capítulo 12

1261 Words
Raquel Todo estaba pasando demasiado rápido. Hace apenas dos meses volví a ver a Kiral, y mi mundo dio un giro. Me confesó lo que sentía, me contó que yo era su compañera, y en ese instante fui la mujer más feliz del planeta. Pero también me enojé. Me había hecho sufrir durante años, él mismo me apartó de su lado, y ahora, de un momento a otro, quería que estuviera en su vida. No podía recibirlo con los brazos abiertos tan fácilmente, aunque me estuviera muriendo por besarlo y decirle cuánto lo amo. Le conté todo a Adriel, mi mejor amigo de Francia y mi tatuador personal. Él siempre supo de mi enamoramiento por Kiral, y cuando le mencioné la idea de Esmeray para hacerlo recapacitar, aceptó de inmediato. Y funcionó, porque ahora Kiral y yo estábamos juntos. —¿En qué piensas? —su voz ronca me sacó de mis pensamientos. Las yemas de sus dedos dibujaban líneas suaves sobre mi hombro desnudo. Levanté la cabeza y apoyé mi mentón en su pecho. —En todo lo que ha pasado —susurré. Kiral suspiró y me besó la frente. —Aún no puedo creer que por fin te tenga en mis brazos. Fui un jodido imbécil al alejarme de ti, sabiendo que eres mi mundo. Mi corazón se agitó dentro de mi pecho. Cada vez que me decía esas cosas, los latidos erráticos me traicionaban. Acaricié su mejilla con ternura y lo miré fijamente. —Te amo, Kiral. Te amo más que a mi propia vida. Sus ojos brillaron y una sonrisa suave se formó en sus labios. Besó la palma de mi mano con devoción. —Te amo, Raquel. Te amo tanto… Quemaría el cielo por ti. Quemaría el jodido planeta por ti. Lo besé con desesperación. Quería que sintiera todo lo que mi alma gritaba por él. Que supiera cómo mi piel ardía con su roce, cómo mi cuerpo le pertenecía en todos los malditos sentidos. —¡ESMERAY! —grité, corriendo detrás de mi amiga. La jodida loca quería ir a golpear a unas humanas que se estaban burlando de ella. —¡DÉJAME! —se giró con furia. Su rostro estaba rojo de rabia y frustración. Sabía que el embarazo la tenía más sensible, pero esto ya era demasiado. —Cariño, tranquila, por favor. Recuerda a los bebés —hablé con suavidad, tomándola del brazo y acariciándolo con las yemas de mis dedos, sabiendo que eso la calmaba. —Pero… ¡se estaban burlando de mí! —hizo un puchero, y sus ojos se llenaron de lágrimas. —Lo sé, pero solo son unas estúpidas. Están celosas de ti. —Estoy gorda, Raquel… y fea. ¿Por qué estarían celosas de alguien como yo? —No digas tonterías, Esmeray. Estás radiante, y el embarazo te ha hecho ver más hermosa que nunca. Ella sorbió por la nariz y asintió, tratando de controlarse. La abracé y seguimos caminando por el centro comercial. Hoy teníamos que encontrar un regalo para Luz, ya que mañana era su cumpleaños. Después de recorrer todo el centro comercial —porque Esmeray también me hizo entrar a todas las tiendas de bebés— terminamos comprando más cosas de las que planeábamos. Nos sentamos en unas bancas de madera afuera del centro comercial. Esmeray comía su helado de chocolate, mientras yo bebía de mi botella de agua. Una camioneta negra se detuvo frente a nosotras. De ella bajó Sebastián, su compañero. En cuanto lo vio, Esmeray corrió hacia él y se lanzó a sus brazos. Sebastián la recibió con una sonrisa llena de amor y adoración. —Bebé, estás toda manchada —le dijo con ternura, limpiando los rastros de chocolate en sus labios con el pulgar. —Cariño, ¿tú crees que estoy gorda? Puse los ojos en blanco. —Bebé, siempre vas a ser la mujer más hermosa —le respondió Sebastián, besándola en la frente. Ver cómo Sebastián la calmaba con solo unas palabras me hizo sonreír. Me despedí de ellos y regresé a la casa de la manada. Mi celular comenzó a sonar dentro del bolso. Miré la pantalla: Kiral. —Hola. —Nena, ¿ya terminaste con mi hermana? —Sí, ahora estoy subiendo a mi coche para irme a casa. ¿Por qué? ¿Pasó algo? —Bueno… El silencio de la línea me puso nerviosa. —¿Qué sucede? Por favor, no me asustes. —Mis padres han vuelto. Y… no están muy contentos. Mi corazón dio un vuelco. —¿Les contaste lo nuestro? ¿Me odian? No soportaría que me rechazaran. Luna Amanda y Alpha Volka siempre me trataron con amor. Sería devastador. —Solo vente pronto. Dicho eso, colgó. Respiré hondo y tomé el camino más largo. Estaba retrasando el momento de enfrentar a mis suegros. Kiral llamó tres veces más, pero ignoré las llamadas. "Vamos, Raquel. Sé valiente." Conecté mi teléfono al auto y puse una canción en español para distraerme. "Tu ta’ buscando que te enamore, si te gusta tengo los sabores..." Canté a todo pulmón, olvidando todo por un momento. El ritmo latino me hacía sentir en casa. Cuando llegué, aún seguía cantando con los ojos cerrados, completamente perdida en la música. —¡RAQUEL! Pegué un brinco y grité del susto. Kiral tenía medio cuerpo dentro del auto, mirándome divertido. Miré alrededor y casi me dio un infarto. Luna Amanda y Alpha Volka estaban en la entrada, observándome con una mezcla de sorpresa y diversión. Luz, por otro lado, se reía sin parar mientras grababa con su celular. —Por favor, no digas nada —murmuré, avergonzada. Kiral soltó una carcajada. —Tranquila, nena. Todos amamos tu pequeño concierto. Bajé del auto y caminé detrás de él hasta donde estaban sus padres. —Luna Amanda, Alpha Volka —incliné la cabeza en señal de respeto. Pero apenas terminé de hablar, Volka dio dos pasos largos y me envolvió en un abrazo fuerte, aplastándome contra su pecho. —Hija, te extrañé tanto… Mis ojos se llenaron de lágrimas al escucharlo. —Yo también lo extrañé, Alpha —susurré contra su pecho. —No me llames Alpha —gruñó con ternura, soltándome solo lo suficiente para verme a los ojos—. Eres parte de esta familia. Siempre lo has sido. Un sollozo escapó de mi garganta y volví a abrazarlo con fuerza. —Gracias… gracias por no odiarme. —¿Odiarte? —Amanda intervino con una sonrisa cálida—. Mi cielo, hemos esperado este momento durante años. Las lágrimas finalmente escaparon de mis ojos. Amanda me abrazó con suavidad. —Solo queremos saber una cosa, Raquel —dijo Volka, mirándome con seriedad—. ¿Eres feliz con mi hijo? Miré a Kiral. —Sí, Alpha. Con toda mi alma. Volka sonrió satisfecho. —Entonces, no hay nada más que hablar. Bienvenida a casa, hija. Me limpié las lágrimas y sonreí con picardía. ─por cierto, felicidades abuelos, me imagino la felicidad que debe de ser para ustedes ser abuelos.─ sonreí mientras me alejaba de tito Volka ─¿abuelos? ¿ustedes…? ─ tita Amanda me miro confundida, con Kiral nos dimos una miradaVaya acabo de meter la pata hasta el fondo. ─Quiero que llames a tu hermana, la quiero aquí y al jodido de Sebastián igual.─ gruño tito Volka logrando hacer que nos estremeciéramos ante su furia. Sus ojos dorados brillaron con intensidad, podía ver como el lobo de Volka luchaba por salir.Si acabo de meter la pata. 🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺 pd: la canción se llama pégate de anacri les amo.
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