Capítulo 14

1275 Words
Raquel Todo estaba saliendo perfecto. Mi vida con Kiral no podía ser mejor. Estos últimos meses habían sido los más felices de mi vida. Ya habían pasado cinco meses desde que regresé de París, desde que Kiral me confesó la verdad, desde que me marcó. Hoy era un día especial: Kiral me presentaría oficialmente ante toda la manada como su pareja y su Luna. Aunque ya me habían aceptado como parte de ellos, esto lo haría oficial. Tita Amanda y Tito Volka estaban exultantes, emocionados hasta el punto de que Tita apenas podía contener sus lágrimas de felicidad. Pero yo estaba hecha un manojo de nervios. —¿Estás lista? —preguntó Esmeray entrando a mi habitación. Mi amiga se veía radiante. El embarazo le sentaba de maravilla. Su vestido azul de seda caía sobre su abultado vientre con delicadeza, resaltando la suavidad de su piel. Su cabello recogido dejaba a la vista su rostro sereno, aunque esos ojos brillaban con la emoción del momento. Intenté sonreír, pero la ansiedad me tenía atrapada. —Sí… solo que un poquito nerviosa. Esmeray sonrió con dulzura. —Tranquila, ellos ya te quieren. Todos te quieren, y si alguno dice lo contrario, lo mato. Reí y la abracé. —Tu instinto asesino me hace sentir mejor. —No es asesino, es maternal —bufó, pero luego se separó un poco—. Aunque cariño, me estás aplastando los bebés. Solté una carcajada, alejándome de inmediato. —¿Un poco sentimental dices? Esmeray, anoche me llamaste llorando porque pensaste que Kiral ya no te quería. —¡Pero es que es cierto! —se quejó, llevándose una mano al vientre—. Ya no me ama. —Por favor… solo se olvidó de abrazarte antes de salir. —¡Exacto! ¿Ves? ¡Lo admites! —cruzó los brazos con indignación—. No lo defiendas, sé que es tu pareja, pero soy tu amiga. Tienes que estar de mi lado. Rodé los ojos ante su dramatismo. —Está bien, está bien. Pobre de Kiral si se te ocurre vengarte. —¡Oh, lo haré! ¡Voy a hacerlo dormir en el sofá por una semana! En ese momento, Luz irrumpió en la habitación con cara de fastidio. —¿Van a quedarse aquí todo el día? —bufó—. Kiral está a punto de volverse loco, por favor baja antes de que tenga que matarlo. Suspiré y tomé la mano de Esmeray. —Vamos antes de que Luz cometa un homicidio. Laura se nos unió en el camino. Había regresado hace poco de su manada, pero aún no nos decía quién era su compañera. Al parecer, la mujer en cuestión no quería estar con ella, pero tampoco la rechazaba por completo. Egoísta, sí, porque la tenía atrapada en un limbo sin salida. Al llegar a la parte baja de las escaleras, vi a Kiral. Estaba junto a Marcos, pero sus nervios eran evidentes. Kiral Mis piernas no dejaban de moverse. —Vas a hacer un agujero en el suelo —comentó Marcos, apoyado contra la pared con un vaso en la mano. —Estoy nervioso, deja de joder. —Pues deja de actuar como un cachorro que se orinó en la alfombra. —¿Cómo demonios puedes estar tan tranquilo? —gruñí. —Porque esto me tranquiliza —levantó su vaso. Los tacones resonando en el pasillo nos hicieron girar. Mi tía Susy apareció con un vestido rosa pálido. —¿Van a tardar mucho? —preguntó—. Adentro, la gente se está poniendo inquieta. Todos quieren conocer a su Luna. —Luz fue a buscarla, solo un poco más de paciencia —respondió Marcos. Pero en ese momento lo sentí. Mi piel se erizó. Mi lobo se agitó. Su olor me envolvió por completo. Raquel venía en camino. Y cuando mis ojos la encontraron, se me fue el aliento. Joder. Se veía jodidamente hermosa. El vestido rojo fuego se ajustaba a cada curva, resaltando su piel como un pecado andante. Los hombros desnudos, las finas tiras del vestido, el cabello recogido con mechones sueltos rozando su rostro… y sus labios, pintados del mismo rojo intenso, como una provocación. —Estás… estás… —balbuceé como un idiota—. Estás hermosa. Ella bajó las escaleras como si flotara. Una diosa. Una reina. Y yo… yo solo podía mirarla, idiotizado. Cuando se detuvo frente a mí, me dedicó una sonrisa felina y posó sus manos sobre mi pecho. —Tú también te ves increíble. —Se inclinó un poco hacia mí, sus labios rozando mi oído—. No sabes las ganas que tengo de follarte con ese traje. Mierda. Su olor cambió. Su excitación me envolvió. Y mi polla reaccionó al instante. —Dejen de follarse con la mirada —soltó Marcos con una carcajada—. Vámonos, que después pueden partirse por la mitad. Raquel se sonrojó, pero no dejó de mirarme con esa chispa traviesa en sus ojos. Esmeray nos alcanzó y besó la frente de Raquel antes de susurrarle: —Todo saldrá bien, cariño. Luego se giró hacia mí con una mirada fría. —Y tú… jódete. Y se marchó. —¿Todavía está molesta porque no la abracé ayer? —le pregunté a Raquel. —Sí, pero tranquilo, se le pasará. Sonreí y le ofrecí mi brazo. —¿Lista? Ella enderezó los hombros y lo tomó con firmeza. —Lista. Cuando las puertas del gran salón se abrieron, el silencio se hizo presente. Todas las miradas cayeron en Raquel. Ella se tensó un poco, apretando mi brazo. Yo le di un leve apretón en respuesta. Con pasos seguros, la guié hasta el escenario. Desde ahí, vi los rostros de mi familia. Mi madre estaba llorando con una sonrisa, y mi padre tenía esa expresión de orgullo que reservaba para momentos como este. Tomé aire y hablé con voz firme: —Hoy es un día especial. Hoy quiero presentarles a una de las personas más importantes de mi vida. Todos la conocen. Ha sido parte de nuestra familia por años. Ella es mi compañera. Su Luna. Raquel Black Wilson. Un estruendoso aplauso llenó el salón. Raquel se relajó. Mi miedo de que ella cambiara de opinión y se fuera desapareció. Ella estaba aquí. A mi lado. Para quedarse. Bajamos del escenario y la manada nos rodeó con felicitaciones. Nos dirigimos hacia nuestra mesa, donde nos esperaba la familia. —Diosa, estoy tan feliz —susurró mi madre abrazando a Raquel con fuerza—. Pensé que nunca vería este momento. —Gracias, Tita —respondió ella conmovida. Mi padre se acercó y me dio una palmada en el hombro. —Estoy orgulloso de ti, hijo. Y tú, cielo —dijo mirando a Raquel—, sé que serás una excelente Luna. Nos dejó solos, llevándose a mamá, quien sollozaba de felicidad. Desde que volvió del mundo de los espíritus, mamá ha estado más sensible, sobre todo cuando se trata de Esmeray o de mí. A veces la escucho llorar por las cosas que se perdió, por los años que estuvo lejos de nosotros. Papá siempre la consuela, pero sé que vive con ese peso en el alma. Aun así, jamás se ha arrepentido de lo que hizo. Si no hubiera dado su vida por todos, yo no estaría aquí. Y sé que eso es algo con lo que ella jamás habría podido vivir. Cuando volví mi atención a Raquel, ella me miraba con una sonrisa traviesa. —¿Recuerdas lo que te susurré antes? Mi lobo gruñó con deseo. —Diosa, no me provoques… Pero en el fondo, moría por dejarme provocar.
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