Cuando le dije la verdad a Grace, pensé en lo que podría suceder después, quizá su rostro decepcionado, me lastimo. Pero un pensamiento llego a mi después de buscarla por tantas horas, yo perdí a mi familia siendo apenas una niña, ella... A pesar de tener un padre, nunca tuvo una relación así... Quizás tenías tres hermanas recién conocidas, como yo con Kilian...
Quizá, en mi cabeza, el decirle sentí una satisfacción, podíamos tenernos una a la otra, podríamos formar aquella familia que a ambas nos falto en algún momento...
Después de todo, las personas indicadas curan y no había nada que necesitáramos más.
Katherine M:
En algunas ocasiones, crees que el desastre es perfecto. A veces te enamoras de ello.
Por un par de segundos enfoqué su rostro, enfoqué su mirada que parecía estar más preocupado por lo que podría pasar en un futuro, quizá era arrepentimiento el que se encontraba en sus ojos verdes, quizá nerviosismo por lo que se fumaba su tercer cigarro en la última hora. Quizá era demasiado que procesar, o quizá simplemente… No había mucho que querer procesar.
Sonreí de lado, más como una mueca, para caminar en su dirección, dejando caer mi cuerpo a su lado de modo dramático, quedando recostada. El apago su cigarro, para recostarse junto a mí. El cansancio invadía su rostro un poco bronceado después de buscar durante todo el día a Grace, no habíamos tenido noticias de ella desde que bajo del auto y corrió a toda velocidad, esperando no ser vista.
Podía seguir insistiendo, mirando a sus ojos diciendo que no era su culpa que ella se intentará alejar de todos. Al final del día había sido yo quien le dijo que éramos familia.
Vaya familia de locos seguramente pensó. Me llegó a pasar por la cabeza.
No éramos del tipo de familia perfecta, quizá lo que menos quisiera ella es ser parte de nosotros. La buscamos por horas, horas largas, sin embargo, no tuvimos noticias de ella.
—¿Crees que se encuentre bien? —, cuestionó por lo bajo, me gire a mirarlo notando su ligera mueca—, Grace, ¿Crees que este bien?
—Sí, sí. Ella se ha cuidado sola por años—, le tranquilice, para mirar el techo después—, Quizá fue una noticia difícil de procesar.
—No podré perdonarme que le hice eso—, me confesó tallando su rostro—, No podré perdonarme si algo le sucede.
—La encontraremos—, prometí. Esperando que también lo terminará por creer yo—, Uriel dijo que mandaría mensajes, es el modo más rápido. Los bandos no son tan malos—, bromeo a lo que él sonríe más en una mueca—, es un chiste.
—Cuando los bandos comenzaron, parecía la mejor idea del mundo—, me confesó—, Ahora no sabes cuánto me arrepiento.
—Quizá es bueno. Quizá ella seguiría con su plan, pero pueden defenderse—, me encogí de hombros—, Las cosas suceden por algo.
—¿En realidad quieres creer eso? —, cuestionó. Caminando por otro cigarro—, ¿Qué nosotros estamos dentro de una historia que tiene todo previsto?
—Deberías de tener moderación con esto—, Me levante de la cama para quitarle el cigarro de las manos—, Has fumado demasiado hoy.
—No quiero que le suceda nada—, se sentó en la orilla de la cama, soltando un suspiro pesado—, No quiero que ella termine lastimada.
—Lo estaba antes de que tu llegaras a su vida—, le señalé.
—Le empeoré la vida.
—Quizá si te disculpas con ella te sientas mejor—, le sugerí encendiendo el cigarro que le quite—, Al final del día, ella cree en el perdón.
—Se esta convirtiendo en una buena persona—, me dio la razón. A lo que asentí—, Se que ustedes serán todo lo que a ella le falto alguna vez.
—Espero que sí. A ambas nos falto lo mismo, creo que es lo que hace que tenga tanta empatía con ella—, confesé dejando salir el humo de mis labios—, Creo que somos ambas probabilidades.
—Creo que son idénticas—, me dijo encogiendo los hombros—, Ambas intentan hacer lo que todos necesitan. Lo que ustedes creen que es necesario para hacer felices a los demás.
—¿De que hablas?
—He mirado como son ambas, sólo que ella intenta no demostrarlo, con su sarcasmo—, toma el cigarro de mis dedos para darle una fumada—, Tu, tienes tu propio método. El mismo que prometiste dejar.
Jale las mangas de mi suéter ante su comentario a lo que el me abrazo por los hombros, recargué mi cabeza en su hombro para después mirar hacia arriba.
—Estoy en ello.
—Lo sé. Ambas necesitan a una persona que las apoye—, se encogió de hombros—, Ustedes son lo que necesitan. Una a la otra.
No dije nada, pero lo había pensado en más de una ocasión, quizá nuestras historias tenían ligeros toques de similitud, pero pocos.
Contaba historias constantes sobre lo que él deseaba, yo las escuchaba y prometía que algún día podríamos encontrar un modo de alcanzar los deseos que esperábamos cumplir. Me equivoqué.
Deseaba tener historias lo suficientemente buenas para poder contarlas, esperaba poder llegar lejos y que los cierres no nos dejaran en una vereda de algo desconocido. Esperaba no tener que esperar tocar la puerta, esperaba que la puerta ya no fuera abierta, porque esto de intentar era absurdo, el buscar que nada entrará, cuando el daño, el peligro estaba en la misma habitación. No podía seguir huyendo toda la vida.
Dolía, pero saldrías adelante.
Después notaba como lo mejor que tenías se escapaba de entre tus dedos, la vida que deseaste no fue lo suficientemente buena, ¿Lo notaste? Las grietas se abrieron lo suficiente para dejar pasar a los demonios, las grietas abrieron el corazón y dieron paso a aquellos recuerdos que comenzaron a abrumar la vida.
No lo viste venir... Solo comenzaste a sentir y eso es peor.
—Crees, ¿Qué si me disculpe algo cambie? —, preguntó tomando su cerveza de el mueble cerca de su cama—¿Qué mejore algo?
—No lo sé, creo que sí.
—Es que… Siento que el daño hecho nunca se va, ¿No es así? —, le dio un sorbo a su cerveza, para después soltar un suspiro—, Siempre sentiré culpa por arruinarla.
—No lo creo.
No lo sabía en claridad. Las personas no me gustaban lo suficiente, no era lo suficientemente capaz de entender lo que sucedía, lo que creía, no lo entendería, pero de igual modo no sabía si quería comprenderlo.
Ella era diferente a mí, ella no era yo.
Ella era lista, demasiado inteligente para este mundo, pero intentaba parecer ordinaria, intentaba pasar desapercibido, como si ser como ella fuera malo, como si todo lo que logró en todo este tiempo en realidad no se hubiera significado nada, ¿Ella lo pensaba así? Yo en realidad hubiera querido poder ser si quiera una parte de lo que ella se convirtió, en realidad yo no podía sentir más orgullo por alguien, que no fuera ella. Cambio, ella era todo…
Sabía que ella no podría cambiar todo lo que hizo después de ese correo, sabía que muchas cosas habían nacido después de que Gilberto envió el correo y de a poco en poco el odio comenzó a crecer dentro de ella. Como el no podía cambiar el hecho de lo que el envío.
Y aquella culpa que sentía Grace, la cupla que tenía constantemente por el daño que causo era la misma que sentía de cerca Gilberto, porque ambas cosas iban de la mano, porque la acción de uno, derivo la del otro.
—Las acciones que hacemos no nos definen por completo, pero muestran una parte como somos—, me encogí de hombros—, Sentirás culpa, porque sabes que hiciste daño.
—Esto es una mierda.
—Lo es. Fuiste malo con ella.
Más no podía decir que era mala persona. No podía entender con claridad quiénes de nosotros en realidad lo éramos, solo nos aferrábamos a lo poco que conocíamos porque era más sencillo.
—¿Aún te gusta Saith? —preguntó. Le miré confundida—, Yo sé que aún le gustas a él.
—El destino está marcado Gilberto—, solté con una mueca—, ¿Qué más da lo que sienta? Aquí no hay nada romántico, solo hay desastres tras otro.
—No podría competir con él. Ustedes parecen dos gotas de agua—, mencionó mirando hacia abajo—, Perfectas para encajar, quizá deberías de tenerle más fe al destino.
—El destino es un cabrón.
No miré en su dirección, simplemente enfoqué adelante, mirando una fotografía de nosotros dos, un par de días después de haber ido al karaoke, yo me dejé impresionar por ambos de modo violento, había dejado que ambos me impresionaran, todo lo que mis ojos vieran, lo necesitaba y ahí estaba para mí.
La primera vez que me rompió el corazón—quizás de modo accidental—, me di cuenta que no pasar los mejores momentos podían curarme. No sabía si era una mala vida, o quizá ¿Sólo era un mal día? No lo sabía... Pero, me aferraba a lo primero que miraba con vida, a la primera persona que con una acción en realidad me demostrará un poco de cariño.
La mano de Gilberto tomó la mía, para después tomar mi rostro entre sus dedos, miró mis labios... Mientras que su rostro se acercaba un poco a mí. Cerré los ojos girando mi rostro al frente de nuevo. Temía besarle. Temía lastimarme nuevamente por buscar desesperadamente un poco de amor...
Me recosté a su lado, el hizo lo mismo quedando nuestras cabezas a la misma altura, pero diferente lado.
—Me hubiera gustado abrir los ojos antes—, confesó. Cerró sus ojos, yo miré su techo, esperando no adentrarme demasiado a lo que dijera—, Haberme dado cuenta, que pudimos llegar lejos.
No quería mencionarlo. Las palabras se quedaron atorada a en mi garganta, Julieta. Si en realidad quien había llamado su atención desde el día uno, quizá esperaba encontrar algo de ella en mí, tal como lo hizo con Gisela.
—Lamento haber leído eso—, confesé sacando la foto arrugada de mi ropa—, La recibí, la leí...
Tomó aquella fotografía, desdoblándola y leyendo con lentitud lo que se encontraba plasmado, creía que él debía saber cómo lo encontré.
—Por eso te fui a ver, quería que fueras tu quien confesara ello—, suspiré. Gire mi cabeza en su dirección para sonreír levemente—, Quizá, solo esperaba poder entender lo que sucedía...
El no dijo nada sobre la fotografía, la arrugó entre su mano para soltar un pequeño y casi inaudible insulto entre dientes. Podía entender si se molestaba conmigo, habíamos jurado que no prestaríamos atención a los anónimos que recibiéramos, pero yo lo hice...
—¿Estas decepcionada de mí?
—Creo, que una parte de mi siempre vio las señales, pero quiso evitarles—, me encogí de hombros soltando el aire de mis pulmones—, Siempre supe a donde íbamos.
Pero nunca quise estar sola.
—¿Sabes que se? Que nunca seré lo suficiente para ti como lo será él—, me dijo arrugando la foto tirándola al suelo—, Seré siempre una opción, simplemente.
—No, no quiero nada. Con ninguno de los dos—, le aclaré—, Quiero que esto terminé, porque de seguir detrás de todo, solo me causo daño.
—Sí, claro…Saliste toda la noche—menciona con tono neutro pasando su mirada hacía el techo, la pintura blanca se encontraba un poco desgastada y pedazos de ella por caerse—¿Buscabas algo?
—Has hecho esto muchas veces, ¿No es así? —pregunte mirando también hacía aquel techo—Encontrar respuestas a través de mí.
—Mande a Grace a hacer el desastre, ahora veo como ella se trozo en pedazos por ello—, sus manos sacan el cabello de su cara para después soltar un suspiro pesado—Era solo una niña cuando le envenené el corazón.
—Hablé con ella de eso, tenía catorce cuando recibió tu mensaje—admití con una ligera mueca—Insegura del cariño que le faltaba.
—Creo que tengo que ir a disculparme con ella, no hubiera sucedido si no hubiera mandado el mensaje…
—Ella no es mala persona—espete mirando a sus ojos verdosos—Ella se cree un monstruo por todas aquellas acciones que tuvo—, aparte la mirada de sus ojos para regresar a aquella pared desgastada—Quizá si tengas que hablar con ella.
—Pero, ¿Si me odia? Cuando se enteré que fui yol…
—La subestimas—le dije con tono bajo—Ya lo sabe, no es tonta. Sabe que eres tú y no hizo nada por delatarte—recordé cuando ella me dijo que uno de las cinco eras causantes de lo que le había sucedido a Drey—Tampoco delato a tu hermano, ni usa esa información en tu contra.
—¿Cómo lo sabes? —pregunto con las cejas levemente fruncidas, para después levantarse, sentándose en el borde de la cama, tomé su misma acción y le di una sonrisa de lado—¿Cómo sabes que ella no usará eso para su favor?
—Tiene buen corazón. Es una Morgan—, le dije mirando hacía la ventana—Ella fue demasiado fuerte a pesar de todo lo que ha sucedido con ella.
Se acerco a mí, poniendo su mano en mi mejilla, intentó acercarse sin embargo retrocedí apenas noté como miro mis labios, me levante de la cama para caminar con pasos pequeños en dirección de la ventana, el clima de afuera era un poco frío y el cielo se notaba ligeramente nublado, podía admitir que lo que miraba era un poco caótico, pase mis manos en dirección de mi cabello para después hacer una mueca.
—¿Sucede algo? —pregunta con una mueca pequeña—Morgan, ¿Por qué no me dejas acercarme a ti?
Le miré por un par de segundos, pensando, ¿Por qué lo hacía? Me había dado cuenta que apenas teníamos una pequeña cercanía mis pasos terminaban por querer alejarse de él, no podía entender que era lo que me hacía sentirme así, pero sucedía. Quizás, la confianza que tenía hacía él se había desvanecido, quizás… Las cosas no volverían a ser iguales a partir de ahora.
G R A C E:
No podía parar de pensar en tantas cosas que transitaban por mi cabeza de forma en la cual lo hacían, escuché un par de pasos a mi cercanía, me había quedado en una cafetería, sin embargo, solo quería pensar, no sabía si quedarme era una opción buena, pero no parecía serlo, ¿Quedarme para qué? ¿Para ver como todos a mi alrededor tienen a alguien? ¿Para ver como soy la única persona que se quedó sola?
Eran las 9 de la noche, después de estar en aquel mirador por tanto tiempo, leyendo los expedientes de Paulina y Claudia decidí ir a comer algo, necesitaba alimentos, necesitaba tranquilizar mi cabeza.
Necesitaba saber, si quería quedarme o irme…
—¿Grace? —, el timbre de su voz era reconocible para mí, levante la mirada encontrándome a él—, Dios… Estas bien.
Le di una leve sonrisa, para después apartar la mirada. No me había comunicado con nadie, simplemente me había deslizado entre todo lo que sucedía, escape de todos, Logan me encontró, más no sabía sí el había dicho mi paradero, puesto que las llamadas y mensajes jamás cesaron.
—Hola Gael—, salude bajamente, para después contener la respiración.
Debía de mantener la calma, debía de sentir que todo estaría bien, para convencerme y no demostrar que seguía asustada, como una niña pequeña.
—Es un poco tarde, ¿Qué haces aquí sola? —, pregunta, notaba que intentaba ser cauteloso. Quería demostrarle que estaría bien.
—Uhm, tarde, sí. Yo tenía un poco de hambre—, mentí señalando las galletas que se encontraban a un costado de mi café—, Es solo eso.
—Es… Ansiedad, ¿No es así? —, cuestiono sentándose frente a mí, frunciendo ambas cejas—, Comes por ansiedad. ¿Me equivoco?
No, no podía estar más en lo cierto. Era demasiado complicado mantenerme en una emoción, en no demostrar que me sentía aterrada, quería un churro de hierva y olvidar mis problemas, era lo único que quería. Pero era más complicado, cuando los que la vendían eran los cinco chicos que estaban intentando proteger a esta familia. Así que hacía lo que intentaba en casa, comía dulces, chicles y tomaba a veces bebidas energéticas, aumentando un poco la sensación. A veces eso sucedía.
Intentaba salir de mis pensamientos constantemente y ese era un modo en el cuál podía hacerlo. Había tomado esos pequeños actos de niña, pequeños actos que no pude cambiar cuando papá no me prestaba atención.
Un par de días se volvieron la mayor parte de la semana, a terminar siendo los siete días, completos. Todos los días, todas las semanas… Todos los meses.
—No. Es hambre—repetí. Escondiendo mi rostro detrás de la taza de café—, Solo es hambre.
—Me parece ser otra cosa—, menciono bajando la taza mostrando mi rostro—, Has estado llorando—, señalo, seguro de lo que decía. Parecía que estaba examinando cada uno de mis movimientos que tenía, así lo sentí—, ¿Por qué lloras? ¿Qué sucede Grace?
—Para—, mencioné mirando hacía otro lugar—, ¿Qué es lo que haces?
—Un cuestionario, hasta el momento estas por reprobar—, sonríe de lado—, Tss. La primera F de Grace Hastings.
—Es un horror, ¿Hay algo que pueda hacer para no reprobar este cuestionario tan importante? —, alargue irónica obteniendo una sonrisa por parte de él—, Deja de examinar mis movimientos.
—No, creo que podré hacerlo por un par de minutos más—, menciona dejando su mandíbula sobre sus manos—, Prosigue hablando, eres todo un enigma.
—Lo que digas—, alargué intentando no mostrar que me había hecho sentir algo—, Todo lo que digas.
—¿Cuántos años tienes? —, me cuestiona logrando que la saliva se me atorará, logrando que comenzará a toser como loca.
Me levante girándome, intentando ocultar mi rostro rojo, mentirosa, era una mentirosa que estaba por cumplir 18.
—Tengo, 17—, mencioné rápidamente esperando no ser escuchada por completo—, Luces tu más chico que los demás, un poco.
El sonrió de lado para asentir, analizando mi rostro—, Si, será porque lo soy—, se ríe—, Un poco más chico. Recién cumplí veintidós.
—¿Y cómo es que llegaste a un bando? —, pregunté, quería evadir la primera pregunta que él hizo—, Luces tierno. Del tipo de chicos que esperan un beso bajo la lluvia.
Inmediatamente quise golpear mi rostro. Error decirlo, quería evitar la primera pregunta, mencionando lo que él me había contado, it’s serious? Duh.
Una sonrisa socarrona salió de sus labios, mientras que intentaba ocultar la satisfacción en aquella sonrisa, de verdad era una idiota.
—Es decir, aún eras menor de edad, ¿No es así? —, pregunté a lo que el asintió—, Vaya…
Se enderezó para después mirar hacía a un lado, después regreso a mí.
—Tenemos otra cosa en común—, me guiña. Para después aclarar su garganta, acomodando su chaqueta entre sus manos—, ¿Quieres ir a cenar? Se que seguirás comiendo, y conozco unos tacos que venden a unas cuadras que son deliciosos.
Miré en dirección de las galletas que estaban frente a mí, había estado aquí un par de horas, estaba cansada de comer galletas, el sabor era rico, pero me asqueo después de un rato. Le miré para después asentir. En realidad, era la idea más buena que había escuchado el día de hoy. Pedí la cuenta, pagué y ambos nos levantamos de aquella mesa para terminar saliendo del local
—Así que… Escuché que querías regresar a casa—, me dice apenas salimos de ahí—, ¿Por algo en especial?
La sonrisa que se había formado en mis labios apenas comenzamos a hablar disminuyo un poco hasta terminar en una ligera mueca con el son de sus palabras, aparte la mirada, presionando mis manos, dejando que mis uñas se enterraran en mis palmas, no quería pensar en ello, pero terminaba haciéndolo. Su brazo paso por encima de mi hombro, para terminar por atraerme a él en un poco, comenzando a caminar, se detuvo para abrazarme. Me sorprendí, no mentiré al decir que no, porque lo hice. Sentí como su perfume inundo las fosas nasales regresándome aquel bar. A aquellos momentos, mi corazón se acelero y quise golpearme por dejar que sucediera, recuerdo que después de dejar de verle prometí no sentirme así. Se que no era yo un problema, pero no podía parar de preguntarme que hubiera sido, si yo hubiera sido diferente, si las cosas no fueran con este matiz, si hubiera hecho algo diferente.
—Grace, se como te sientes—, prometió. Parecía que con su abrazo quisiera protegerme. Su mano comenzó a jugar con mi cabello, terminando por recargarse en mi—, Y sé que…
—No tienes que contarme si no quieres—, le dije mirando sus ojos—, No tienes que hacerlo…
—Sabes, nunca he hablado esto con nadie—, me confiesa—, Yo pude salvarla, a mi novia. Se que pude, sin embargo, la bala ya había entrado en su cuerpo cuando llegué, quede en shock, solo me quede ahí, no pude hacer nada.
—No fue tu culpa—, mencioné en voz baja, sabía que no, cuando comencé a investigar las cosas lo supe, los detalles de la muerte, absolutamente todo—Seguro ella lo sabía… ella seguro sabía que no fue tu culpa.
—Se que sí—, admite mirando mis ojos, para después tomar una bocanada de aire—, Me costó demasiado tiempo darme cuenta, viví con odio y rencor, asesine a quien la daño—, sus manos tomaron mi rostro obligando que le mirará—, No dejes que la culpa te consuma a ti. Eras solo una niña que fue inundada en odio, pero saliste de ello. Cambiaste, no eres mala persona.
—Todos dicen eso—sonreí levemente—Sin embargo, cuando todo terminó tenía dieciséis, podía…
—Quizás debas repetirlo hasta que te lo creas—, me dice mirando mis ojos, me termine perdiendo en los suyos, castaños con pestañas largas y un par de cejas pobladas—Todos merecemos una segunda oportunidad, ¿No es así?
Asentí, recordaba cuando Kyara fue a visitarme a prisión—una de tantas veces—mencionando eso, me dejo contarle la historia, después de visitar varias veces a un psicólogo el me hizo entender que solo buscaba un poco de atención “no eres mala persona, solo eras una niña que necesitaba amor”, Kyara creía en mí, más que los demás, más que mis padres, más que nadie en el mundo, ella me dijo, que podíamos ser una familia, si así lo quería yo.
—¿Conoces lo que sucedió con mi madre? —, pregunté frunciendo las cejas—, Aquellos que no pueden recordar el pasado…
—Están condenados a repetirlo—, me sigue a lo que asentí—, Deja de creer que eso te definirá.
—Lo hizo hasta hace un tiempo atrás, no conocía la historia de Paulina, lo hice—, le recordé a lo que el me dio abrazó nuevamente—, Temo ser como ella.
—No lo eres. Eres esta persona, no la sarcástica, no la grosera y no la que finge desdén con las cosas que le importan—, me informa, para después suspirar—, Eres quien finge desinterés, pero se preocupa por las personas que no conoce.
—No lo hago. Yo no soy así como piensas—, le dije a lo que el soltó una leve risa—, ¿Qué?
—Volaste de California a Nueva Jersey, porque encontraste algo. Porque creías que podías remediarlo—, me señala—, Por ti entramos a esa casa sin ser vistos, evitamos las cámaras, cuidaste a Juls.
—Eso lo haría cualquier persona.
—No, eso lo haría una buena persona, pones excusas para no mostrar que en realidad eres así—, me dice—, Deberías ser real.
—Soy real—, solté bajamente para mí soltándome de su agarré.
Ambos caminamos hacía el auto, con pasos lentos, miré hacía la cafetería, el llegó mas no ordeno nada. Simplemente llegó directamente conmigo.
—Gael—, le llamé—, ¿Por qué estás aquí? —, pregunté curiosa, mirando sus ojos directamente, en realidad no lo había pensado en el mismo minuto—, Llegaste a la cafetería, pero no ordenaste nada…
El sonrió ligeramente sacando las llaves de su chaqueta, su sonrisa aumento demostrándome la diversión que le causaba.
—Supongo que es una ventaja de ser parte de los cinco—, me espeta mientras me abre la puerta de su auto—Yo quería hablar contigo.
—¿Tú me estabas buscando? —pregunte sorprendida, subiendo a su auto, a lo que él me dio una sonrisa de lado antes de cerrar la puerta de su auto, lo termino por rodear hasta subir y mirarme con una leve sonrisa—¿Por qué me buscabas?
—Escuche que querías regresar y que la estabas pasando mal—, confiesa encendiendo el auto—No es fácil lo que has vivido y no creo que sea lo mejor que lo pases sola.
—Suele ser así como lo hago siempre—bromeo, sin embargo, era real. Miré hacía el frente notando como el cielo era grisáceo y el frío comenzaba a llegar un poco.
—Lo sé, pero nadie debería hacerlo.
Le di una leve sonrisa para terminar mirando hacia el frente, sentí como si en realidad se preocupara por mí, eso en realidad sucedía, ellos me escuchaban y hacían lo posible por hacerme sentir cómoda, una parte de mi comenzaba a creer que era yo quien hacía mirar las cosas como si fueran difíciles, ellos se portaban bastante bien conmigo.
—Grace—, me llama a lo que le miro—Una acción no te va a definir eternamente. Todos aquí hemos cometido errores que le han costado la vida a los demás, intentamos mejorar.
—¿Crees que debería quedarme?
Él se detuvo en uno de los semáforos, miré su rostro y le di una leve sonrisa, el asintió para pasar su mano por mi cabello, su sonrisa nació nuevamente, recordaba todo esto y de un modo creía… Que de nuevo habría encontrado el lugar adecuado.
—Creo que deberías de darle una oportunidad, darnos una oportunidad—, aclara—, No somos todo el tiempo los cinco malos.
Mire sin pensar sus labios, una parte de mi se sentía bastante protegida, como si estuviera recibiendo el cariño que nadie me dio, parecía sincera la forma en cómo me hablaba y como me hacía sentir.
Miré a sus labios, por un par de segundos, para después mirar a sus ojos que miraban atentamente mis movimientos, sentí mis mejillas arder en vergüenza, seguro me vio husmeando en sus labios, me dio una sonrisa divertida para después dejar un beso en mi frente.
—Vamos por esos tacos.
¿Qué mierda me pasaba?
—¿Te quedarás? —, me pregunta a lo que le mire—, Te prometo que no somos tan malos como dicen.
—Si, de malos no tienen nada—me reí a lo que él me dio una mirada divertida—Ninguno de ustedes.
—Somos malísimos—, me codea sin apartar la mirada del frente—Te prometo que si te quedas te llevarías demasiadas sorpresas.
—Espero que no—, interrumpí con una ligera sonrisa—, Ya han sido demasiadas las que hemos pasado, así estoy bien.
—Quizá entonces podamos ser malos y te protegeremos.
—¡Claro! ¡Necesito protección! —, espete parpadeando con coquetería, juntando mis manos—, En este pequeño pueblo de Nueva Jersey, protección de los cinco chicos.
—Sí, nos encantaría proteger a la visitante de California—, se burla entre una sonrisa—, En realidad, sí deberías quedarte. Escuché por ahí que no hay nada bueno en california.
—Hay un rico café.
—Se hacer café, manejo un restaurante con los gemelos.
—Me quedaré, pero necesito un favor tuyo.
El asiente, por lo cual me remuevo en el asiento un poco para terminar acercándome a él quedando junto a su rostro, susurrando un par de palabras que hicieron que sus ojos se abrieran levemente a par, mirando directamente hacía mí.
—¿Estás hablando en serio?
Mire hacía el para asentir en un movimiento ligero—¿Puedes hacerlo?
—Lo haremos.