— ¿Podrías quitarte del sol? Estás estorbando —gruñí haciéndome la indiferente ante su presencia aunque por dentro estaba llena de un nerviosismo nada propio de mí. Evité su mirada apoyándome sobre mis codos para mirar a otro lugar sin embargo para mí sorpresa él se puso en cuclillas sin dejar de mirarme con esa intensidad que poseían sus ojos, intensidad que no dejaba de ponerme nerviosa. —Ese traje de baño es demasiado atrevido para una niña —gruñó él dejándome por unos momentos sorprendida pero mi cuerpo inevitablemente reaccionó a su voz masculina y mis pechos traicioneros se pusieron en punta. Con las mejillas arreboladas y haciéndome la indiferente lo fulminé con la mirada de inmediato antes de responderle. —Quizás se deba a que no soy una niña —afirmé altiva mirándolo a los

