Capítulo 13

1191 Words
Los gritos de Tito Volka resonaban en toda la manada. Estaba furioso, no por el hecho de ser abuelo, sino porque le habían ocultado algo tan importante. —¡Ya les dije que pensaba contarles pronto! —Esmeray masajeó el puente de su nariz, claramente agotada. —¿Y eso cuándo se suponía que sería? ¿Cuando los niños hayan nacido? ¡Por la Diosa, eres una irresponsable! —bramó Volka, paseándose de un lado a otro como un lobo al acecho. —Papá, cálmate. No es algo del otro mundo… —intentó razonar mi amiga. —¿¡Que me calme!? Joder... Esto sí es importante. Amanda, habla con tu hija. Tita Amanda miró primero a Volka y luego a Esmeray. Se acarició la barbilla, pensativa, antes de cruzarse de brazos y caminar directamente hacia su hija. Se detuvo frente a ella, observándola con atención antes de tomar su rostro entre sus manos y acariciar sus mejillas con los pulgares. —Me duele que no hayas tenido la confianza de hablar conmigo —susurró con un dejo de tristeza—. Perdí tanto tiempo lejos de ustedes… y no quiero seguir perdiéndome momentos tan especiales para ti y tu familia. Te amo, Esmeray. Me haces la abuela más feliz del mundo, y quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti. El labio de Esmeray comenzó a temblar y, sin pensarlo dos veces, se lanzó a los brazos de su madre. Amanda la sostuvo con fuerza, aferrándola contra su pecho. Lágrimas rodaban por el rostro de ambas. —No quería molestarte, mamá. No quería que interrumpieran su viaje por mí… Sé cuánto han necesitado recuperar ese tiempo juntos. —Tú siempre serás más importante, cariño. Tú y tu hermano —intervino Amanda, besando su frente. Volka, que hasta ese momento se mantenía rígido, respiró hondo y se acercó a ellas. Sin decir nada, las envolvió en un fuerte abrazo, como si quisiera asegurarse de que ninguna se iría otra vez. Observé la escena con el corazón latiéndome fuerte en el pecho. Sabía cuánto habían sufrido por la ausencia de Amanda y cuánto habían anhelado volver a ser una familia. Sin pensarlo mucho, empujé suavemente a Kiral, quien apretaba mi mano con fuerza. Me miró, y con una leve inclinación de cabeza le di mi aprobación. Él soltó mi mano y caminó hasta su familia, uniéndose al abrazo sin dudarlo. Ese abrazo que tanto necesitaban. Porque habían perdido demasiado tiempo. Porque Amanda había estado fuera de este mundo cuando su familia más la necesitaba. Porque ahora, más que nunca, debían aferrarse los unos a los otros. Después de tantas emociones, Esmeray se marchó con Sebastián, mientras que Tita Amanda y Tito Volka decidieron ir a la ciudad. Tita estaba radiante, llena de emoción por ser abuela. En cambio, Tito Volka… bueno, él aún no lograba asimilarlo. Lo conocía lo suficiente como para saber que nunca aceptaría que su "pequeña princesa" se había convertido en una mujer. Para él, Esmeray siempre sería la niña que corría por la casa haciendo travesuras. Sonreí ante ese pensamiento, pero mi sonrisa se desvaneció cuando sentí dos brazos envolviendo mi cintura por la espalda. Su pecho se pegó a mi espalda y un beso casto fue depositado en mi cuello. —Te ves tan sexy cuando estás tan pensativa —susurró Kiral en mi oído, logrando que mi piel se erizara. —Tú me encuentras sexy hasta recién levantada —repliqué con una pequeña sonrisa. Él soltó una ronca carcajada. —Si pudieras verte a través de mis ojos, te darías cuenta de que eres perfecta, hermosa y jodidamente sexy. Mordió el lóbulo de mi oreja, enviando una corriente de calor por mi cuerpo. —Ahora que tus padres han vuelto, ¿qué haremos? —pregunté, tratando de no sucumbir a su cercanía—. ¿Viviremos en la misma casa? —No —negó con tranquilidad—. Mis padres vivirán en la casa que mi padre construyó después de que mamá regresara. Solo nosotros dos viviremos aquí… Bueno, nosotros dos y Luz, claro. Como beta de la manada, necesita estar cerca. Asentí. La idea de compartir mi vida con él, solo nosotros dos, me llenaba de una emoción indescriptible. —¿Cuándo me marcarás? La pregunta salió de mis labios antes de poder detenerme. Kiral dejó de besar mi cuello y me giró suavemente hasta que nuestras miradas se encontraron. —¿Quieres que te marque? Observé su rostro, ese rostro perfecto que tanto amaba. Llevé mis manos a sus mejillas y acaricié su piel con mis pulgares, grabándome cada uno de sus detalles: sus pecas, sus gruesos y rojizos labios, ese mechón rebelde que siempre caía sobre su frente. Sus ojos brillaban con intensidad. Asentí. —Eso significaría que estarías atada a mí de por vida —murmuró, su voz ronca y llena de emoción. —Es lo que más deseo, porque siempre seré tuya… En esta vida y en las que vengan. No le di tiempo de responder. Junté nuestros labios en un beso intenso, cargado de amor, deseo y promesas silenciosas. Porque amaba a este hombre. Lo amé desde la primera vez que vi sus ojos. Desde la primera vez que vi su lobo, con sus ojos dorados resplandecientes. Desde la primera vez que lo vi sonreír. Él era todo para mí. —No sabes cuánto deseo esto —susurró contra mis labios. Volví a besarlo, perdida en él. Sus manos se aferraron a mis muslos y, en un movimiento ágil, me levantó. Enredé mis piernas en su cintura mientras caminaba conmigo por el pasillo, sin dejar de besarme. Empujó la primera puerta que encontró, su despacho, y con un golpe seco la cerró con el pie. Me sentó sobre su escritorio y deslizó sus manos hasta el dobladillo de mi camiseta. Levanté los brazos, permitiéndole quitármela. Sus ojos recorrieron mi torso con un brillo hambriento, y sentí un escalofrío recorrerme cuando sus manos grandes amasaron mis pechos. Solté un leve gemido, sintiendo la humedad entre mis piernas crecer. Kiral olfateó el aire y gruñó con satisfacción. —Me encanta tu olor cuando estás excitada, nena… Me pone jodidamente duro. Tomó mi mano y la guió hasta su erección. Apreté ligeramente, deleitándome con el sonido de su gemido ronco. En segundos, ambos estábamos desnudos. Abrí más las piernas, invitándolo a reclamarme como suyo. Él no dudó. Con un movimiento firme, me tomó de los muslos, me acercó más al borde del escritorio y se hundió en mí de una sola embestida. —Ah, joder… —gemí, arqueándome contra él. Kiral cubrió mis labios con los suyos mientras me embestía con fuerza. El sonido de nuestros cuerpos chocando, de nuestra piel enrojecida por el deseo, llenaba la habitación. Sus labios recorrieron mi cuello y entonces lo sentí. El leve pinchazo. El ardor que rápidamente se convirtió en placer. El lazo formándose entre nosotros. Kiral retiró sus colmillos y pasó la lengua por la herida, mientras se corría dentro de mí. Juntamos nuestras frentes, con la respiración entrecortada. Ahora podía sentirlo completamente. Porque ahora, éramos uno. Porque ahora, era suya para la eternidad.
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