yo le había dado el empujón. Ahora disfrutaría del sol sin remordimientos. Me alejé del lugar para que Gabriel no pudiera verme y pude sentir la mirada de un montón de hombres sobre mí a lo que respondí con más contoneo de caderas. Uno que otro se me acercaba pero no estaba de humor para imbéciles. Ya había tenido suficiente por hoy. Llegué a un sitio perfecto en el que quedarme colocando los lentes que habían cubierto mis ojos desde que llegamos a la playa en mi cabeza. Entonces comencé a deshacerme de mi ropa lentamente bajo la mirada de los chicos a mi alrededor. Cuando hacía este tipo de cosas me sentía poderosa, invencible y perfecta. Me gustaba tentar sin embargo jamás los dejaba caer en la tentación. Sonreí con suficiencia deshaciéndome de mi falda negra inclinándome un poco para que quienes estaban detrás de mí pudiera captar solo un poco de lo que se perdían por no tenerme. En mi interior me reí con malicia antes de sentarme sobre la toalla en la arena que antes había estirado para aplicar un poco de bronceador sobre mis brazos, hombros, piernas y el resto de mi cuerpo. Me sentía observada sin embargo en ningún momento me incomodé. Estaba más que acostumbra a las miradas. Cuando acabé me acosté de espaldas al sol pero la voz que vino de arriba hizo que me erizara y me sentara abruptamente. —Cynthia —su voz gruesa, profunda y oscura me llamó y fue inevitable para mí no sentarme para mirarlo. Nuestros ojos se encontraron de repente y mi corazón extrañamente saltó en un sentimiento no identificado comprobando que mientras más quería mantenerme alejada de él más estaba cerca. Su cercanía era pecaminosa, atrayente y puramente masculina. Yo sabía que si no fuera tan superficial ya me habría lanzado hacia él para desatar esa extraña conexión que nos envolvía a ambos en algo profundo e intenso. Ese algo que me ponía sumamente nerviosa. Ese algo que aceleraba mi corazón y me hacía desear su cercanía en silencio. Mis pensamientos se desvanecieron después que él hablara solo que no lo pude escuchar pero cuando desvió su mirada hacia un lado lo entendí todo. Ahí para a su lado se encontraba una avergonzada Mia lo que me hizo dudar de cuánto tiempo había pasado aquí. Entonces leí en los labios de la hija de Rafael algo certero. “Estamos en problemas”. Solo que a mí eso me daba igual.
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